Con la novedad de que a partir de mañana, la marihuana será legal en Canadá. Yo, que tengo un buen número de amigos canadienses, estoy encantada viendo las muy diversas opiniones que el tema genera. No es, como uno podría suponer de primera intención, un debate sobre si se está a favor o en contra de tal medida, ese ya fue pasado, sino más bien un diálogo complejo sobre la implementación y la operatividad de la industria de la marihuana.
A principios de este año el gobierno federal canadiense legalizó el uso de esta hierba, dando un período para que cada provincia regulara la venta, el modo de consumo y los lugares en donde será permitido fumarla. Así, será distinto entre un lugar y otro, pero, como regla general, no se podrá comprar cannabis si no se es mayor de 18 años (en algunos lugares 19), estará permitido cultivar en casa sus propias plantas (salvo Quebec y Manitoba) y se podrá cargar hasta treinta gramos para consumo. Comprarla será otro cuento. En provincias como Quebec, Nueva Escocia y New Brunswick, la venta queda exclusivamente bajo el manejo del gobierno provincial, pero en Manitoba la venta será autorizada a negocios particulares. En Yukon, Nunabut y New Foundland, por ejemplo, se podrá comprar en línea sin problemas. En Nueva Escocia y los Territorios del Noroeste, podrá incluso ofrecerse en restaurantes.
Donde la cosa está descontrolada, es en Ontario, la provincia más poblada de Canadá. Ahí, originalmente la premier, Kathleen Wynne, que es miembro del partido liberal, creó una agencia muy del estilo de la que tienen para regular el consumo de alcohol, de manera que el gobierno provincial fuese quien llevara la batuta de la venta, dado que es una gran oportunidad de ingreso para el gobierno de Ontario. Sin embargo, la señora Wynne perdió y ahora el premiere es Doug Ford, quien es parte del partido Conservador, quien decidió que mejor era encargar la venta a particulares. Mientras son hojas o son churros, -porque eso de las peras y manzanas suena muy inocente- la cosa es que no hay aún un cuerpo normativo en Ontario, y se espera que no exista pronto, porque para colmo, el día 22 de este mes, la provincia celebrará elecciones municipales, y , aquí o en China, el tema electoral siempre pospone otros asuntos.
La legalización incluye a la hierba fresca o seca, pero aún existen restricciones con respecto a sus concentrados y productos comestibles con el ingrediente, que son temas que se irán regulando conforme se vaya normalizando la venta y consumo del producto.
Ahora bien, llama la atención las campañas que se han desplegado, de manera obligatoria, con respecto al consumo de la cannabis. Aunque están diseñadas para dar información general, se hace un énfasis en que los padres de familia o quienes tengan a su cargo a menores de edad, cito textualmente: “Den un buen ejemplo aprendiendo todo lo que puedan sobre el consumo dela cannabis y sus riesgos, incluso si no piensan consumirla.” Queda claro que el enemigo a vencer no es la marihuana, sino la desinformación.
Recientemente Juan Ramón de la Fuente recordaba que la Comisión Global sobre la Política de Drogas dio a conocer en su informe más reciente, que México debía de regular de manera urgente, el mercado ilegal de ciertos productos, entre ellos la marihuana. De la Fuente sostiene, y estoy de acuerdo con él, que la criminalización del consumo y la posesión de drogas para uso personal es insostenible. Elabora el ex rector, que no se cuestiona el riesgo a la salud que causan ciertos productos, yo elaboraría la lista empezando con la cafeína que tanto aprecio, el tabaco o el alcohol.
Sin embargo, los daños que el consumo de marihuana ocasiona en sectores colaterales podría ser disminuido. Tenemos el mercado negro y la violenta realidad del tráfico, además de los distintos delitos que afloran alrededor de la venta ilegal de drogas.
Regular la venta de ciertas drogas no significa cortar de tajo el problema, pero sí disminuye, porque pone a la luz, los efectos colaterales negativos asociados con la violencia y la criminalidad de este tipo de mercados.
Si empezamos con dogmáticas afirmaciones del estilo del consabido “México no está listo para esto,” y revisamos un poco más atrás, nos daremos cuenta que este país nunca ha estado listo para nada y aún así, hemos afrontado temas complejos y avanzado.
Es momento de abordar estos temas sin tabúes ni temores irracionales y poner en la balanza lo que nos está costando en dinero y en sangre, dejar que los mercados negros se conviertan en industrias mucho más potentes y organizadas que el propio estado.
Sin pudor alguno confieso que mi única adicción es el café en todas sus vertientes. No consumo marihuana, así que no se malviaje, lectora, lector querido. Pero creo que es de vital importancia que México, al igual que Holanda o Canadá, comience a abordar de manera seria el tema. Porque no se usted, pero yo prefiero un país verde marihuana, a uno rojo sangre.