No todo mundo, sin embargo, está de acuerdo en que prohibir los popotes de plástico tenga un impacto mayor en la reducción de la contaminación por plástico y aducen que el movimiento se originó en una estimación errónea, 500 millones, para el número de popotes usados diariamente en los Estados Unidos.
Mas allá del verdadero papel de los popotes en la contaminación del medio ambiente, lo que sí resulta incontrovertible es que mitigar dicha contaminación no es una tarea sencilla dado el enorme volumen de plásticos que se producen y que actualmente se estima corresponde a 380 millones de toneladas anuales. Se espera, además, que dicho volumen se duplique en los próximos veinte años.
Un problema con la contaminación ambiental por plásticos esta asociado con los largos tiempos de degradación de los mismos, tiempos que se ha buscado reducir desarrollando plásticos biodegradables. Esta solución, sin embargo, no está libre de problemas pues durante el proceso de biodegradación de los plásticos se produce metano, un potente gas de invernadero que impacta en el calentamiento global.
Ciertamente, los problemas de contaminación debidos a la creciente producción de materiales plásticos no es simple de resolver y una solución implementada puede por sí misma impactar negativamente en el medio ambiente, como lo ejemplifican los plásticos biodegradables. Y por si algo faltara, un artículo aparecido esta semana en la revista en línea PLOS ONE apunta a un aspecto de la contaminación por plásticos que no había sido considerado hasta ahora y que bien puede agravar el problema.
Dicho artículo fue publicado por un grupo de investigadores encabezados por Sarah-Jeane Roye de la University of Hawaii at Manoa, en Honolulu, Hawái, y en el mismo reportan los estudios de degradación de plásticos sujetos a condiciones ambientales. El interés de la investigación se centró en la generación de metano y etileno durante el proceso de degradación de los plásticos de desecho.
Hay que hacer notar que el etileno es un gas que reacciona con los gases de la atmósfera generando monóxido de carbono, según explican Roye y colaboradores.
Los experimentos fueron llevados a cabo tanto con muestras de plástico vírgenes como con muestras de plástico recogidas del océano.
La descomposición de plástico fue iniciada por la luz solar y en ambos tipos de muestras se observó emisión de metano y de etileno durante dicha descomposición.
No proporcionan Roye y colaboradores una estimación de la importancia relativa de las emisiones de metano y etileno a la atmósfera por la degradación del plástico de desecho. Estiman, no obstante, que el metano posiblemente no incremente de manera significativa su concentración, pues su nivel base es de entrada relativamente alto.
No sería el caso, en contraste, del etileno que tiene una baja concentración base que se incrementaría en consecuencia de manera apreciable. De este modo, como concluyen Roye y colabores, la degradación del plástico de desecho puede tener un impacto ambiental significativo a través de las emisiones de etileno, mismas que crecerán en la medida en que aumente la producción mundial de plásticos.
Con relación a lo anterior, Roye y colaboradores hacen notar que en el año 2010 se produjeron a nivel mundial 275 millones de toneladas de plástico y que de éstas de 5 millones a 13 millones de toneladas terminaron en el océano. Además, de manera alarmante, para el año 2025, el volumen de plástico de desecho que termina en los océanos pudiera incrementarse por un factor de diez si no se mejoran sus procesos de manejo.
Si bien prohibir los popotes no resolverá los problemas de contaminación ambiental por plásticos, es difícil argüir en contra. Por un lado, posiblemente no tenga mayores consecuencias que en vez de sorber un líquido por un popote utilicemos los vasos en la manera para la cual fueron originalmente diseñados.
Por otro lado, aunque la contribución de los popotes al problema global de contaminación por plásticos sea relativamente pequeña, esta no es nula y los relativos beneficios que proporcionan posiblemente no la justifiquen.
Así, el sacrificio de los popotes será simbólico pero no falto de importancia para la solución de un problema global de contaminación, resultado de producir en cantidad y calidad más allá de lo planetariamente razonable.