UMAN o UNAM

¿Unidades Mixtas de Atención al Narcomenudeo

o Universidad Nacional Autónoma de México?

Hace algunos años escribía en este mismo espacio sobre el tema de la inseguridad en la Universidades Públicas en México, que no podían seguir coexistiendo como islas sin contagio de la crisis delictiva. Inclusive presenté un anteproyecto a mi Universidad Autónoma de San Luis Potosí referente al tema de -Escuelas y Facultades Seguras-, mismo que nunca fue ni siquiera entendido en su totalidad.

El asunto es que hoy por hoy, tanto personal académico, administrativo y sobre todo estudiantil tiene que tener claro que su hábitat educativo debe ser seguro. Las Universidades y Tecnológico privados lo saben desde hace tiempo, se han encargado de su seguridad intramuros y extramuros en las áreas de estacionamientos y de los campos deportivos, así como generar toda una cultura de autoprotección entre sus estudiantes y profesores con tecnología de vigilancia por cámaras de circuito cerrado, controles de entradas y salidas, etc., y sin que afecten la libertad deambulatoria en los Campus.

Señalar el problema de la inseguridad en las Universidades Públicas fríamente, como de venta y consumo de drogas, es quedarse muy corto. El problema de su inseguridad tiene una gama atractiva de conductas delictivas y no delictivas, que van desde robo con y sin violencia, robo de vehículos, amenazas, acoso sexual, violación, prostitución, extorsión, secuestro, tráfico de armas, lesiones, homicidios, (culposos), suicidios, consumo de alcohol, discapacidad, discriminación (por raza, genero, religión, orientación sexual o etnia), cyberbulling, narcoviolencia, deserciones, accidentes como caídas, electrocutados, intoxicados, destrucciones, daños en propiedad, vandalismo, etc.

La Universidades no son ajenas a aquellas viejas teorías del desorden social y de incivilidad, que los norteamericanos han estudiado hondamente para comprender la inseguridad urbana, también se puede aplicar a los recintos universitarios. La falta de limpieza, sin controles de acceso y salida, el mantenimiento de los edificios, las luminarias, el rol que juegan personal administrativo, profesores y los propios estudiantes respecto a su “Alma Mater” con pequeñas faltas, comportamientos incívicos, camorristas y los propios actos delictivos sin registro y control, conllevan a una desorganización social de los habitantes temporales en la universidades.

Toda población que reside en un espacio donde percibe señales de desorden social, caos administrativo, más un deterioro físico de pasillos, aulas, jardines, arboles, baños, etc., exponen estas Universidades una situación generalizada de falta de control (o como dirían los chavos un desmadre), por ende existirán bajos niveles de cohesión estudiantil, de profesorado y del personal administrativo de la mano de un descuido táctico político. Campo fértil para “aquellos” que quieran invadir las Universidades para lo que quieran.

Sí a lo anterior le sumamos la falta de planes y programas de prevención del delito en las Universidades, hoy solo estarían reaccionando pesimamente al resultado del olvido de políticas proactivas. Y formulando medidas que las habrían hecho planteles educativos de nivel de preparatoria en cualquier país civilizado desde hace muchos años:

“Mantener vigilancia permanente en las inmediaciones y en los accesos a las instalaciones universitarias por elementos de seguridad pública; Extender y reforzar la iluminación en distintas zonas del campus; Ampliar el número de cámaras de seguridad en los espacios identificados como vulnerables; Instalar nuevas y modernas bases de vigilancia; Ubicar botones de emergencias en todos los puntos que sean determinados por las comisiones locales de seguridad; Reforzar controles de seguridad en accesos y salidas en las redes de las distintas entidades académicas; Controlar el ingreso a taxis sin pasaje; Mejorar la seguridad en el transporte dentro del campus; Incrementar la vigilancia y el patrullaje en las instalaciones universitarias durante la noche y continuar el combate permanente a la venta de droga dentro de las instalaciones”.

La “Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior” (ANUIES), debería iniciar un estudio serio de la problemática de inseguridad a nivel nacional de la Universidades. En los Estados Unidos la “Asociación Americana de Universidades” (AAU), llevó a cabo hace tres años en veintisiete planteles un estudio sobre violencia sexual, donde revela que una de cada cinco mujeres sufrió algún tipo de agresión sexual, y en Universidades de prestigio como Yale, Columbia y Harvard, la situación es igual. Lo alarmante de la investigación es que más de la mitad no denuncio su agresión y más de la mitad no denunciaron delitos en los que fueron testigos y para rematar, muchas incapacitadas por consumo excesivo de alcohol para poder evitar la agresión.

Con un marco jurídico nacional de actuación desde los años noventa, los Estados Unidos a través de la “Ley Jeanne Clary” o la “Ley de Seguridad del Campus” también conocida, obliga a las instituciones tanto públicas como privadas a presentar un Informe Anual de Seguridad; Llevar un registro del delito público sobre la delincuencia dentro y alrededores de sus Campus; Divulgar las estadísticas del delito para los incidentes que se producen en la escuela, en las zonas comunes y de tránsito o adyacentes; Emitir advertencias oportunas sobre los delitos de la Ley Clary que pudieran generar una amenaza grave o permanente a los estudiantes y empleados; Elaborar una respuesta de emergencia ante desastres naturales, la notificación y la política de simulacros; Recopilar y reportar datos de incendios y Promulgar políticas y procedimientos para manejar los informes de estudiantes desaparecidos.

TAPANCO: Algunos datos estimados lectores de la Fundación UNAM: “Ciudad Universitaria es Patrimonio Cultural de la Humanidad; tiene un área de 2, 620,295 m2; cuenta con 2,130 edificios; tiene 4,187 aulas; cubículos 3,860; tiene 2,773 laboratorios y 134 bibliotecas”. La matrícula a nivel nacional en el ciclo (2015-16) fue de 3.64 millones de jóvenes a pesar, que sólo tres de cada diez jóvenes de 18 a 22 años tendría oportunidad de ir a la Universidad. ¡Materia Prima hay!

Francisco.soni@uaslp.mx