Tomasa

Crecí entre las calles de Arista y Tomasa Estévez. No porque viviera ahí, sino porque mi primera educación la recibí en el Sagrado Corazón, que está en esas calles. Sobre Mariano Arista, nos hablaban en las clases de Historia. Nadie nos contó sobre Tomasa Estévez, y, en honor a la verdad, tampoco es que hubiéramos preguntado mucho que digamos. Al menos yo no lo hice. Mea culpa. Quizá tenga que ver en algo el hecho de que cuando pensábamos en Patria, pensábamos en héroes, y los héroes, son hombres. Ahora entiendo un poco mejor las cosas (aunque a veces pienso que cada vez entiendo menos) y he comprendido que en gran parte el sesgo de conocimiento histórico hacia lo femenino, se debe a la construcción de aprendizaje, dominado usualmente por lo masculino. Ciertamente decir “heroínas que nos dieron patria” suena más largo, pero es igual de correcto. 

Hoy estaba paseando por Tomasa Estévez, a sabiendas, después de muchos años, que la construcción heróica femenina es mucho más compleja que la masculina, porque algunos actos realizados por ellas se tildan de ofensivos, o impúdicos, o simplemente subversivos nada más por el hecho de ser realizados por una mujer. Tomemos el ejemplo de la mujer que dio nombre a la calle en cuestión. Tomasa Estévez nació en 1788, en Guanajuato. Casó, muy joven, como muchas mujeres de su época. Además, Tomasa era guapa, lista. Le llegaron a decir “la Friné mexicana”. Un partidazo. Su marido simpatizaba con la causa independentista y ello le llevó a la muerte. Así, joven, quedó sola, pero con la convicción de que la lucha por la libertad del país debía ser prioritaria. Como suele ocurrir en muchos casos, las mujeres pasaban en muchos ambientes desapercibidas. Al momento de servir la comida, lavar la ropa, nadie se fijaba en las mujeres que realizaban estas tareas. Por tanto, Tomasa comenzó a recopilar información entre los realistas que luego pasaba al bando independentista. Hay versiones incluso que afirman que Estévez llegó a seducir soldados para obtener información o para convencerlos de pasarse al bando contrario. Por un tiempo funcionó, hasta que, en agosto de 1814, Iturbide, en un comunicado al Virrey, dio  cuenta de que se fusilaron a tres reos aprendidos en Valtierra y se averiguó que un agente, mujer, había sido la principal encargada de la deserción de varios soldados y de alimentar la información de los realistas. Para el 9 de agosto de ese mismo año, Iturbide reportó que la mujer, que respondía al nombre de Tomasa Estévez, había sido fusilada en Salamanca. Como ejemplo para otras mujeres, su cabeza fue colgada en la plaza principal. 

Hidalgo, Allende, Morelos… todos ellos realizaron, sin dudarlo, grandes servicios a la patria. Construyeron las bases de este México que ahora gozamos pero que también padecemos. Sin embargo, hay huecos importantes, porque ellos no lo hicieron solos. Hubo a la par mueres que estuvieron procurando información, curando enfermos, abasteciendo de provisiones, alimentando tropas, ideando estrategias, luchando cuerpo a cuerpo. Tanto en la Independencia como en la Revolución, existen deudas con las mujeres como Tomasa Estévez, cuyo papel queda difuminado o estigmatizado. 

Ahora que estamos a nada de iniciar el mes patrio, bien vale la pena preguntar por qué no hay más calles con nombres de mujer, por qué hay menos letras doradas en los muros, menos placas en los edificios. Se los aseguro, no es porque las mujeres no hayan contribuido a la historia de este país: es porque tenemos deudas que aún no hemos pagado.