El ocho de julio de 2013, durante el primer viaje apostólico del papa Francisco en la isla de Lampedusa, dio lectura en el deportivo Arena a una muy sentida homilía en la que, al tiempo que invitaba al orbe –no nada más al católico– a la reflexión, insistía en la necesidad de asumir la responsabilidad y dejar de lado la indiferencia mostrada particularmente sobre la situación de las migraciones emergentes y masivas que laceraban (y laceran) principalmente Asia central, y el norte de África.
En aquella ocasión el pontífice, dolido por las muertes masivas de migrantes, señalaba: “¿Dónde está tu hermano?”, Me grita la voz de su sangre, dice Dios. Esta no es una pregunta dirigida a otros, es una pregunta dirigida a mí, a ti, a cada uno de nosotros. Los de nuestros hermanos y hermanas estaban tratando de salir de situaciones difíciles para encontrar algo de serenidad y paz; buscaban un lugar mejor para ellos y sus familias, pero encontraron la muerte. Cuán a menudo los que buscan esto no encuentran entendimiento, no encuentran bienvenidos, no encuentran la solidaridad. ¡Y sus voces se elevan a Dios! Y una vez más les agradezco a los habitantes de Lampedusa su solidaridad. Recientemente escuché de uno de estos hermanos. Antes de llegar aquí pasaron por las manos de los traficantes, los que explotan la pobreza ajena, estas personas para quienes la pobreza ajena es una fuente de ingresos. ¡Cuánto sufrieron! Y algunos no lograron llegar allí.”
“¿Dónde está tu hermano?” ¿Quién es el responsable de esta sangre? En la literatura española hay una comedia de Lope de Vega que cuenta cómo los habitantes de la ciudad de Fuente Ovejuna matan al Gobernador porque es un tirano, y lo hacen para que no se sepa quién llevó a cabo la ejecución. Y cuando el juez del rey pregunta: «¿Quién mató al gobernador?», Todos responden: « Fuente Ovejuna, Señor”. ¡Todos y nadie! Incluso hoy surge con fuerza esta pregunta: ¿Quién es el responsable de la sangre de estos hermanos y hermanas? ¡Nadie! Todos respondemos así: no soy yo, no tengo nada que ver con eso, habrá otros, ciertamente no yo. Pero Dios nos pregunta a cada uno de nosotros: “¿Dónde está la sangre de tu hermano que me grita?”. Hoy nadie en el mundo se siente responsable de esto; hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna; hemos caído en la actitud hipócrita del sacerdote y del sirviente del altar, de la que hablaba Jesús en la parábola del buen samaritano: miramos al hermano medio muerto al costado del camino, tal vez pensemos “pobrecito “, y seguir nuestro camino, no es nuestro trabajo; y con esto nos tranquilizamos, nos sentimos a gusto. La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles a los gritos de los demás, nos hace vivir en pompas de jabón, que son hermosas, pero no son nada, son la ilusión de lo inútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los demás, de hecho lleva a la globalización de indiferencia. En este mundo de globalización hemos caído en la globalización de la indiferencia. Estamos acostumbrados al sufrimiento del otro, no nos concierne, no nos importa, ¡no es asunto nuestro!
Vuelve la figura del Innominado de Manzoni. La globalización de la indiferencia nos hace a todos “sin nombre”, responsables sin nombre y sin rostro.”
A semejanza de las evocaciones de la homilía pontificia, en San Luis Potosí la indiferencia se ha convertido en el distintivo de los políticos, que lo han coronado con el cinismo; ambos ya sentaron sus reales no sólo entre aquellos, sino también en el resto de la ciudanía sin distingo de clases. Hoy se encuentra más presente que nunca la máxima fisiocrática de Gournay: Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même.
Hace unos días en plática banquetera un apreciado amigo me indicaba que los potosinos nos hemos acostumbrado a buscar y escoger de entre la basura lo más rescatable, para de allí elegir a nuestros gobernantes y a nuestros representantes. Verdad irrebatible.
