Todavía no tomaban posesión pero ya exhibían sus intenciones. Por ahí de agosto del año pasado, el ya entonces ex delegado de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, César García Coronado, mejor conocido como El Rey del Moche, convertido en esas fechas en uno de los principales operadores políticos de Ricardo Gallardo Cardona, se acercó a integrantes del Cabildo de la Capital recién electo para advertirles que fueran tomando sus providencias porque entrando el nuevo Ejecutivo estatal les iba a solicitar le entregaran el Interapas.
Poco después García Coronado causó baja estrepitosa en el equipo gallardista, ya que decía recio y quedito que él y nadie más era quien luego de sacar de la cárcel a Gallardo Cardona lo había convertido en gobernador del estado. No conocía bien la manta, porque en cuestión de días y previo generoso pago de marcha le dieron las gracias y le pidieron recogiera sus bártulos. Desde entonces no se le ha vuelto a ver por aquí.
Ese desencuentro en las recién conquistadas cumbres del gallardismo apaciguó por un tiempo el acoso al Interapas, pero ya lleva buen rato de estar de regreso y cada vez con mayor enjundia.
¿Por qué tanto interés del gobierno del estado en hacerse del control total del sistema intermunicipal de abastecimiento de agua potable, drenaje y saneamiento?
Bien a bien no lo sé, pero sobre el particular existen varias hipótesis, unas más coherentes y sólidas que otras. La más recurrente es la que apunta a que el gran atractivo del organismo operador es que una parte sustancial de sus ingresos es en efectivo. Mucha gente, sobre todo de clases populares, paga sus cuotas por consumo en cash y eso produce cotidianamente un flujo de dinero contante y sonante al que es más fácil darle de mordiscos que a transferencias, pagos electrónicos o cheques. “El efectivo no se puede rastrear”, dicen los expertos en darle puñaladas al erario.
Otra versión apunta en un sentido distinto. Según esto, Gallardo y su administración tienen claro que con unos cuantos cientos de millones de pesos se pueden resolver a fondo los problemas de abastecimiento de agua potable en esta capital y las cabeceras de Soledad de Graciano Sánchez y Cerro de San Pedro. Con algo más de inversión se puede enfrentar el que quizá sea el mayor padecimiento de nuestro sistema hídrico metropolitano: reducir al mínimo las fugas por malas condiciones de la red, que según conocedores desperdician el 50 por ciento del volumen inyectado.
Según esta teoría, en total se trata de un monto de inversión que la administración gallardista puede solventar sin mayores dificultades, máxime que sería a varios años. Adicionalmente, existe la posibilidad de conseguir algo de apoyo federal, sea directamente de recursos fiscales o de un crédito blando de Banobras.
Por supuesto que solucionar eficientemente tan irritante problema que afecta sobre todo a las clases populares, traería por fuerza una enorme rentabilidad electoral. Es decir, sería sembrar dinero para cosechar votos.
Es obvio también que si en plan generoso y de verdaderos cuates el gobierno estatal apoyara al municipal para emprender conjuntamente las obras, el eventual beneficio electoral lo estarían compartiendo, y por supuesto que eso no entra en los planes del gallardismo. Tampoco la posibilidad de tener que licitar en convocatorias públicas los diferentes trabajos.
Sea cual sea la razón real que motiva las asechanzas estatales sobre el Interapas, lo cierto es que el acoso es inclemente: presión al Congreso para que no apruebe ningún aumento significativo de tarifas; indicaciones en voz baja a los numerosos simpatizantes gallardistas de Soledad para que dejen de pagar el agua (“Para eso ganamos las elecciones”, dicen en corto los operadores), y la no cooperación económica estatal para las obras más urgentes que están pendientes.
Sobre este mismo tema de las embestidas gallardistas contra el organismo operador, recién nos llegó una nueva versión que se apoya en lo dispuesto por el artículo 14 del decreto legislativo que crea el Interapas -expedido por el Congreso del Estado el 5 de agosto de 1996 y publicado en el periódico oficial siete días más tarde-
todavía vigente.
Dice el citado artículo: “En caso de que se declare la desaparición del organismo operador intermunicipal INTERAPAS, el Congreso del Estado procederá de inmediato a entregar la responsabilidad de operar los servicios de agua potable, alcantarillado y saneamiento a la Comisión Estatal del Agua…”.
La referida desaparición en términos de ley solo puede decretarla el Congreso por causa justificada, fundada y motivada. La fragmentación del organismo -por ejemplo con su abandono por parte de los ayuntamientos de Soledad y Cerro de San Pedro- puede ser uno de los motivos para declararlo desintegrado y proceder
a desaparecerlo.
Pero, el eterno, es que llegados a un escenario así (el Congreso desapareciendo el Interapas y traspasando sus funciones al gobierno del Estado) el Ayuntamiento tiene recursos legales para defenderse, sea por sí mismo o a través de organismos ciudadanos, y entonces, como siempre ocurre, la decisión final quedaría en manos del Poder Judicial Federal, en donde últimamente no le ha ido muy bien que digamos a nuestras autoridades estatales. El último palo fue conjuntamente al Ejecutivo y al Congreso, con la anulación de las reformas legales que imponían diversas regulaciones al servicio de transporte mediante aplicaciones de internet. Sin olvidar el propinado a la SEGAM por su incumplimiento con el Plan de Manejo de Joya Honda.
