La esperanza no es la convicción de que algo saldrá bien,
sino de que, algo tiene sentido; sin importar el resultado final
Vaclav Havel
En el marco de las próximas elecciones “intermedias” (2027) y del reiterado discurso sobre el divorcio entre partidos políticos y sociedad, vinculé el escepticismo social sobre el proceso político a algunas partes del discurso de Mark Carney (Primer ministro de Canadá) que el pasado día 21 de enero del año en curso pronunció en Davos, Suiza.
Lo que el ministro canadiense puso sobre la mesa de análisis es el hecho de que el mundo vive una ruptura – no una transición, dijo – del orden basado en reglas que permiten prever retos, desafíos para establecer acuerdos y cooperación.
Mucho se ha comentado al respecto de este discurso y hay quienes, como un servidor, creemos que representa un hecho de trascendencia histórica en relación a la denuncia de una realidad simulada, para que, al ser nombrada, se considere premisa del análisis global.
Lo trascendente del discurso es la suma de lo que se enuncia, quién lo enuncia y el marco en el que se enuncia.
Más acá de lo que el ministro Carney ha colocado en la mesa de debate en el orden mundial y toda proporción guardada, el interés que nos ocupa es servirnos de su discurso para hacer eco en nuestra realidad inmediata. Conscientes de que, ni tenemos la altura del ministro, ni tenemos el foro, pero tenemos una realidad que debe ser nombrada desde otras miradas.
Ciertamente, en nuestra entidad no vivimos una ruptura, ni una transición, sino una continuidad y eso es lo relevante.
Vivimos una continuidad que, haciendo eco de lo que dice el ministro canadiense, corresponde a una realidad simulada donde “los fuertes hacen lo que pueden mientras que, los débiles sufren lo que deben”.
Una realidad en la que, cada día sostenemos la reproducción del mismo discurso político donde “la defensa de la integridad del mundo de la apariencia (de los políticos, sólo sirve) para defenderse a sí mismos”.
El poder del sistema se sostiene con nuestra disposición a sostenerlo como si fuera una verdad.
Ya lo había señalado Vaclav Havel (1936-2011; dramaturgo y líder de la Revolución de Terciopelo en la Checoslovaquia de 1989); quien denunció la simulación social que cargaba el orden que sometía la dignidad y los derechos “viviendo dentro de la mentira”; a quien el ministro canadiense retoma como eje de su discurso.
Desde esta perspectiva, seamos redundantes, se plantea que el orden social, no obstante que nos sea adverso, se sostiene con la aceptación de lo adverso reproducido como si el orden que prevalece es satisfactorio y promisorio.
En su obra, “El poder de los sin poder” Vaclav Havel impele, como lo hizo el ministro canadiense, a dejar de sostener la mentira con acciones que, sólo en privado, señalamos como falsas.
El poder del poder se sostiene con la subordinación, la pregunta, como lo han dicho en su momento estos referentes, nos adaptamos simplemente o ¿podemos aspirar a algo más ambicioso?
joseramonuhm@hotmail.com