Terrorismo a la sombra del Populismo

La Teoría Política nos deja grandes enseñanzas a partir de observar los comportamientos de quienes temporalmente detentan el poder en cualquier parte del mundo. Para la historia contemporánea el venezolano Nicolás Maduro es el personaje perfecto que nos permite teorizar sobre todo aquello que no debe hacer un Jefe de Estado, menos uno que asumió el poder circunstancialmente luego de la muerte de Hugo Chávez, verdadero creador del movimiento autodenominado “bolivariano” que a la postre adoptaría ese adjetivo la República de Venezuela. 

Nicolás Maduro, fue poco a poco trazando su destino, lamentablemente a ese fatídico destino arrastró consigo también a todo un país. La ciencia política nos dice con absoluta claridad que al poder no se arriba sólo y que hay dos momentos que deben ser perfectamente diferenciados, la llegada al poder y el mantenerse en el poder. Para ambos momentos se tejen alianzas, algunas, no todas, son más duraderas que otras, en el caso de Venezuela, el extinto Hugo Chávez contaba con el respaldo de una buena parte del ejército, entender que la milicia fue crucial para su llegada, es básico por supuesto, pero el mantenerse hasta la muerte resultó fundamental su perfil militar. 

En el caso de Nicolás Maduro, él ya no contaba con ese activo de su antecesor, pues su condición de civil en automático le eliminaba ese apoyo, pero, entonces ¿que alianzas le permitieron a Maduro mantenerse hasta hoy en el poder?. 

La respuesta es simple pero compleja a la vez, primero, la élite militar venezolana con Chávez en el poder se convirtió en la casta más próspera, no los soldados de a pie, sino generales de división condecorados y ascendidos durante el chavismo, privilegios que Maduro respetó y acrecentó. 

Al ser la clase empresarial tradicional venezolana, un enemigo natural de las izquierdas populistas, Maduro instituyó una nueva clase empresarial, conformada por “gerentes” de empresas estatales (incluidos familiares, amigos cercanos y uno que otro capo), entre ellas las petroleras, afines al régimen generandose nuevos multimillonarios venezolanos, cuyas fortunas fueron a parar a paraísos fiscales en todo el mundo. Otra de sus grandes alianzas, fue con potencias extranjeras que al menos en el discurso resultan antagónicas al “imperialismo yanqui”, la Ruisa de Putin por ejemplo, se convirtió en unos de los mayores socios comerciales sobre todo en temas de armas, pero también en la Caracas actual podemos ver el incremento de poblaciones poco comunes en migración como población proveniente de oriente medio, muchos de ellos viculados con el “Partido de Dios”, es decir el mismísimo Hezbolá con presencia también en naciones como Siria y Líbano. Si a esta alianza le sumamos la presencia de franquicias de los cárteles de la droga como el mexicano Sinaloa, tenemos un “coktel molotov”. 

Los pactos de Maduro por supuesto que necesariamente tenían que llamar la atención del gobierno de Estados Unidos, estuviera o no Donald Trump en la Presidencia. Imagínese Usted amable lector, un hombre de pocas luces como Maduro que llega al poder de modo circunstancial, pero que está rodeado de impresentables que los mueve una insaciable ambición y que han convertido en Venzuela en un paraíso latinoamericano para el terrorismo en practicamente todas sus expresiones. 

Luego entonces, Nicolás Maduro es sólo la punta de un iceberg internacional que tiene presencia en Venezuela, no es ninguna bravuconería enviar al caribe el mayor protaviones que tiene la potencia militar más importante del mundo, no es ninguna casualidad tampoco que a Maduro se le ofrezca una salida con vida de Caracas con rumbo a Estambul, la inminente intervención en su tierra y lo que ahí se va a encontrar nos permitirá dimensionar el tamaño del problema, durante la guerra fría a los soviéticos con presencia en el todo el mundo les movía una ideología, hoy, al narco terrorismo financiero que ha crecido a escalas inimaginables, ya no les mueve ni les es atractivo un co-gobierno, quieren ser ellos el gobierno, por eso, salvo su mejor opinión estimado lector, no es Nicolás Maduro el problema, él es sólo una pequeña pieza del rompecabezas, lo que hay en Venezuela no es una amenaza populista barata, es la amenaza que creció a la sombra de ese populismo de cuarta. 

Excelente inicio de semana. 

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