Verbos en boga

Ya ni siquiera es una doble moral es más bien un cinismo.

Ayotzinapa y la verdad histórica ya a 8 años de promesas y protestas.

Matices entre los buenos y los malos.

Misma retórica, diferente redacción de la misma verdad, de la que se desprendieron más de 80 órdenes de aprehensión y como resultado solo se tiene la renuncia del Fiscal que las obtuvo ¿coincidencia, “mano negra”: qué podemos suponer, sospechar o deducir?

Mientras tanto el nuevo aspirante al totalitarismo se aqueja de sufrir presiones, recordándome el cansancio del procurador hoy tras las rejas cuando, declaró su cansancio en el caso mencionado.

¿Los mismos errores, la misma sopa con diferente cuchara?

Hemos caído aún más bajo por permitir el sueño que un candidato profesional, en su 12avo año de campaña, vendió a una parte de un pueblo ingenuo harto de mentiras, y sobajamientos. Otra parte de ese pueblo se mantuvo escéptico pero pasivo y otra parte más decidió que era buena idea seguir viviendo del erario bajo el nombre de programas sociales y otros beneficios que le salen harto barato al Estado por la cantidad de clientes y votantes que ha sumado a su causa.

A diario se escriben cientos de palabras sobre el tema y la mejor defensa que el movimiento 

-supuestamente regenerador de esta sociedad- es calificar de adversarios políticos, a mujeres violadas y violentadas, a madres con hijas e hijos desaparecidos, a la generación de niños con cáncer, a los que padecen enfermedades para cuyo tratamiento requieren el apoyo del sistema público. Y así, se adelgazan las filas de lo que antes fue “el pueblo” transformado en `adversarios adheridos a la oposición que busca derrocarlo´. Solo la voz del patriarca de ese pueblo ahora diezmado por el crimen y la delincuencia organizada es la única voz que pronuncia la verdad absoluta. ¡qué anacronismo tan absurdo!

Matar, descuartizar, desaparecer, violar, mentir, torturar y doblar son los verbos en boga a los que desafortunadamente nos hemos acostumbrado a fuerza de repetirse uno y otro día en uno y otro medio, en una y otra familia; en boca de todos siendo responsabilidad de nadie poner una solución.

Si Venezuela era el modelo al que había que temerle, parece que hemos rebasado ese límite entre las nuevas modalidades de extorsión oficial, militarismo, desaparición del INE, Suprema Corte, separación de poderes e instancias independientes del Ejecutivo. Las experiencias de algunos gobiernos sudamericanos y centroamericanos ven en México el refinamiento a sus modelos socialistas que de llamarse así, no hubieran prosperado en este México tan cerquita de los gringos y tan lejos de la verdad y la justicia de acuerdo a sus acepción en diccionarios y tratados democráticos. 

Esa palabra, “democracia” ha cambiado de significado gracias al actual inquilino de palacio nacional. Ya no se trata de incluir las opiniones representativas de una sociedad sino las de aquellos que le deben favores o de los que aún no han descubierto lo que hay detrás de tanta demagogia y dentro de una cabeza que pinta canas y teje estrategias manipuladoras para un pueblo con un porcentaje muy bajo en pensamiento crítico. Un país que demolió la reforma educativa por el temor a las evaluaciones a los profesores, en donde los alumnos a pesar de no aprobar las pruebas merecen aprobar para evitarles un trauma en la infancia. Un país en donde alentamos económicamente y desalentamos intelectualmente a través de frases engañosas como la de jóvenes construyendo el futuro. Un pueblo que busca “el doce far niente”, en lugar de los retos y las conquistas personales a base de esfuerzo e interés. Mismo que nos engrandece y nos hace más humanos.

Quizá por todo ello no destacamos en los deportes, ni en las ciencias y nuestros gobiernos están a la altura de países que nunca han tenido el desarrollo ni el potencial que tiene México – tenía- con sus recursos naturales y humanos. No somos más que un país que maquila para el extranjero, importa para alimentarse y construye refinerías para comprar gasolina a otros países. Me pregunto si esta clase de modelo económico ha resultado mejor que el anterior que de por sí ya nos tenía al borde.

Es triste tener que diario conjugar “matar, desaparecer, mentir, violar” y otros verbos más, para referirnos a la vida cotidiana con la que se destacan los diarios cada mañana en una falsa crónica de una sociedad harta de estar aplastada y engañada.