El centro vive desolados atardeceres y sin policía

Un panorama casi desolado, es el que ofrecen las tardes en el Centro Histórico de la capital potosina, que en los meses de la pandemia ha obligado a buscar estrategias para alejar concentraciones de gente de las calles principales... y aún así abundan aquellos que sólo van a pasear a los principales corredores comerciales.

El cierre de tiendas no respeta giros. Conforme los propietarios de los negocios van resintiendo la soledad de las calles principales, piden a sus empleados bajar las cortinas, trabajar en los cortes de caja y retirarse.

Al mismo tiempo, va desapareciendo poco a poco en el ruido del tránsito vehicular, no se escuchan las voces de los vendedores ambulantes o los pedigüeños que diariamente concurren en los pasajes peatonales y comerciales.

Inclusive las calles se vuelven inseguras, porque también está ausente la vigilancia de cualesquiera de las corporaciones policiales.

A mediodía es un contraste. Por todos lados aparecen personas que acuden a las calles del centro a mirar aparadores o nada más para caminar, sin ninguna medida de distanciamiento social, ni dispositivos para evitar la invasión de algún virus por las vías respiratorias o bucales. Por igual abundan personas para las que el cubrebocas es sólo un accesorio que se lleva en el cuello, y comerciantes ambulantes que ni siquiera lo utilizan.