Un país atípico

[Spoiler alert: No hay utopías 

en la democracia, pero funciona]

México es un país atípico. Eso ya lo sabemos, pero ahora voy a referirme a una característica política que le distingue de entre muchos países de la región: su estabilidad política. Si le ponemos cierta atención al asunto, podremos darnos cuenta que desde 1934 –con la presidencia del General Lázaro Cárdenas-, todos los periodos presidenciales han sido ininterrumpidos. Todos. Seis años completitos. No golpes de estado, no crisis constitucional, no renuncias, no juicio político, no magnicidio, no nada. Durante todo ese intervalo de tiempo, esa estabilidad es rara en casi toda la región; no la tiene ni Estados Unidos –no pierda de vista el tema la intentona de Impeachment a Donald Trump-.

Desde la historia y la ciencia política abundan textos que describen, analizan y explican las razones por la que en nuestro país hemos gozado de esa estabilidad. Si miramos a lo largo del tiempo, encontraremos que algunas de las más importantes tienen que ven con la capacidad que nos hemos dado para crear instituciones y prácticas que sean capaces de manejar el conflicto político. Los vendavales son recurrentes, pero el edificio prevalece.

Si lo pensamos un poco más, cualquiera que le preste atención a los conflictos políticos en México no dejará de asombrarse ante la capacidad del sistema para ajustarse y prevalecer. Para no irnos tan lejos, ¿te recuerda algo el año 1994?, el estallamiento del EZLN, el asesinato de Luis Donaldo Colosio -candidato presidencial del partido oficial-, el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu -quien fue Secretario General del Comité Ejecutivo Nacional del PRI y habría sido coordinador de la bancada en la Cámara de Diputados-, el error de diciembre y la crisis económica de esos años. Sostengo la idea propuesta: nuestro sistema político se ajusta por medio de la creación y modificación de instituciones y prácticas que permiten canalizar las presiones políticas sin que el sistema completo se colapse. Es nuestro sistema de autorregulación y supervivencia. Esto ya ha sido descrito ampliamente por David Easton basándose en el enorme aporte de la Teoría General de los Sistemas, del biólogo Ludwig Von Bertalanffy.

La creación de las diputaciones de partido -lo que hoy conocemos como diputados de representación proporcional-, la ciudadanización de las autoridades electorales, la creación de organismos autónomos, las reformas electorales, el rediseño del modelo de gobernanza económica y financiera en nuestro país; todo es resultado de nuestros propios problemas, que en un principio sirvieron para administrar la crisis y los conflictos, pero que hoy tienen la capacidad de dar estabilidad y certeza al sistema político mexicano en la medida en que se pueden adaptar a un contexto cambiante.

Las revoluciones armadas, los levantamientos civiles o los golpes de estado perpetrados por generales militares, están en desuso en nuestra región. Esto se mantendrá así mientras la democracia y sus instituciones, sigan funcionando como un mecanismo que permita deshacerse de malos gobernantes sin derramamiento de sangre. No es de extrañar que en décadas recientes de la historia política de México se descubra que la democracia es una vía pacífica y transitable para el cambio político necesario.

Las amenazas a la estabilidad política de un país son constantes y sus dimensiones, dinámicas. No hay que perder de vista que la estabilidad política en un país como el nuestro no puede, ni debe ser observada únicamente con la continuidad de los periodos presidenciales, sino que deben observarse también los conflictos políticos de orden interno o del ámbito local. Es por ello que debemos ver con preocupación el asedio constante a las instituciones que garantizan los derechos de las personas, a la constitucionalidad, a la libertad de prensa y ahora, a otros gobiernos o poderes del estado. Voy con las advertencias que ya han hecho Levitsky, Ziblatt -googlead “Cómo mueren las democracias”- o Andrés Malamud: es de demagogos “capturar a los árbitros –jueces y organismos de control-, comprar a los opositores y cambiar las reglas del juego”. Es de demagogos deteriorar el equilibrio de poderes, la autonomía y el control del poder público “en el nombre del pueblo”.

Lo que sostiene a la democracia no son las instituciones sino las prácticas políticas virtuosas. Las de apertura, legalidad, transparencia, exigencia, libertad y autocontención. No hay que dar por sentado que México será siempre un país estable, que el gobierno será eficaz para controlar las amenazas económicas internas y externas; y que la democracia como régimen nos va a durar para siempre. El riesgo del que hablo es el desmantelamiento de la democracia y sus instituciones a la vista de todos. Está ocurriendo en Estados Unidos, en Brasil; puede ocurrir en México. Y puede que cuando nos demos cuenta de ello, ya sea demasiado tarde.

Twitter. @marcoivanvargas