Una breve reflexión sobre la ley

En “El Libro de las Tierras Vírgenes”, de Rudyard Kipling podemos encontrar una amplísima referencia a la ley de la selva, que no es otra cosa que las normas que rigen entre los animales que conforman el entorno en que se desarrolla la historia de Mowgli, el niño acogido por una mandada de lobos. Aquí algunos fragmentos de esta ley:

“Esta es la ley que gobierna nuestra selva, tan antigua como el mismo cielo. Los lobos que la cumplan, medran; aquel que la infrinja, será, muerto. Como envuelve al árbol la planta trepadora, la ley a todos nos tiene envueltos; porque a la manada el lobo da fuerza, mas la manada, cierto, a él fortalece. […] Si en la selva dos manadas topan, e idéntico rastro empeñosas siguen, échate, que los jefes concilien, y así, tal vez, un acuerdo compongan. […] Refugio, para el lobo, es su guarida, su hogar es; nadie tiene derecho a entrar, por la fuerza, en él, ni jefe, ni consejo, ni toda la partida. Para cada lobo, su cubil es su refugio; si no supo, como debe ser, hacerlo, a buscar otro veráse obligado, si tal orden recibe del consejo”.

Podemos darnos cuenta del texto de referencia que nada ni nadie escapa de la ley, con esta metáfora muy clara de la enredadera, de la “planta trepadora”, que envuelve todo lo que ocurre en la selva.

Con esta referencia no pretendo el día de hoy ocuparme de cuestiones de política o cuestiones estrictamente jurídicos sino más bien me sirve de pauta para dar paso a una serie de reflexiones que he tenido en los últimos días respecto del Derecho.

Al igual que la cita de Kipling, la norma jurídica envuelve a todos en una sociedad en la cual tenemos como elementos esencial vertebrador de su existencia misma al orden necesario para dar cohesión, dinamismo y entidad al grupo humano organizado.

Allá de la década de los ochenta, un libro que se hizo particularmente popular, escrito por el penalista chileno Eduardo Novoa Monreal, fue “El Derecho como Obstáculo al Cambio Social”. En lo personal, desde aquella lejana época de estudios en la licenciatura, siempre he creído, luego de leer a Novoa, que las normas no se escriben encerrados en gabinetes en altas torres de marfil sino que deben corresponder a un reflejo de una sociedad y tener una posibilidad de mutabilidad, no necesariamente a través de su reforma sino de su adaptabilidad en el tiempo, que permita la eficiencia y dinámica necesaria.

Por eso, el conocer a la sociedad es fundamental. Kipling, llevando a la fantasía lo que conocía de lo jurídico, habla de una serie de conductas impuestas a los habitantes de la selva en aras de facilitar una convivencia pero que son el fiel reflejo de lo que debe de ser ese grupo social a dónde pretende aplicar

Hoy en día las leyes se hacen en buena medida con base en estadísticas lo cual, si bien implica un acercamiento al contexto social, me parece que resulta ser incompleto, pues solo alcanza a lo numérico y los resultados no necesariamente nos van a dar una buena luz que ilumine el camino del legislador.

Si nosotros preguntamos a un grupo social dado si quiere combatir a la corrupción, tal vez encontremos cifras abrumadoras que nos digan “sí”; por lo tanto se justificaría hacer una ley para combatirla. Sin embargo, si no se explica a la muestra el concepto de “corrupción” en torno al cual se construye la encuesta, el resultado no necesariamente será acorde con lo que se pretende. Podrá emitirse una norma a partir de un resultado estadístico que no necesariamente cumplirá la expectativa y, consecuentemente, tampoco estará legitimada.

Dicho de otra forma, es imperativo conocer a la sociedad, para que la ley cumpla con esa función organizadora y de cohesión. Para eso, no bastan solo las aproximaciones académicas para su comprensión; también es indispensable conocer lo que se conforma a través de la cultura de masas, del “mainstream”.

Por eso, se debe tener en cuenta el contexto social, plenamente conocido en todas sus variantes y con todos sus componentes para diseñar normas jurídicas, que resulten eficaces, eficientes y dinámicas.

¿Cuántos sociólogos, antropólogos, economistas, expertos en medios y filósofos trabajan para los órganos legislativos?

@jchessal