LAS MARCHAS
Los participantes en la marcha del 13 de noviembre -ciudadana, de la oposición o de los conservadores, como usted quiera llamarla- repetían incansables una consigna: “El INE no se toca”; los que fueron a la del domingo 27 -oficialista, de Estado, de acarreados, etcétera- gritaban igual de infatigables: “Es un honor estar con Obrador”. ¿Qué tienen que ver la una con la otra? Yo entendería la segunda si la primera hubiera sido, por ejemplo, “Que se vaya López Obrador”. No fue el caso y eso vuelve un tanto surrealista el conjunto de acontecimientos.
Muchas, muchísimas cosas se han dicho ya sobre las multitudinarias manifestaciones, pero yo me quedo con algo que a propósito de la de hace cuatro días dijo en televisión el politólogo Gibrán Ramírez, hasta hace poco ferviente lopezobradorista: “Fue una marcha sin causa”.
Por cuanto hace a lo que en estos casos suele ser uno de los principales motivos de discusión -el tamaño-, me parece incuestionable que la cuatroteista superó con mucho a la otra, pero no es justo dejar fuera de la ecuación un elemento importante: la primera se replicó en un número importante de ciudades además de la capital de la República. Sus promotores hablaron de cincuenta y según los medios si no fue ese el número exacto estuvo cerca. En cambio, la segunda se concentró en el antiguo D.F.
El domingo 13, al concluir la marcha en esta ciudad llegaron a Fundadores unas seis mil personas (calculadas con base en las medidas de la plaza, el nivel de aglomeración y con la ocupación casi completa de Carranza en el sur de la plancha). Somos una ciudad de tamaño medio a nivel nacional, por lo que no es disparatado proponer que esos seis mil sean un promedio lo que arrojaría entre 240 y 300 mil en el conjunto de ciudades además de la antigua Tenochtitlán.
El domingo 27 marchó por Carranza, entre Tequis y Fundadores, un contingente que lanzaba porras a López Obrador. Pasaron frente al restaurante donde servidor almorzaba. No llegaban a 200.
Una interpretación muy socorrida respecto de las motivaciones reales de la marcha del lopezobradorismo es en el sentido de que se trató de “mostrar músculo”, político o electoral, da lo mismo. Tengo dudas en cuanto a si se hacía necesario y si fue productivo, sobre todo cuando aún faltan 18 meses exactos de las elecciones.
Finalmente, me parece que en todo caso esa demostración de capacidad de convocatoria está más en línea con una inquietud inexpresada pero que sin duda anida en el pensamiento estratégico de Morena y la 4T: ¿Qué tanto va a pesar el 2 de junio del 2024 la ausencia de Andrés Manuel en las boletas?
Por supuesto que Amlo será el motor más poderoso de la candidatura presidencial de Morena y aliados, pero su formidable influencia no podrá equipararse nunca a la que alcanzaría si él fuera el candidato. Si la merma producto de su ausencia en las papeletas es de un dígito bajo, no habrá mayor problema, los actuales indicadores de preferencia electoral permiten solventarlo, pero si es de dos dígitos, la cosa se pone candente.
Hay otra gran interrogante de cara al 2024 que mucho me temo no podrá resolverse hasta contabilizar el contenido de las urnas: ¿Es transferible el carisma? Pienso que no.
COMPRIMIDOS
Si el Congreso del Estado no enmienda hoy el despropósito gallardista de recortar en casi un ocho por ciento el subsidio estatal a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, las relaciones del Ejecutivo y nuestra máxima casa de estudios se van a poner muy tensas, difíciles. Con un presupuesto global de 60 mil millones de pesos, los 22 millones que le están recortando a la UASLP representan menos del 0.04 por ciento. Puedo equivocarme, y ojalá, pero la determinación de RGC parece más una provocación de mala leche, vengativa, porque las autoridades universitarias no se le arrodillan.
Un buen número de diputadas y diputados son egresados de la UASLP. Será muy interesante ver cómo votan el presupuesto, si con servilismo ante el poder o con un mínimo de solidaridad con su alma mater. Sobre todo considerando que 22 millones respecto de 60 mil son como quitarle un pelo a un gato.
Cada día se vuelve más interesante, fascinante me atrevería a decir, tratar de seguir los razonamientos de nuestro gobernador. A propósito del Plan de Manejo de la Joya Honda, declaró que “No puedes proteger algo que no es tuyo”. Para llorar. Su primera y principal obligación como gobernante es proteger las vidas de las y los potosinos, y no son suyas. Yo protejo el pedazo de camellón frente a mi casa y no es mío.
Verdaderamente digno de análisis a profundidad: comparado con la encuesta de hace tres meses de la misma empresa (publicada por El Universal) las aspirantes a la candidatura presidencial de sus respectivos partidos que más avanzaron en ese lapso tanto en conocimiento como en intención de voto fueron Beatriz Paredes, por el PRI, y Lilly Téllez, por el PAN. Son dos personalidades contrastantes, estilos diametralmente diferentes y hasta lenguajes muy distintos. ¿De qué se trata?
Hasta el próximo jueves.