Vivir
Con el alma aferrada
A un dulce recuerdo que lloro otra vez
C. Gardel/A. Le Pera
En el contexto emocional del exilio y la nostalgia, Carlos Gardel compuso e hizo famoso el tango, la canción, “Volver” (1934). Una narrativa del mito que se plantea la posibilidad de regresar, transcurrido el tiempo -que veinte años no es nada, dice la canción – al lugar de origen. Esto es, volver a donde, en un tiempo, en un lugar determinado, se ha sido feliz o, dicho de otro modo, ser- aquello- que- uno- desea- ser.
Sin embargo, al respecto, la sentencia de Heráclito de Éfeso (s V a.C.) es lapidaria: Ningún hombre se baña dos veces en el mismo río.
En la política, el poder envuelve, seduce, nos nubla la razón y nos hace creer en la posibilidad de perpetuarnos o regresar a esa experiencia de vida. Olvidamos la sentencia inequívoca de la existencia: “lo nuestro es pasar”… nada es para siempre.
Ascender al poder y lograr el poder, hace olvidar que, algunos de quienes dieron su apoyo para lograrlo, lo han hecho con el interés de lograr, también, en algún momento, ese mismo anhelado poder. Que muchos de los que apoyaron lo hicieron con el interés de lograr “algo” que no se ha conseguido y que su deseo se ha transformado en insatisfacción. Amén de quienes no apoyaron y que son adversarios.
Así pues, la relación de fuerzas políticas no es permanente porque éstas dependen de las personas cuyos intereses cambian.
La vida transcurre y las personas, así como las condiciones de vida, cambian.
En este marco, la nostalgia por el poder político es una motivación fuerte, incluso, enfermiza, que nos impide aceptar el devenir; es decir, nuestra condición humana de pasar.
Adam Przeworski, (Varsovia 1940-actualmente profesor de la Universidad de Nueva York) publicó (2022) “La crisis de la democracia” donde, entre otras expresiones de su obra, señala que la democracia (que el autor representa como un proceso electivo) ha sido construida con la expectativa de generar igualdad en las esferas económica y social y que, sin embargo, la desigualdad constituye la evidencia -a primera vista- de que no ha ocurrido así.
La experiencia democrática, señala Przeworski, muestra que, con las votaciones, los gobiernos cambian, pero la desigualdad no cambia.
Frente al proceso electivo intermedio (2027) en nuestro país, se potencializan los dos elementos citados: volver y/o mantener el poder y, la percepción social de que la desigualdad no cambia.
Quienes detentan el poder, en el marco de la constitucionalidad (valiéndose de las leyes) desarrollan estrategias para contener el poder. Dice Przeworski, modificando y/o adecuando leyes que obstaculicen a los adversarios, reprimiendo voces, entre otras estrategias legales.
Canta Gardel: Vivir/ con el alma aferrada/ a un dulce recuerdo/ que lloro otra vez…
Quienes aspiran al poder (de derecha o de izquierda) como dice Przeworski: alimentan un populismo que se nutre del descontento con las instituciones públicas que reproducen la desigualdad.
Unos y otros, así como quienes elegimos, bajo estas condiciones erosionamos la democracia; ese sueño mítico de darnos la oportunidad de alcanzar mejores niveles de igualdad social a través de las elecciones.
Como lo cantó Gardel:
Tengo miedo del encuentro/ con el pasado que vuelve/ a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de las noches/ que, pobladas de recuerdos/ encadenen mi soñar.
joseramonuhm@hotmail.com