Resucitó Jesucristo en las escrituras religiosas, pero los que no saben resucitar otra vez abarrotaron las calles del centro de la ciudad, como parte de su descanso propio del Domingo de Resurrección.
Como si no hubiera semáforo de emergencia, aparecieron nuevamente miles de potosinos en el centro de la ciudad de compras, paseando, llenando los camiones turísticos, o recorriendo el tianguis de protesta.
Comprar una nieve en los puestos de la vía pública es relativamente fácil. No hay control sanitario alguno, pasan vasos de mano en mano, por igual salpican con sus gotículas los clientes que no llevan cubrebocas, y los que sí se protegen pero compran, se convierten en potenciales víctimas de contagio.
La festividad religiosa era lo de menos. La cosa para los vacacionistas era pasear. Aparecieron padres de familia con sus niños y probablemente hasta con sus sobrinos, frecuentemente sin usar mascarilla o cubrebocas. Había niños que por igual tiraron algo en el piso y lo levantaron sin ninguna medida sanitaria. Otros que rozaban sus manos en barras de contención de ventanas de comercios, se tomaban con fuerza de los respaldos de las bancas del área pública, exponían su cara a los estornudos de otros, o destapaban un alimento chatarra sin siquiera limpiar la envoltura.
Los que compraban refrescos en tiendas de conveniencia, se los llevaron directamente a la boca después de tomar el dinero del cambio.