Esto viene muy a propósito del entorno caótico que se vive en este intenso y sui géneris proceso electoral, en el que las impugnaciones, traiciones, dinero y guerra sucios, corrupción, imposiciones, alianzas aberrantes, candidaturas abyectas, campañas con discursos surrealistas y de odio, han sido cosa de todos los días, entre todos los partidos y todos los candidatos. Todos guardamos silencio cómplice, desde hace tiempo es lo cotidiano.
¿Cómo se llegó a esto?, no es difícil encontrar respuesta: por un lado un presidente y una política federal, adversos a los intereses oligárquicos; por otro, un gobernador abúlico, blandengue e indeciso, que ni siquiera tuvo el buen tino para elegir a su sucesor, en un priísmo que se desmorona debido a sus pugnas internas, y que tuvo que coaligarse con un panismo contestatario, sin estrategias, carente de propuestas, cuyo único discurso es el odio, que propone a un candidato rebasado por los tiempos, y por la entropía propia de su personalidad; una candidata elegida como comodín de sacrificio para el partido presidencial, por el mismo gobernador, de entre lo más impresentable de su gabinete; finalmente, un partido que juega en una alianza con el gobierno federal, que postula a un delincuente como candidato.
De entre los candidatos a legisladores, ocioso sería detenernos en sus perfiles, hay de todos tipos y calidades; lo mismo tenemos impresentables, que chapulines, inexpertos, y honorables, los menos. Pero a diferencia de la elección gubernamental, si es posible hacer una prospección de la conformación del Congreso, que de acuerdo a recientes análisis podría arrojarnos triunfos para la coalición Juntos haremos historia (PV-PT) en los distritos 1 con Cinthia Segovia, 13 con María Irma Sony, y 14 con Ismael Trejo; la alianza Sí por San Luis en los distritos 2 con Rubén Guajardo, 4 con Laura Silva, 6 con Ricardo Villareal, 7 con Aránzazu Puente (a pesar del acoso de uno de sus oponentes), 8 con Gerardo Aldaco, 11 con Edmundo Torrescano y 12 Margarita Ibarra; Morena los distritos 3 con José Grimaldo, 5 con Alejandra Valdez, 9 con Roberto Martínez, 10 con María de los Ángeles Castillo y 15 Bernabé Campos; en tanto que la 12ª plurinominal, posiblemente sea para Nadia Esmeralda Ochoa Limón, candidata del partido Verde.
En las diputaciones federales, la coalición Morena-PT-PV, posiblemente se posicione en los distritos 1, 2, 6 y 7; en tanto que la alianza PAN-PRI-PRD, los distritos 3, 4 y 5; mientras que en las Proporcionales, también federales, una sería para el PRI, una al PAN, una a Morena, y dos al partido Verde.
Es decir, muy posiblemente en el congreso local, el control lo podría tener una alianza verde-morena, con 13 legisladores (que bajo las reglas no escritas del Congreso, les permitiría obtener la Presidencia de la Jucopo, y las tres principales comisiones); faltaría considerar el apoyo de los partidos bisagra. En tanto que en las legislaturas federales, se aportarían cuatro legisladores a las alianzas cuaternarias.
En esta ocasión no es opción votar por el bueno, porque no lo hay, sino por el candidato menos dañino. No sólo es Ricardo Gallardo y sus alianzas delincuenciales, sino también quienes lo rodean, sus operadores, sus personeros; no sólo es Octavio Pedroza, su colapso generacional y sus indecisiones, sino también la estructura conservadora del PAN, su retórica caduca y su derecha radical; no sólo es Mónica Liliana Rangel, sino la corrupción, el saqueo y la impunidad.
Gracias por la lectura; razonemos detenidamente nuestro voto con miras al bien común, tenemos 24 horas.