Día de estrés para todos los panaderos

En medio del estrés por cumplir con la clientela, cientos de panecitos para celebrar a los muertos esperaban su ingreso al horno para aromatizar la panadería con las aguas de azar. Fue un día pesado, pero el panadero Gerardo Pérez Covarrubias sacó sus panes y los entregó a los clientes exigentes.

Como él, los panaderos de la ciudad se esforzaron por llevar el producto de la mejor calidad, y aromatizar el día de la bienvenida a los seres que se nos adelantaron.

El panadero del Eje Vial creó calabazas gigantes y prefirió endulzar y colocar ingredientes que van imponiendo moda, pero agregados de manera artesanal. En medio de la música y la espera de que el pan fermente, el “Pana Biker” escuchó la primera calaverita en la que aparece su padre ya no en el mundo terrenal, sino un Don Cande que ya acompaña a San Pedro.

A la memoria de su padre, Don Cande, se leyó: “Ellos querían conocer la luz / y la parca les dijo “una lana” / y llegaron a la Santa Cruz / con los bikers de la pana / La calaca se hizo ilusión / de ordenar a Gerardo ¡ande! / en la pana de la Aviación, / pero él ama a Don Cande / Ahora, papá Cande trascendió, / la calaca también quería el cielo, / el tahonero ni pan de muerto le dio / y el señor Pérez la dejó en vuelo.

Allá por los rumbos del Eje Vial la cosa pintó distinto. El panadero Francisco Javier García Alonso hizo lo propio y se inventó unas calabazas gigantes y les colocó vestimenta de catrina a las personas de la atención.

Eso de que José Guadalupe Posadas se burlaba de la muerte, fue una tradición hidrocálida.

Para él, la catrina es muy importante en la celebración del pan, porque finalmente San Luis Potosí es una ciudad muy cercana al Estado de Aguascalientes.