“La virilidad de una nación se puede
apreciar por su Código de Duelo”.
Soldado del Ejército de la Republica
en relación al Código de Duelos.
En plática con alumnos de Derecho Penal surgió el tema del Duelo, ¿En México al día de hoy es posible batirse en un Duelo?, pues sí, jurídica y materialmente es posible. El Código Penal Federal vigente menciona que: comete el delito de homicidio, el que priva de la vida a otro y sí se comete en duelo, se aplicará a su autor de dos a ocho años de prisión, aunque se tomará en cuenta quién fue el provocado y quién el provocador, así como la mayor o menor importancia de la provocación.
Y pues como veo muchas propuestas disparatadas para mejorar la inseguridad y la violencia, ahí les va una.
En vez de andarse matando sin ton ni son, unos Duelos. A la vieja usanza, retomar las costumbres del siglo XIX, es de suponer que para algunos es más una cuestión de caballeros elegantes, o como una tesis de la SCJN que describe al duelo: “y dada su pretendida hidalguía es imperativo observar los preceptos del honor, que regulan ese tipo de lances”. Duelistas en todos lados donde haya diferencias irreconciliables en las que la razón, el dialogo y la inteligencia hayan mermado sus capacidades de entendimiento y donde el Estado de Derecho de una cuarta transformación regule los Duelos, como aquel Código Nacional Mexicano del Duelo de 1891, en mero Porfiriato.
Los que se quieran batir y matarse que se maten, una forma de pacificación del país un tanto “sui géneris”, sí se quiere, pero efectiva, cuando menos es mejor que esperar una pacificación del país por obra de la alabanza del ruego para que se porten bien ¡Por sus mamacitas! O de una advertencia temeraria, ¡Que se vaya al carajo la delincuencia, fuchi, guácala!
Hay tesis al respecto: “Aun cuando en el duelo existe un reto y aceptación del mismo para combatir, igual que como sucede en la riña, tal reto, en el duelo, se configura, de acuerdo con la recta interpretación de ésta institución, con un consenso recíproco en que, en forma previa, los contendientes conciertan el combate que se ha de llevar a efecto y en el que se busca una situación paritaria entre los protagonistas, que asegura la mayor igualdad de las condiciones objetivas en que la contienda se verifique, elementos todos éstos constitutivos del duelo…”
Pónganles reglas y a darle con singular alegría, de caballero a caballero. Y como dice el Prólogo escrito por Sóstenes Rocha del Código en mención: “Si el duelo es una enfermedad social, tiene al menos la ventaja de dejar satisfechos a los contendientes y en eso están conformes todos los sociologistas”. La Introducción del Código también es imperdible: “Se ha visto que el hombre, mientras mayor es su instrucción y más distinguido es el puesto que ocupa en la sociedad, mientras más firmes son sus nociones de dignidad y decoro, más dispuesto se le encuentra para ventilar sus querellas personales conforme al Código del Duelo. Los hombres de las bajas esferas al contrario; estos resuelven sus querellas con el puñal o con los dientes en mitad de la plazuela”.
Convirtamos a México en un país de caballeros duelistas, en vez de un pueblo cruel y sanguinario que no sabe dirimir sus diferencias distinguidamente.
TAPANCO: Tolerancia por el sarcasmo estimados lectores, pero el mes patrio me pegó. Y cada que paso por Av. Cordillera Real y Av. Sierra Leona y veo el monumento al último Duelo potosino de 1895, uno con un revólver y el otro con piedras, me pregunto, cuando se perdió el honor y la dignidad.
¡Carajo! Hasta para matarse hay que tener calaña.
Francisco.soni@uaslp.mx twitter: @franciscosoni