Violencia Arbórea

(1era parte)

La “violencia arbórea” es definida como la tala, derribo y poda irracional y/o ilegal de árboles urbanos, devastando o demeritando las áreas verdes.

Es increíble el desprecio que se tiene por el árbol urbano. Ese maltrato es realizado, fomentado y permitido por los ciudadanos y las autoridades.

Los árboles aparecieron en la Tierra hace más de 250 millones de años, como parte de un proceso evolutivo que había empezado mucho antes. Desde entonces se han diversificado de manera extraordinaria y se han adaptado a casi todos los paisajes y latitudes del planeta. Como parte del reino vegetal, gracias a la fotosíntesis, producen el oxígeno que respiramos y debido a su benevolencia, ellos hacen posible la existencia de los animales y los seres humanos en el planeta.

La importancia de cuidar el arbolado urbano radica en que los árboles significan oxígeno, agua, alimentos y materias primas esenciales, así como una defensa frente al cambio climático en las grandes ciudades.

Debe existir un vínculo entre ser humano y árbol; crear la eco-conciencia de recuperar esa unión sagrada con la naturaleza, respetando nuestro entorno. Es indispensable que el ciudadano reverencie el arbolado urbano y que se fomente no solamente su plantación, sino su cuidado y conservación. Los árboles son importantes integrantes de los paisajes naturales y urbanos. En las ciudades actúan como barrera contra el viento y el ruido; atrapan las partículas de polvo reduciendo la contaminación; producen oxígeno, actúan como reguladores térmicos, embellecen el paisaje y dan más valor a las propiedades, además que contribuyen a la cohesión social.

Se ha comprobado que los árboles pueden secuestrar el carbono de la atmósfera y encerrarlo en la madera y el suelo, por lo que los gobiernos, empresas y ciudadanos deberían adoptar medidas para luchar contra el cambio climático utilizándolos como un aliado.

No sólo es importante preservar el material que constituyen bosques y selvas. Los parques de las ciudades, los paseos y avenidas que cuentan con árboles sanos son esenciales para que el ciudadano disfrute de una mejor calidad de vida en la ciudad. Que mitigue, en cierta medida, los inconvenientes de vivir en una zona metropolitana.

Los árboles son muy beneficiosos para el medioambiente urbano. Cumplen varias funciones que favorecen a la ciudad y, por ende, a sus habitantes. En primer lugar, mejoran la calidad del aire pues son agentes que reducen la contaminación atmosférica. Si en las grandes zonas pobladas no hubiera árboles, el tráfico haría casi imposible vivir en ellas. Estos generan oxígeno, absorben dióxido de carbono y retienen los polvos y partículas que se mantienen en el ambiente. Pero, además, también reducen el molesto ruido que se produce, tráfico, claxon, gritos, obras, todos estos molestos sonidos resultan leves por los follajes de los árboles, que hacen una labor anti-sonido.

Las especies arbóreas son un elemento vital en nuestra vida representa un camino interconectado, la conservación de los árboles es la pauta para vivir equilibrados, pues pasamos de analizar su impacto en el cuidado del medio ambiente a nivel global a contarles un poco del papel que juegan estos en nuestra ciudad; ojalá nos concienticemos porque si la humanidad conoce los múltiples beneficios que generan en el planeta, tal vez detendría su destrucción y fomentaría su conservación para las generaciones futuras.

El árbol urbano ha venido perdiendo terreno aceleradamente. El crecimiento urbano ha dado preferencia al cemento, no a la vegetación. Crecer ha sido desarbolar. Las calles arboladas son más bonitas, dan sombra, mitigan los daños del viento, las tolvaneras, el calor, los chubascos y el granizo: tienen un toldo vegetal. Reducen el ruido, colectan lluvia en sus hojas y raíces, atraen pájaros y turismo, reducen el esmog.

No debemos perder de vista que los árboles fuera del bosque dependen tanto del cuidado por parte de la población como de la legislación, a veces una de las dos puede fallar, pero lo grave es cuando ninguna es fuerte y ambas no cumplen su finalidad. La legislación y reglamentos que tratan de su protección en ocasiones pueden contradecirse. Muy frecuentemente, los servicios institucionales encargados de la vigilancia de estos son omisos en su protección.

Los elementos para proteger y preservar el árbol urbano en la ciudad están presentes, pero carecemos de interés gubernamental para establecer una regulación efectiva que establezca parámetros claros y exigibles por cualquier ciudadano para cuidar de los árboles; una educación ambiental con contenidos escolares aludidos para que niños y jóvenes puedan reconocer sus muchas funciones primordiales; así como la eco-concientización sobre la verdadera importancia que tienen los árboles dentro de las ciudades más que una mera sombra o “estorbo” visual.

El papel de las autoridades responsables es indispensable para lograr un núcleo de participación en el que se involucre a todos los sectores de la sociedad civil, y así intensificar el valor cultural, económico, social y ambiental del Árbol Urbano como pulmón de una ciudad.

Pero somos indolentes, despreciamos su importancia y nos permitimos ejercer la “violencia arbórea” con anuencia de las autoridades. Si a usted le estorba o le molesta un árbol urbano, quítelo, derríbelo o mátelo, como quiera, da igual, no existe en el Estado una armonización normativa que permita defenderlo. Y nuestros diputados y gobierno luego se distraen por la jardinería en lugar de la ecología.

Delírium trémens.- Tenemos la sospecha de que la SEGAM está manipulando los datos de la calidad del aire en su App AIRE, en perjuicio de los potosinos. Esperaremos el informe anual del Ejecutivo del Estado al respecto, para en su caso, denunciar esta irresponsabilidad ambiental. Se perpetúa la “herencia maldita ecológica”.

@luisglozano