Covid convierte la vía pública en salas de espera

Entre la angustia, familiares de pacientes deben esperar noticias a la intemperie, durmiendo en bancas o en el frío asfalto

De entre un jorongo o un cobertor se asoman un par de zapatos, un sombrero o una mano… es la postal de madrugada presente a diario o casi siempre, a las afueras de cualquier hospital público de la Zona Metropolitana que mantiene una guerra contra la Covid-19.

Son las 02:00 horas y la mala iluminación en la entrada principal del Hospital General de Soledad no permite distinguir algo abultado que se visualiza en la orilla de la barda periférica del nosocomio. Las luces de una vagoneta con dos tripulantes que arriban para solicitar atención para su familiar, permite dar claridad a la imagen: son dos personas recostadas en la banqueta cubiertas con cobijas.

En tanto los solicitantes de la unidad preguntan al policía de la caseta si puede ingresar su familiar, éste les responde que no; “llévelo por favor al Hospital Central. Allá los están atendiendo, los que no son Covid”, dice el gendarme que apenas se distingue por la tenebrosidad de su oficina.

A medio metro de ahí en la calle De la Rosa, Luis y María aguardan en su coche, residentes de Salinas de Hidalgo, quienes trajeron “de volada” a su familiar por una enfermedad respiratoria, que aclaran no “tiene nada de eso del Covid”, sino solo algún padecimiento respiratorio.

En ambos casos, son familiares de pacientes ingresados por sospecha o confirmación al nuevo coronavirus que esperan con fe, ver salir a sus seres amados. No hay de otra, hay poco dinero y un lugar donde pasar la noche implica gastar el dinero que sirve para comer al día siguiente.

“Tenemos al guardián que está cuidando”, dice el elemento de vigilancia asignado en la entrada del Hospital General del ISSSTE, ubicado en la calle Carlos Diez Gutiérrez, quien relata la cruda realidad en unas cuantas palabras: “Sí, ahorita están ingresando pura gente con Covid”, en tanto el canino vigilante se hace bolita para paliar el ligero aire frío de la madrugada de este viernes.

La luminosidad de la torre médica del Hospital Central de Especialidades “Ignacio Morones Prieto” deslumbra y hacer lucir las fachadas de casas y negocios del lado del parque “Juan H. Sánchez”, pero por la avenida Manuel Nava Martínez, es el foco que alumbra a varias personas que duermen en las banquetas adyacentes al nosocomio.

La acera y cajones de estacionamiento de un banco, situado a un costado de la Facultad de Medicina de la UASLP y frente al acceso no Covid-19 del antiguo Hospital Central de Especialidades, se convierten en una cama improvisada, eso sí, muy fría, dura y con algunas manchas de aceite de carro.

Esta madrugada, Carmen y José arribaron alrededor de las 03:00 horas al centro hospitalario, provenientes del Ciudad Valles para atenderle a él, que es diabético, una infección en el ojo; la cita es a las 08:00 horas.

Los trasladó un Uber, pero no localizaron un lugar donde dormir, por lo cual, pasaron la noche sentados en un perfil de concreto que funge como sala de espera de los familiares de pacientes hospitalizados, adyacente al hospital.  

En cada unidad nosocomial la escena se repite: no hay espacios de descanso para las familias que están a la espera de tener información de sus pacientes ingresados por la Covid-19 u otro padecimiento, sin embargo, siguen ahí, pasan frío, dolor de espalda y demás situaciones con el deseo intacto de ver recuperados a sus seres queridos.