La congruencia no es, definitivamente, una de las virtudes de esta administración gubernamental, en varias ocasiones (la última, el pasado jueves) mi amigo el periodista Juan José Rodríguez ha hecho énfasis en este distintivo muy particular de la actual casa reinante. La cosa no acaba allí, la incontinencia verbal del gobernador pareciera que en muchas ocasiones no tiene otra finalidad que dañar a su propia persona.
En estos casos resulta imposible que, a pesar del bodrio redactado por la secretaría General de Gobierno, se pueda proteger la integridad espiritual, ética, intelectual, moral, y onírica de nuestro gobernador. Ni cómo ayudarlo, sería inconcebible que sus guaruras lo retiraran de los actos públicos en los que por sus propias palabras se inflige algún daño.
Fueron tres seguidas a la cuenta y pareciera que no se percata. Al arremeter contra los jueces (federales o locales, no importa), porque permiten (por los motivos que sean o gustemos imaginarnos) la pronta salida de los delincuentes, pareciera que olvidó que éstos una vez afuera pueden llegar a gobernadores. Él sabe bien de esos asuntos.
En aquel contexto de rechinar de rejas y uniformes pardos, es conveniente recordar que un grupo de amartelados acólitos, caudatarios y turiferarios en medio de frenéticos arrebatos de dulía a la ya consolidada gallardía soledense, lograron que el cabildo del vecino municipio impusiera el nombre de Ricardo protomártir a la avenida San Pedro; poco faltó para que el cabildo buscara indulgencias similares a las que se otorgan al devoto que recorre la Vía Merulana de San Juan de Letrán a Santa María la Mayor, para aquellos que fervorosos asistieran al cambio de nombre. Sin embargo el señor gobernador, en medio de esa euforia iconoclasta y revisionista, propone (y seguro acabará siendo ley en este estado donde los caprichos alcanzan ese nivel) que sean retirados “expresidentes que tengan nombres de calles, avenidas y escuelas (sic).” Al margen de la joya que resultó su composición lingüística, pareciera no darse cuenta de los alcances de su dicho; pobre de doña Leonor distrayendo a todo el personal del ayuntamiento soledense para eliminar las feas placas amarillas, o quizá él mismo (ante la complacencia del alcalde) comience a retirar de las calles de la capital todas las placas que lleven el nombre de algún personaje de negro historial, comenzando por el garañón Hidalgo, el corrupto Álvaro Obregón, y el infame violentador sexual Ponciano Arriaga.
Finalmente arremete contra el legislador federal panista Gonzalo Martínez López, al que en medio de santa indignación espeta que la inseguridad no se puede atender con ocurrencias, “no debe andar diciendo tonterías, porque nosotros somos los que hemos sufrido los estragos de Aguascalientes y de Zacatecas… (sic)”. Nada que agregar en un entorno donde el racero con que se gobierna es el dicho de tonterías y la ocurrencia cotidiana.
De ahí que ya no extrañe el que se diga que para la vigilancia en la Fenapo serán comisionados más de mil elementos, lo que obviamente implica descuidar otras zonas de la ciudad; como si el horno estuviera para bollos. Todo sea por el circo y el tamborazo, aunque incrementen los descuartizamientos.
Es más importante, desde luego, que doña Leonor patrocine las enchiladas y Galindo las garnachas, aunque hubieran estado mejor las hamburguesas, como en el combo. La idea es que podamos disfrutar de la gastronomía potosina sin costo para la ciudadanía, lo cual definitivamente es una vacilada ya que alguien las pagará. De los camiones para acarrear visitantes ni qué decir, ya están apuntadas las colonias de Soledad y del oriente de la ciudad, así como Matehuala, al rato seguirán Tamazunchale, Valles y seguro mandará hasta por Samuel García.
Lo emocionante y conmovedor es que la Feria va a pesar de la quinta ola, gracias a un gobernante comprometido con su gente, “todo sigue igual, no se va a parar, no se van a cerrar empresas, no se van a cerrar horarios (sic), no se va a cerrar nada, la economía no la podemos frenar, vamos a tener más de cuatro millones de visitas, necesitamos los hoteles llenos, los restaurantes llenos, los taxistas con pasajes, necesitamos seguir detonando la economía de San Luis Potosí”. Necesitamos enfermar gente para después decir que nada pasó a pesar de las opiniones adversas; la popularidad no puede disminuir porque vamos con todo.
Tan así vamos que ya inició la remodelación del camino, esperemos que no quede abandonada en pocos días, como la de la icónica avenida Himno Nacional. Sigo pensando cómo será posible hacer un recorrido de Lomas al Aeropuerto en siete minutos, y no porque esto resulte nocivo para la ciudad, sino por el contrario, seguro será benéfico, pero también porque que es definitivamente imposible que el gobernador inicie algo sin andar de echador. Luego, acordándome de lo que cierto rector (de apellido Leyva) le dijo a cierto ingeniero (del que no recuerdo su apellido), me dan ganas de gritarle: “¡Ya no me eches demagogia, Ricardo!”