En su intención de reponer piezas de cantera dañadas en el Centro Histórico, para que esta zona muestre su mejor cara a los turistas que vendrán en semana santa, el Ayuntamiento de la capital quizás debería incluir en sus planes la rehabilitación del crucero de 5 de Mayo y Agustín de Iturbide.
Este cruce, ubicado a sólo una cuadra de la Plaza de Armas de la ciudad, sufre el desprendimiento y daño de al menos 36 piezas de cantera que conforman la superficie de rodamiento y el paso constante de unidades motoras de casi todo tipo agrava el problema día con día.
Ambas vialidades conforman una de las rutas de salida del Centro Histórico más usadas por las y los automovilistas que se internan en el núcleo original de la ciudad y que transitan de oriente a poniente o de sur a poniente, rumbo al desfogue de la avenida Reforma que es muy transitada.
Fuera de ella, hay que avanzar varias cuadras rodeando la plaza principal para salir por la calle de Álvaro Obregón, o bien transitar muy al sur por las calles de Ignacio Comonfort o Pascual M- Hernández para lograr llegar a Reforma.
En sus actuales condiciones, el paso por 5 de Mayo e Iturbide es casi imposible de realizar sin caer en alguno de los hoyancos donde ya faltan las baldosas de cantera. Para colmo, algunos automovilistas invaden la banqueta para evitar el piso cuarteado, pero ponen el riesgo a las y los numerosos peatones que por ahí transitan.
Para colmo, otro problema de baldosas destruidas se ubica en el crucero siguiente de Iturbide, esquina con Ignacio Aldama, el cual también requiere atención al ser la ruta que conecta la Plaza de los Fundadores con la Plaza de San Francisco.