Durante el último trimestre de 2016, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la delincuencia era la tercera problemática más grave que sufría la capital del estado. Un año después, había desbancado a las deficiencias en el alumbrado público, para ubicarse en el segundo lugar, detrás de los inamovibles baches.
La delincuencia se ha robado hasta la esperanza de los capitalinos. El primer trimestre de 2017, el 10.8 por ciento de los ciudadanos pensaban que la situación de la inseguridad mejoraría. Para el último tramo del año pasado, se había desplomado el indicador hasta sólo 3.9 por ciento.
De este modo, se refleja el deterioro de la inseguridad pública en la percepción de la ciudadanía capitalina durante el último año, que creció de 74.6 por ciento a 88.2 por ciento de los habitantes mayores de 18 años.
En general, todos los indicadores de la encuesta reflejan resultados negativos para la seguridad en la ciudad. El ciudadano percibe una mayor actividad criminal, más peligrosa y más expuesta, al mismo tiempo, crece la desconfianza, la decepción hacia las autoridades y la esperanza de que haya una mejora se achica.
“Focos rojos”
Entre los datos de la encuesta del Inegi se descubre su correlación con la realidad. Al inicio del año, los tres lugares que generaban mayor inseguridad eran los cajeros automáticos, el transporte público y las calles desconocidas.
Luego de que las noticias de atracos a cuentahabientes que habían realizado fuertes retiros de las sucursales bancarias, éstas pasaron al “top three”, con un incremento de casi el 10% en la percepción de inseguridad, que pasó de 63.5% a 72.5%.
Sucursales y cajeros son, globalmente, los lugares donde la ciudadanía se piensa más insegura.
Otra estadística preocupante que refleja la encuesta es que las expresiones más graves del crimen se han vuelto más visibles.
A principios de 2017, el 59.8% de la población dijo haber atestiguado algún robo o asalto. Para finales, la cifra había crecido a 67.4 por ciento.
El atestiguamiento de la venta o consumo de drogas creció de 30.1% a 39.1% en un año, mientras que los ciudadanos que dijeron haber presenciado disparos de arma de fuego subieron de 28.6 por ciento a 37.1 por ciento.
A la par del incremento de la actividad delictiva, la población que ha tenido que cambiar sus hábitos de vida por esta causa también ha crecido. Las personas que han optado por no cargar objetos de valor en la calle subió 9% en un año; la que ya no camina por las calles cercanas a sus domicilios creció siete por ciento y ya la mitad de la población no visita a parientes o amigos. En marzo, eran 42.1%.
Desconfianza y pesimismo
El aumento en la percepción de la inseguridad le cobra la factura a las autoridades encargadas de impedir su crecimiento.
El desencanto se centra en las autoridades locales, estatales y del ayuntamiento.
Mientras que las corporaciones federales, como el Ejército, la Marina, la Gendarmería Nacional y la Policía Federal tienen indicadores de mal o nulo desempeño por debajo del 30%, las corporaciones estatales presentan un 58.1 por ciento y la municipal, hasta 69.1 por ciento.
Por lo que toca a la evaluación de su desconfianza, la policía municipal lidera la lista, con un 32.1%, seguida de la estatal, que reunió el 27.7% de opiniones negativas.
El juicio de los encuestados sobre la capacidad del gobierno de la ciudad para lidiar con los problemas es lapidario: el 75.1% piensa que no puede hacerlo. Hace un año, era el 70.9% el que pensaba así.