La oposición de derecha en nuestro país sigue sin articular una postura política atractiva para la mayoría de la sociedad mexicana, capaz de ser avizorada como alternativa viable a la eventual continuación de la Cuarta Transformación en 2024. De allí que, la mezcla de fuerzas económicas y políticas que se han acomodado en ese polo no tengan empacho en aprovechar cualquier cambio que se promueva desde la izquierda, para cuestionarlo pervirtiendo su esencia. Tal cosa sucede con la denominada “reforma electoral”, donde esa oposición derechista concentra, ahora, su peculiar “defensa” del organismo electoral, el INE, dizque advirtiendo que se trata de acabar con esa institución para perder (ellos), más fácilmente, el proceso comicial presidencial que viene.
Pareciera una cura en salud muy anticipada de la oposición de derecha que, se insiste, nomás no se ve por dónde pueda competir con éxito en los próximos comicios presidenciales. Ya se ha comentado que cuentan con cada vez más personajes de medio pelo pero con una base social disminuida sensiblemente, a diferencia del partido gobernante, Morena, donde se va decantando cada vez más la baraja de propuestas y, en cambio, la base social crece. De allí que, tampoco tengan reparo en apostar a la muy remota posibilidad de ruptura de alguno de los aspirantes que se mencionan por parte de la izquierda partidista. Pero entrados en gastos, le apuestan a lo que se mueva. Es el caso, decíamos, de la denominada reforma electoral que, por supuesto, reducen al presunto riesgo de la desaparición del INE y, por eso, ya se preparan para marchar en su “defensa”, saliendo a las calles que hace mucho dejaron de caminar, políticamente hablando.
La última vez que pudieron, los prianistas impulsaron una reforma cosmética del organismo electoral y se aplicaron en cambiar las siglas de IFE a INE, despojando al organismo electoral de una cierta buena fama que se percibía en las antiguas siglas. El nuevo INE concentró más poder y se volvió expresión de arrogancia política por parte de algunos de sus consejeros. Eso sí, las dietas de los altos funcionarios del organismo electoral se volvieron por demás ofensivas y amagaron con dejar de cumplir con sus obligaciones (de organizar consultas populares, por ejemplo), si el gobierno federal no les daba el recurso financiero desmedido que pedían. La percepción generalizada es que se trata de un organismo caro y derrochador que, de ninguna manera, menguaría su función con un presupuesto más austero y razonable.
Pero sucede que la hebra siempre se revienta por lo más delgado y resulta que el propio INE ocultó una encuesta, encargada por el propio organismo electoral, donde poco más del 50 por ciento de ciudadanos encuestados estaría de acuerdo con transformar al organismo electoral, además de ver con simpatía que los consejeros electorales sean elegidos mediante voto popular. En suma, más que una reforma que pretenda desaparecer el organismo electoral, se trata de una transformación del organismo en una entidad distinta, fortaleciendo la democracia pero a un costo menos oneroso, además de impulsar una ,mayor participación ciudadana. Pero la oposición de derecha anda a merced de los moros con tranchete que ve Claudio X. González, el empresario promotor que quisiera regresar el tiempo a la época en que concebían al poder del Estado como “el poder de disponer de la economía”… en favor de los privados, como observara don Pablo González Casanova en su momento. La separación de la política y la economía no era un mero recurso propagandístico, pues. Sobre esta transformación electoral propuesta seguiremos.