Verde

Se detuvo el trajín de los días hábiles para transformarse en momento y encontrar miradas que conecten como antaño creemos haber conectado.

Ha sido un año como muchos, con vientos que soplan en contra y a favor, con las novedades periódicas del clima que sube y baja, moja y reseca y nos descubre la vida detrás de la ventana o debajo de un paraguas.

Estoy en el sur de este país, en lugares que mis pies no habían sentido, rompiendo la rutina para que emerjan nuevas cotidianidades.

Ha sido momento de salir del mundito particular, de esa manera habitual de vivir la vida, aunque sea por instantes, por unas horas o por días que no rebasan los dedos de una mano.

Escaparse de la aldea urbana para encontrarnos habitando de manera flotante con otras tribus contemporáneas y tomarle el pulso al planeta en esta parte de nuestro hemisferio. Observar que todavía hay verde de muchos tonos, tierra que sabe y huele a este lado del mundo, usual para los lugareños, una sorpresa para los paseantes.

La vida ofrece algo más que notas infames de medios y pseudo-medios. La vida merece verse a través de la lente limpia de los que aman el planeta y la naturaleza y de quienes la cuidan.

Si somos o no “amos del mundo” importa poco cuando se contribuye de alguna manera a su deterioro. Tener datos duros sobre las toneladas de basura no ha hecho que modifiquemos nuestro consumo y nuestra producción de deshechos. 

Sentada en el nocturno de una ventana que mira al Cinturón de Orión pienso en lo infinito de las estrellas y su luz que emitida hace millones de años, sigue regalándonos su brillo cada noche.

Somos una micro partícula en este vasto escenario que tiene la fortuna de tener un planeta lleno de color. Hoy no es el día de la Tierra, pero hoy podemos empezar a cuidarla.