En el corto y mediano plazo, el crecimiento o disminución de la brecha entre familias pobres y ricas en el estado es un tema de pronóstico reservado para los analistas económicos, pues depende de la evolución de la pandemia de Covid-19 que en el país pueda retomarse el crecimiento de la economía.
Así lo consideró Juan Carlos Méndez Ferrer, secretario académico de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (Uaslp), en diálogo con este medio.
“En este periodo de cuatro años que consigna el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) no debemos pasar por alto el aspecto inédito de la pandemia de Covid-19. Su impacto se refleja también en los más recientes datos de la Comisión Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval)”, dijo.
Explicó que el impacto de la pandemia, necesariamente, no es igual para las familias que forman parte del primer decil que para las que integran el último decil. Las primeras, generalmente con una economía de sobrevivencia diaria, quizás perdieron empleos en actividades no esenciales que fueron suspendidas, por lo que vieron limitados sus ingresos. Quizás pagan renta y no logran crear un fondo de ahorro o de previsión.
En cambio, las segundas, quizás empresarios, dueños de farmacias, etcétera, tuvieron trabajo extra y les fue bien. Además, en estas familias hay una cultura y una capacidad diferente para poder generar ahorro y fondos de previsión. Generalmente tienen casa propia, auto propio e incluso capacidad para pagar seguros médicos, de vida, etcétera.
A corto y mediano plazo, no hay un pronóstico seguro, dijo Méndez Ferrer. Restablecer la economía dependerá de la evolución de la pandemia. El avance en la vacunación de todos los sectores de población será clave para lograr regresar a niveles más permisivos del semáforo.
“Hay mucha incertidumbre, incluso de si habrá una cuarta ola. Ojalá logremos una recuperación para el 2022 o 2023; ojalá pueda ser antes”, concluyó el economista.