CUATRO PAREDES ¿EL ORIGEN DE UN FEMINICIDA?

Ayer lanzaron el puñetazo que le rompió el tabique o el disparo que le destrozó el cráneo…se extinguió el “objeto” con el que saciaban su satisfacción sexual y “demostraron” que su virilidad no fue puesta en duda, son los feminicidas, aquellos seres humanos con una distorsión atroz que asesinaron a mujeres que no cumplían estereotipos ancestrales y obsoletos de lo que significaba “ser buena mujer”.

Mientras Fernando fue sentenciado a 20 años de prisión en el penal de La Pila por asesinar el 13 de noviembre de 2016 a Viviana Elizabeth Vázquez Gutiérrez, su expareja y madre de su hijo a quien no reconoció, Víctor, acusado del asesinato de Rocío Guadalupe Roque Aguilar en 2018, en el municipio de Rioverde, se encuentra prófugo de la justicia.

Al igual que Fernando, 41 personas recibieron una sentencia por cometer un feminicidio de 2012 a 2019, de ellas, 38 fueron condenatorias y tres absolutorias, según información del Supremo Tribunal de Justicia del Estado (STJE).

El año 2017 fue cuando hubo más condenas, al reportarse 12 feminicidas sentenciados, a 11 de ellos se les condenó y a uno se le absolvió; le siguió 2018 con seis condenatorias; 2019 con seis sentencias, cinco condenatorias y una absolutoria; 2015 con cinco, de ellas cuatrocondenatorias y una absolutoria.

Las demás corresponden a cuatro condenatorias en 2014; tres condenatorias en 2016; y dos condenatorias en 2013.

Acostumbrados a nunca escuchar un no, a reproducir estereotipos arcaicos de “cómo ser hombre” y a recurrir a los puñetazos como forma de hacer entrar en razón al “amor de su vida”, hay 102 personas privadas de la libertad en las cárceles potosinas por cometer feminicidio.

De las 102 personas privadas de la libertad (PPL), 70 están procesados (en espera de recibir sentencia de un juzgador) y 32 sentenciados. Tres de los feminicidas son mujeres (2.95%) y 99 varones (97.05%).

El asesino de menor edad tiene 21 años, el mayor 79 años.

Referente a los sentenciados 21 se ubican en el Centro de Reinserción Social (Cereso) de la capital potosina; 3 en el de Matehuala; 3 en el de Rioverde; 2 en el Ciudad Valles; 2 en el de Tancanhuitz; y uno en el de Tamazunchale.

A su vez, 44 de los procesados en el Cereso capitalino de La Pila; 9 en el de Rioverde; 5 en el de Tamazunchale; 4 en el de Matehuala; 4 en el de Ciudad Valles; y 4 en el de Tancanhuitz.

En suma, en la penitenciaria de la Capital del Estado se ubican 65 feminicidas; 12 en el de Rioverde; 7 en el de Matehuala; 6 en el de Tamazunchale; 6 en el de Ciudad Valles; y 6 en el de Tancanhuitz.

Así, en seis años y medio 63.72% de los feminicidas presos en la entidad se encuentran recluidos en el Cereso de la Pila; 11.76% en el de Rioverde; 6.86% en el de Matehuala; 5.88% en el de Tamazunchale; 5.88% en el de Ciudad Valles; y 5.88% en el de Tancanhuitz.

Bajo un contexto generalizado de violencia, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), revela que en el estado 69 de cada 100 asesinatos registrados en 2018 contra los hombres, fueron perpetrados con arma de fuego, mientras que entre las mujeres la proporción fue de 50 de cada 100.

En contraste, 40 de cada 100 mujeres víctimas fueron estranguladas, ahorcadas o sofocadas, ahogadas, quemadas o agredidas con algún objeto punzocortante, proporción mayor que entre los hombres, establecida en 24 de cada 100.

De un millón de mujeres de 15 años y más que habitan en San Luis Potosí, 587 mil, equivalente a 56.7% han enfrentado violencia de cualquier tipo y de cualquier agresor, alguna vez en su vida, precisó la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH).

El tipo y la cantidad de lesiones que ejercen los asesinos de mujeres, son algunos de los criterios determinantes para tipificar un feminicidio, por ello, como lo reportó el Inegi, las potosinas asesinadas en 2018 que fueron ahorcadas o sofocadas, ahogadas, quemadas o agredidas con algún objeto punzocortante, son evidentemente crímenes cometidos por el hecho de ser mujeres.

En la actualidad, son 11 conductas o circunstancias para considerar que existen razones de género para clasificar el crimen como feminicidio, según el artículo 232-BIS del Código Penal del Estado.

PREVENCIÓN ANTES 

QUE LUTO 

El feminicidio sería más fácil de prevenir que otro tipo de muerte violenta, porque son personas que ya se conocen, muchas veces hay antecedentes de violencia, pero el Estado ha sido deficiente en la prevención y en la medición del riesgo de violencia feminicida, argumenta Edith Olivares Ferreto, directora ejecutiva de Amnistía Internacional México (AI).

La especialista advierte que las políticas públicas de prevención deberían de considerar a quienes pueden cometer los delitos en razón de género.

Una de las aristas de las que casi nunca se habla, es la de los hombres y su intervención para con sus congéneres, es decir, hacerles ver que sus prácticas machistas a la postre trascienden en la tranquilidad y bienestar de sus parejas, hijas, hermanas y demás mujeres de su entorno.

