Han pasado 128 años desde que Demetrio Rincón y Doña Felicítas Rodríguez recibieron la Santa Cruz de cedro y pino que a sus tres años de edad veneran Sofía y Jimena, las dos integrantes de la sexta generación, y recuerda la fecha en que fue donada a la familia por españoles, en el año 1898.
La tradición ha sobrevivido a la Revolución Mexicana, la Guerra Cristera, los cambios políticos y sociales de San Luis, la epidemia de A/H1-N1 que también es conocida como influenza porcina, pero también a la propagación del virus del SARS CoV-2, conocido como el coronavirus con COVID-19.
Desde sus primeras celebraciones en la calle Hidalgo con danzas autóctonas, de que cruzaban todo el centro de la ciudad para ir por hielo a “La Cubana”, allá por los rumbos del Jardín Colón y preparar nieves para repartir, pero también para que la gente acuda a hacer oración, la Santa Cruz ya es toda una tradición que se arraiga de generación en generación no solo en la familia receptora, sino en todas las que viven en los alrededores.
Celebrar a la Santa Cruz no nada más es alegría, sino también música, y por la casa de Hidalgo 870 han pasado músicos de todo tipo, desde intérpretes con arpas, violines, los instrumentos inconfundibles del mariachi, las guitarras y los instrumentos de percusiones de las bandas, guitarristas, tecladistas, alguno que otro coro y rondallas que le han cantado “Las Mañanitas” a la Santa Cruz.