Tradición y cambio en las formas de hacer política

Vivimos un momento histórico en el que la principal atención social se centra en la enfermedad epidémica que abarca nuestro planeta: el coronavirus SARS-COV2.

En la actualidad, nos desarrollamos socialmente en un marco del pensamiento preponderantemente relativo para conocer, representar y expresar la realidad; marco donde, sin embargo, esta enfermedad epidémica se instaura como un fenómeno de condiciones planetarias. Esto es, el coronavirus no distingue zonas geográficas, clases sociales, credos religiosos, ideologías políticas, prácticas artísticas, culturales, etcétera, etcétera. El coronavirus nos ha atrapado planetariamente como ningún otro fenómeno en mucho tiempo; quizá desde la Segunda Guerra Mundial.  En esta consideración, nos es dado decir que a la población de este planeta nos toca vivir inmersos en las dimensiones de este fenómeno que trasciende todos los ámbitos, incluyendo a la política y las políticas. Sea pues.

Sabiendo lo anterior y sin el afán de restar importancia a este fenómeno de salud social, nos proponemos llamar su atención sobre otras perspectivas de abordar algunos fenómenos a nivel local, tan significativamente importantes que bien merecen el esfuerzo de hacerlos tema del pensar acerca de ello. Digamos que este afán tiene el propósito superior de alcanzar la objetividad necesaria que influya en el devenir de nuestra sociedad potosina porque el coronavirus no es eterno y la vida ha de continuar. 

Particularmente, nos referimos a las formas en las que los políticos compiten por el poder político en nuestro estado y en nuestros municipios; en el contexto del proceso nacional que abarca casi a la mitad de las entidades estatales de nuestro país.

La referencia de fondo sobre esta reflexión es la tradición en las formas de hacer política en México con su sistema representativo y, preponderantemente, de partidos políticos desde la década de los setentas del siglo pasado.

En este marco, observamos que los actores políticos seguían un programa de acciones estructuradas por su identificación con un ideario político-ideológico; donde ubicamos tres tendencias ideológicas principales, identificadas a grosso modo, de la siguiente manera: el partido hegemónico priista de centro-izquierda (en relación a ubicar el papel preponderante del Estado en el desarrollo nacional), el partido social y formalmente opositor panista que aglutina fuerzas sociales conservadoras provenientes de clases sociales empoderadas y, una tercera propuesta que se integra por corrientes de izquierda que representan movimientos rurales, de clases sociales obrero-campesinas y urbano marginales con una propuesta que va del socialismo de estado al comunismo como alternativa político-gubernamental.

Con el surgimiento de partidos como el verde ecologista y del trabajo, entre otros, la oferta política se amplía y las alianzas para obtener posiciones políticas modifican las formas o rituales para desarrollar acciones tendientes a obtener la preferencia electoral.

Consideramos que un factor que influye en la modificación de las formas, es el manejo de los tiempos entre los procesos internos de los partidos para elegir candidatos y las contiendas para competir por los votos; tiempos que se acortan, se hacen formalmente breves, arribando a un momento en el que nos encontramos con mayor oferta política y menor tiempo para ubicar las características de las ofertas; de tal modo ocurre que las formas para estructurar idearios políticos que sustenten las acciones dejan su lugar a las imágenes-símbolo en la era del homo videns  (Sartori; Taurus, 1998).

De este modo, entramos con el nuevo siglo y la alternancia del poder al periodo donde las formas tradicionales de acciones sustentadas en idearios ceden lugar a las formas visuales sustentadas en imágenes; de los ideólogos a la mercadotecnia; de los políticos de viejo cuño a los políticos con registro de imagen, políticos de perfil televisivo.

En este escenario descrito, ubicamos la actual contienda por el poder político en nuestro estado y observamos que las ofertas políticas son de personas con un alto grado de exposición social, más que de idearios políticos, de productos visuales en oposición a idearios.

Bajo esta perspectiva, nos explicarnos cómo una candidata de franca trayectoria priista abandera “la causa” (identifíquese como el otrora ideario político) del partido que les arrebató el poder y, del mismo modo que ella, haciendo equipo para la competencia electoral, un alcalde que, bajo el modismo de la prerrogativa de permiso temporal, pasa de representar al panismo desde donde fue electo a la causa del partido que ideológicamente es adversario.

Coincide en los casos de estos candidatos su extraordinaria exposición en medios, lo cual consideramos, los convierte -al entrar en el proceso de la contienda política- en productos políticos para el consumo de voluntades de los votantes. Toda vez que han dejado de representar las ideas que sustentaban sus acciones hasta el momento que se asumen como representantes de otras causas, de otras ofertas. 

Más allá del juicio simple y sin sustento de calificar las decisiones de estos actores políticos como buenas o malas, la posición que aquí se sigue es la de estructurar una lógica que explique el proceso político que nos toca vivir en nuestra entidad.

Proponemos una perspectiva desde la filosofía, donde no se plantean soluciones, sino la problematización de la realidad en el interés de explicar estas realidades conforme a sus causas o, dicho de otra forma, conforme a los elementos que las producen.

Más que respuestas, la perspectiva filosófica nos plantea preguntas como, por ejemplo; si lo que aquí se plantea es válido: 

¿En relación a qué, a los electores, nos es posible decidir qué candidatos representan nuestros intereses? (Bueno, en el supuesto de que los electores sabemos cuáles son nuestros intereses – permítaseme la ironía).

Si los candidatos -sean los aquí referidos o, cualesquier otro, en tanto que lo que aquí se plantea no es un juicio sobre las personas sino sobre sus acciones políticas - pasan de representar un ideario político a otro ideario político (idearios que, incluso, se exponen como oposiciones y se acusan a través de sus actores de traicionar los intereses de la sociedad por la que dicen luchar), ¿Cómo nos es posible saber y creer que serán congruentes al voto que nos piden? ¿Por qué debemos creer que esta vez sí?...

Decía Don Jesús Reyes Heroles (1921-1985) que, en política, la forma es fondo.

Tenemos la certeza de que el cambio es la condición inmutable del acontecer y que, en consecuencia, que las formas de la política cambien es normal, por lo cual no nos debe ser extraño. 

El tema que nos ocupa es llamar la atención sobre la necesidad de desarrollar modelos de pensamiento o paradigmas que nos permitan entender, comprender, esta nueva realidad política que se nos manifiesta sin pedirnos autorización pero que, nos requiere decisiones mínimas, como elegir.

Como dicen coloquialmente en mi pueblo: usted, ¿de qué quiere?, “tenemos de chile, de dulce o de manteca”...

joseramonuhm@hotmail.com