Ejemplo de ello es la organización Género  y Desarrollo A.C. (Gendes), que desde 2003 comenzó a desarrollar el proyecto institucional, para formalizarlo en 2008, y de ese año hasta la actualidad se especializa en trabajar con las nuevas masculinidades.

Ricardo Ayllón González, coordinador del Programa de Metodología de Gendes, expone que el sistema machista se aprende desde el nacimiento, pero la familia no es el único centro de aprendizaje o de socialización, sino también la escuela, la religión, las amistades y los medios de información.

Refiere que el trabajo de reeducación con hombres en México inició en los 90’s, poco tiempo de intervención tomando en cuenta que desde siglos atrás ya existía tal conceptualización en los demás países del mundo.

Explica que la formación del macho y feminicida no solo se limita a la recepción de mensajes y cultura en el hogar, sino a lo que ve replicado en el empleo, la vía pública, en la escuela u otro sector de convivencia.

Lamenta que esas agresiones u ofender con piropos en la vía pública persiste por la impunidad existente en el país.

Advierte que todo eso se replica con feminicidas en prisión, a quienes han entrevistado, encontrándose que tienen la misma visión machista, es decir, justifican los asesinatos con los siguientes alegatos: “solo debió ser mía”, “para qué se metió con otro”, “me faltó al respeto y por eso la asesiné” y “sí estoy arrepentido, pero, pues es que una mujer solo es de un hombre”.  

Dado que no solo las víctimas deben recibir atención integral, Gendes cuenta con una estrategia reeducativa de al menos de 52 sesiones, cada una de dos horas (un año de trabajo) dirigida a hombres agresores, cuyo modelo consiste en conformar grupos donde se cuestionan todas esas conductas de violencia normalizadas, y se trabaja para desaprenderlas y optar por formas de diálogo, respeto, empatía y no violencia hacia las mujeres.

Destaca la diversidad de hombres agresivos que se adhieren al modelo, que pasan por el hombre homosexual, trabajador de la construcción, doctor de la UNAM, joven de 21 años o adulto de 40 años, quienes tienen en común el machismo y haber cometido violencia en contra de la pareja, sea hombre o sea mujer. 

Algo tan simple como aprender a pedir permiso para realizar una acción, son los cimientos de una reeducación que busca erradicar aprendizajes machistas. Esto es el común denominador cuando se ingresa a las sesiones reeducativas.

UN HOMBRE NO SUELTA 

Un feminicida es un hombre sin autonomía, depende emocional y materialmente de una mujer, no asume responsabilidad y tiene distorsiones cognitivas, define Geru Aparicio Aviña, psicóloga clínica y maestra en victimología de la Universidad Nacional Autónoma d México (UNAM).

La también asesora técnica en el litigio estratégico para víctimas de delitos, especializada en feminicidios, explica que la violencia estructural mandata que la cultura de la legalidad se les pide a las mujeres, pero a los hombres frente a una mujer que los violenta, ejercen justicia privada.

Si bien la violencia cruza a hombres y mujeres, donde los primeros pueden sufrir lesiones de ellas a través de insultos, rasguños, pellizcos, jalones de cabello y cachetadas, es decir, agresiones físicas que no ponen en riesgo la vida. En contraparte, si ellos las cometen, a ellas les cuesta la vida. 

Utiliza la analogía de cuando los perros pitbull muerden y no sueltan lo que están oprimiendo, para ejemplificar que sucede algo similar con los agresores, es decir, no suelta a la mujer porque lo acompaña, le da servicios, es la madre de sus hijos y le lava la ropa.

Reguladora-ecológica-orgánica, es la denominación que acuña el académico Antonio Ramírez, para definir a las mujeres que no, a través de su persona, sino de sus servicios le gestionan al hombre las emociones y la supervivencia material, cita a Aparicio Aviña.

Aparicio Aviña precisa que las generaciones como los “millenials’s” y “centennial’s” tienen mayor información, por eso les denominan la “generación frágil”, dado que tuvieron una educación más igualitaria, a diferencias de las anteriores que eran menoscabadoras de derechos humanos.

¿Qué perfil psicológico hay detrás de un feminicida? 

Son hombres que a través de la violencia desean controlar, someter, dominar, dañar y castigar a mujeres que se viven como titulares de derechos humanos, es decir que se autodeterminan y hacen lo que ellas quieren con su vida, es decir, con su cuerpo, decisiones y comportamientos.

¿Hay factores determinantes para que un hombre se convierta en un feminicida?

Son hombres que tienen ideas rígidas sobre los comportamientos de lo que significa ser hombre y ser mujer, estas creencias no son únicamente individuales, están en la cultura misógina, son manifestaciones de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres, que se encuentran en todo orden social. 

Así que cuando las mujeres se empoderan como ciudadanas, titulares de derechos humanos, estos hombres lo viven como una afrenta a su masculinidad. Consideran el cuerpo de las mujeres como objeto de pertenencia de los hombres, no como personas en autonomía e independencia.

Después de una valoración amplia sobre el feminicida, queda claro que no surge solamente de cuatro paredes, sino de un amplio constructo social y cultural histórico de minusvalía hacia la mujer, que no está dispuesto a ceder y deconstruirse para garantizar la autonomía, libertad y derechos humanos de todas ellas.Sin embargo, comenzar a entender, comprender y desaprender una y mil veces lo ya dado por hecho, es un inicio indispensable para comenzar a cuestionarse desde las infancias, adolescencias y juventudes la cultura machista y sus mortales consecuencias, que a la postre puede ir erigiendo a un potencial asesino de mujeres…