Y nos callaron la boca

O por lo menos a mi. No volveré a hablar de una generación de cristal dudando de sus alcances y capacidades y menos, mucho menos, comparando la suya con la mía de manera despectiva. Cada generación es diferente y todo tiene una razón de ser.

Un lamentable acontecimiento en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en agravio de una joven estudiante, ocurrido por la tarde del pasado viernes diecisiete de octubre que apenas se fue difundiendo públicamente el lunes veinte por la mañana fue el detonador en la Universidad para que se alzara la voz de los estudiantes en protesta por lo ocurrido con su compañera, iniciando un proceso que, al día de hoy, aún no encuentra fin.

Ese lunes empezó la toma de escuelas y facultades y el martes la ciudad se desquició con bloqueos y marchas en diversas calles de la ciudad. Jóvenes con pancartas, gritando consignas, buscando solución a sus demandas.

Como no faltan aves carroñeras, inmediatamente se empezaron a dar intentos de políticos para meter sus garras en el movimiento e infiltraron vándalos que, encapuchados, hicieron destrozos en el edificio central de la Universidad y agredieron a funcionarios de esa casa de estudios. Por supuesto, no eran estudiantes, estaban ahí por algún pago o prebenda que alguien, interesado en sacar provecho propio, estaba dispuesto a entregar. O no, pero da igual.

La respuesta vino de los propios estudiantes: no a la agresión, no a la infiltración, no a dar paso a decisiones ajenas a ellos mismos, como la exigencia de la renuncia del rector, entre otras cosas que ya se saboreaban los enemigos de la autonomía.

Mi generación, las generaciones de los hoy pares o abuelos de estos jóvenes somos muy dados a llamarlos “generación de cristal” y cuestionamos muy sonoramente su aparente fragilidad, señalando que nosotros sí sabíamos hacer las cosas, que nos atrevíamos a más, que éramos duros y asertivos y que enfrentábamos la vida con mayor fortaleza. Nada más falso.

Así como lo ocurrido en San Luis Potosí, la llamada Generación Z ha tomado las calles, se ha dejado escuchar y su grito es contundente. Plantean la política de otro modo, vía redes, memes, cursos cortos, movimientos espontáneos, que surgen en medios digitales móviles para luego tomar las calles en lugares tan distintos como África, Asia y América Latina 

Hace tiempo los jóvenes eran vistos como “potencial voto” o “mercado futuro”. Pero hoy ya son protagonistas. En países como Madagascar se ha visto cómo manifestaciones masivas, con presencia amplia de esa Generación Z, han conducido a crisis políticas profundas, con exigencias de renuncia presidencial y reformas urgentes; en Marruecos, movimientos descentralizados que se autoetiquetan como Gen Z han levantado la voz contra desigualdades, servicios públicos debilitados y corrupción.

¿Qué mueve a esta nueva generación? Falta de credibilidad en las estructuras tradicionales (esas en las que creemos las generaciones mayores), la comparación de estándares, rutas de vida e información a la que tienen acceso a la conectividad que permite la tecnología, así como la urgencia de resultados tangibles en el presente, un “futuro ahora”, por lo que no dejan para mañana lo que pueden hacer hoy.

Estos jóvenes están redefiniendo la forma de hacer política, conectando lo digital, lo global y lo local; exigen cambios y se mueven para conseguirlo. Pero está en un punto crucial: o bien sus movilizaciones desencadenan reformas profundas, a las cuales debemos sumarnos quienes compartimos su visión y sus anhelos, o su impulso se disipa, y la vieja política aprovecha para canalizarla sin transformarla.

En el mundo del derecho, de la política y del análisis social, debemos prestar atención, pues los miembros de esta Generación Z no solo vienen detrás, sino ahora delante de nosotros, abriendo camino. No podemos menos que entenderlos y sumarnos. Jamás dejarlos solos.

¿Generación de Cristal? Un resistente vidrio templado.

@jchessal