Un crimen pasional y de odio

“Puras miserias, un crimen pasional”.

En clases con mis alumnos de Derecho Penal y Criminología, el tema era obligado para comentarios al respecto: El asesinato de la primera persona no binaria que ejerció como Magistrade Electoral en América Latina.

En materia penal no hay mucho que dilucidar, un homicidio doloso agravado en el interior de casa habitación y un suicidio. Un homicidio calificado por razones de alguna característica genética de la persona como: sexo o género, u orientación sexual y la misma relación entre los sujetos activo y pasivo (relación de pareja).

Pero en materia criminológica la relación victima-victimario de este homicidio y suicidio en particular es más compleja, por las características de ambos. Y para ello habría que citar dos libros: “Crimen Pasional. Contribución a una antropología de las emociones”, de Myriam Jimeno, y “Crímenes de Odio por Homofobia. Un concepto en construcción”, de Rodrigo Parrini Roses y Alejandro Brito Lemus, para referirnos y ubicarnos al tema.

Si bien, todos tenemos pasiones, pocos saben concebirlas sin excitaciones. Nacemos, vivimos y morimos por y para las pasiones, pasión “passio”, no es otra cosa que sufrimiento, que se deriva del verbo “patior”, sufrir, padecer y tolerar, mismas que se enraízan con ser pasivo, tener paciencia y paciente. 

El crimen pasional ha fascinado desde tiempos remotos a la humanidad, el morbo se exacerba cuando ocurren, la gente murmura, los “detectives” de estos delitos se apresuran a decir: la línea es que se trata de un crimen pasional, tiene todos los elementos el lugar de los hechos. ¿En serio? Pues no es tan simple. El crimen entre parejas que mantienen vínculos de amor, amistad, conveniencia, lo que usted quiera, han sido investigados siempre de forma distinta a la de un homicidio doloso e inclusive de un feminicidio. 

La emoción del crimen pasional no trasciende la esfera de lo penal ni de lo criminológico, pero sí se forma en la colectividad, como un acto de incivilidad, de pasión desenfrenada, que, si pudiera tener que ver con la violencia verbal del día a día, pero no, con alguna política pública de seguridad o de prevención.

Es un “conflicto neurótico” diría Freud desde su psicoanálisis, en donde las pasiones son el centro conductual de las personas, esas aspiraciones y reclamaciones infantiles, ahí quedan y a lo largo de la vida buscan ser saciadas. ¿Cómo? Desgraciadamente a través, en algunas ocasiones, del crimen, porque la pasión es el deseo de escudriñar el agrado, al precio que cueste, es frustración, llanamente.

TAPANCO: No obstante, en este caso en particular, se acrecientan la pasión y el odio, dicen los autores anteriormente citados: “el crimen pasional puede ser explorado como un acto de violencia en tres grandes campos socioculturales: el de las representaciones de la vida sentimental y la emoción como negación de la razón; el de los sistemas morales, las clasificaciones de género; y el de la pasión y la violencia como reductos de la incivilidad, a menudo ligada a la posición social”.     

Y luego el odio como crimen, “son aquellos que son motivados por el odio que el victimario siente hacia una o más características de la víctima, que la identifican como pertenecientes a un grupo social especifico”. En el caso del Magistrade a la comunidad LGBT+. 

Odios, que se sostienen, ante todo, en una densa trama cultural de discriminación, rechazo y desprecio.

@franciscosoni