Parte IV: Prevalecer.
(parte final)
“En un país democrático, si las realidades cambian, cambia el derecho; pero también, mediante el derecho, se cambian las realidades” sentenció Jesús Reyes Heroles. Y tiene razón. La política como actividad humana tiene una enorme relevancia y trascendencia desde su propia capacidad de formar parte de la realidad y de construirla. Es a través de los acuerdos políticos como se toman decisiones que afectan a la vida de las personas, son los acuerdos políticos los que permiten establecer un acercamiento entre el futuro necesario y la realidad posible; de lo que se desprende que una evaluación crítica de la eficacia política no podría reducirse únicamente a identificar si ciertos actores o partidos tienen o no la capacidad de construir acuerdos sino, sobre todo, tienen la capacidad o no de modificar realidades.
La política engrandece a las personas en la medida en la que se conduce con virtud. Esto lo sabemos desde los clásicos griegos: la degeneración de la política conduce a la corrupción del gobierno y a la decadencia del estado. La democracia llegó como una evolución del estado y como una posibilidad de ampliar la política a un asunto de todas y de todos.
Y así como se tienen claras las diferencias entre estado, gobierno y administración, y como hemos insistido en este espacio de que hay diferencias notorias entre democracia y eficacia gubernamental, hoy México acude nuevamente a una cita con su historia. Hace unas semanas comencé a relatarle a usted algunos antecedentes que explican el cambio político en nuestro país: hablamos de las crisis políticas graves como fuente de transformación dolorosa de un país que busca prevalecer ante entornos cambiantes y complejos. Aquí hablamos también sobre la necesidad y la pertinencia de transformar al sistema democrático que sostiene a la gobernabilidad de nuestro país.
La tranquilidad pública depende, entre otros factores, de la satisfacción que puede tener la ciudadanía con el desempeño de las instituciones que le representan. Cuando hay insatisfacción y ésta crece, son los mecanismos democráticos los que permiten, en primera instancia, cambiar a un gobierno que no ha cumplido con las expectativas de la ciudadanía -voto de castigo, le llaman- pero también es la democracia la que proporciona herramientas para que la ciudadanía pueda tener una incidencia relevante y directa sobre los temas que le afectan.
Lo que se ha estado discutiendo durante las últimas semanas en materia de reforma electoral tiene que ver con la democracia, pero sólo con una parte de ésta. Se trata de un debate público amplio y muy abierto sobre algunas reglas que regulan la contienda electoral. Hay quienes interpretan esto como un proyecto político para controlar el juego democrático, otros denuncian que las reglas actuales no son equitativas y que los comportamientos de los árbitros son parciales. Más allá, otras personas que consideran que el actual modelo de organización de nuestras elecciones ha evolucionado hasta un punto financieramente insostenible.
Tenemos el modelo de organización de elecciones que el propio acuerdo entre partidos nos ha permitido. Es posible que no tengamos instituciones perfectas, decisiones políticas ampliamente consensuadas, o debates públicos abiertos y bien informados. Pero sí tenemos representación. Y es el equilibrio de las fuerzas que representan a millones de personas, lo que permite que se tomen ciertas decisiones y otras no. Es muy importante no caer en la trampa de sobresimplificar la manera en la que se ve un país. También es importante no caer en la trampa de pensar que la cantidad de personas que salen a marchar en la plaza pública es la tara que permite medir la legitimidad de las ideas políticas. Son millones de personas las que siguen viendo en nuestro sistema electoral, a una vía transitable para el cambio político. Nadie puede ni debe deslegitimar el origen democrático de las fuerzas en disputa. De esto va la democracia, de esto va la historia de un país que ha aprendido de sus propias crisis, que ha reconocido sus diferencias, que ha construido instituciones que le permiten sostenerse y prevalecer. De un país que enfrenta problemas gravísimos del ámbito interno, y que se mira rodeado de amenazas desde el exterior.
En un país resiliente como el nuestro, la democracia es una magnífica herramienta para prevalecer.
Twitter. @marcoivanvargas