Un estado al servicio de su descomposición

¿Hay un Estado? Quizás la respuesta más carente de sustento de la Presidenta al dicho de Trump de que aquí gobiernan los cárteles fue esa de que aquí "hay estado". Porque el estado mexicano que tomó en sus manos López Obrador ya no es aquella organización política que gobierna sobre una población, ya que ahora buena parte de la población vive al margen del Derecho y el Estado. Ese gobierno —continúa la definición— se ejerce en un territorio, ahora tomado en buena medida por los cárteles. Y en una nación entendida como una comunidad basada en una identidad común, ahora escindida por el odio y la polarización que implantó la narrativa oficial de polarización por casi ocho niños. No confundir la existencia del estado con el ejercicio de sus potestades por un mando autocrático sin más reglas que las dictadas por la voluntad personal de quien se ha apoderado de él.

Indefensión. Sí hubo en México un estado nacional en permanente evolución y adaptación a las transformaciones internas y mundiales: un estado que el actual régimen desmantela con la misma fuerza coactiva de la antigua organización estatal, misma que es puesta al servicio de la descomposición de aquel estado nacional. Con un efecto adicional: la indefensión del país por un manejo errático del régimen de la actual crisis con la superpotencia vecina, originada en la invasión del crimen en territorios y aparatos de lo que queda del estado mexicano. Ello hizo de la inseguridad interna un producto de exportación que, de acuerdo con el gobierno de Estados Unidos, amenaza también la seguridad de ese país.

Impunidad/arbitrariedad. Pero hay otra respuesta insostenible de la Presidenta, a la hora de negarse a entregar en extradición a los personajes del régimen acusados formalmente por la justicia de Estados Unidos de una serie de delitos asociados al ejercicio del poder criminal desde el poder político. Sostuvo que aquí hay estado de derecho, no obstante que su régimen ha destruido el órgano de impartición de justicia del estado, el antiguo Poder Judicial y sus crecientes avances en profesionalismo e independencia. También ha capturado el órgano de procuración de justicia: la Fiscalía general, constitucionalmente autónoma. Vivimos, así, en la negación del estado de derecho: la fuente de la impunidad de los suyos y de la arbitrariedad contra los demás.

Sheinbaum/Meloni. Malos días para la mañanera. En Palacio y en la Cancillería seguro tienen mejor información que uno para estar en aptitud de modular el contenido y el tono de las respuestas a la reiterada, insólita narrativa derogatoria de Trump sobre el régimen mexicano y el estado emocional de la presidenta Sheinbaum. La describió como "asustada" y dijo que México es gobernado por los cárteles. Menos expuesto su país a las decisiones imprevisibles del presidente de nuestra superpotencia colindante, la premier italiana reaccionó con claridad y entereza al insulto de "rogona" que le asestó el estadounidense. Y con esto la primera ministra Meloni cosechó apoyo y respeto dentro y fuera de su país.

Atenuante. Aquí, con ligeras variantes de la línea trazada por López Obrador en el sentido de culpar de los cargos contra México a los asesores de Trump, la Presidenta le concedió al estadounidense una elusiva circunstancia atenuante de su patanería, con la negación de lo que entrañan sus palabras. Usó el supuesto de que no está bien informado de lo que ocurre en México. Claro, con ello se ganó críticas en medios, redes y tertulias. Incluso de los suyos.

(Académico de la UNAM)