Cuando pensamos en un acontecimiento de carácter histórico, por ejemplo, la Revolución Mexicana, inevitablemente algunas imágenes se vienen a la mente, aquellas que vimos en libros de texto, periódicos o revistas, mismas que fueron copiadas por pintores o ilustradores y, a la vez, inspiraron escenas para el teatro, el cine y la televisión.
El imaginario social mexicano de la época porfirista y durante la Revolución, se alimentó en gran medida de los medios impresos que a finales del siglo XIX fueron incluyendo a través de innovadoras técnicas una serie de imágenes: viñetas, dibujos, pinturas, grabados y fotografías. En ese sentido, una de las primeras asociaciones que se dedicó a registrar los acontecimientos de forma visual que llegaron hasta nuestros días como testimonios del pasado fue la Sociedad de Fotógrafos de Prensa. Creada en 1911, se integró por quienes pueden considerarse los iniciadores del fotoperiodismo mexicano. Sus fundadores fueron Agustín Víctor Casasola del periódico El imparcial, Ezequiel Álvarez Tostado de El mundo ilustrado, Samuel Tinoco de La Semana Ilustrada, Ezequiel Carrasco de Revista de Revistas, Antonio Garduño de El Diario y el potosino Manuel Ramos quien trabajaba en aquel momento para El País.
Ramos capturó la escena legendaria de Francisco Villa sentado en la silla presidencial junto a Emiliano Zapata y otros revolucionarios en Palacio Nacional. Además, fue testigo de momentos emblemáticos como la entrada del ejército zapatista a la capital del país, y siguió día a día la Decena Trágica dejando como constancia invaluable imágenes que quedan en la memoria colectiva mexicana.
Recientemente, el MAC (Museo de Arte Contemporáneo) de San Luis Potosí, exhibió una fotografía del talentoso Ramos en una sala independiente a la exposición itinerante dedicada a la Pieza del Mes. Esta instantánea muestra una veta más íntima y personal del fotoperiodista, pues en ella retrató a sus hijas en un juego que puede parecer inocente, la personificación de Francisco I. Madero. Entonces ¿cuál es la historia detrás de la enigmática imagen? Para descubrirlo es necesario conocer a su autor.
Manuel Roberto Ramos Sánchez nació en el municipio de Venado, San Luis Potosí, el 10 de junio de 1874, hijo de Dolores Sánchez y Vicente F. Ramos. Sin embargo, un halo de misterio rodea la figura de Manuel, pues hasta la actualidad, no contamos con información que indique hasta cuándo permaneció en el lugar que nació. Tampoco sabemos con certeza la fecha de su traslado a la Ciudad de México, ni de su formación como fotógrafo.
Su archivo fotográfico personal ofrece indicios que permiten hacer algunas especulaciones. Por ejemplo, un retrato realizado por Cruces y Campa, fotoestudio que popularizó las “Tarjetas de visita” utilizadas en la segunda mitad del siglo XIX, lo ubica en la Ciudad de México a la edad de 7 años. Otro retrato fechado en 1891, a través de la dedicatoria a su madre, corrobora que la capital del país fue su lugar de residencia. En el reverso de la imagen puede leerse: “Mamacita: Nunca olvides rogar a Dios por tu hijo y siempre que veas el presente no te olvides de bendecirme para que siempre cumpliendo mis deberes merezca gozar de la bienaventuranza prometida”.
Sobre la etapa en que Manuel aprendió el oficio de la fotografía, en el membrete de un retrato juvenil, su apellido paterno resalta en letras doradas, lo que hace suponer que su perfeccionamiento detrás de la lente pudo haber sido en el estudio “Fotografía Artística Aguirre y Ramos”, sociedad que colaboró con piezas y anuncios en los semanarios ilustrados El Mundo y Frégoli. La publicación en 1889 de una imagen de autoría individual de Ramos, captó al entonces presidente Porfirio Díaz en la ciudad de León, Guanajuato, durante uno de sus viajes en ferrocarril, lo que fortalece la hipótesis que sitúa a Manuel como fundador del fotoestudio, al tiempo que da cuenta de su transición de retratista a fotorreportero. Su oficio implicó trasladar el pesado equipo fotográfico a donde considerara digno de una noticia gráfica, hasta 1900 gran parte de su producción para la revista Cómico fueron imágenes de actividades de esparcimiento como el teatro y las corridas de toros
Durante la primera década del siglo XX las imágenes de Manuel Ramos se publicaron con mayor frecuencia en El Mundo Ilustrado, La Semana Ilustrada y Arte y Letras, lo que consolidó su prestigio como artista de la cámara, con imágenes costumbristas y un tanto humoristas. Durante este periodo, Ramos fotografió el aparente apacible régimen de Porfirio Díaz, y se dedicó al registro visual de los convivios y ceremonias de la élite, así como de las tradiciones religiosas y la construcción de edificios, hechos que se traducían en símbolo del progreso nacional.
A partir de 1910, se dio inicio a un nuevo ciclo en la historia del país, el descontento de los menos favorecidos provocó el levantamiento de armas en diferentes regiones del país en contra del gobierno dictatorial. Manuel Ramos atestiguó los últimos esplendores de la dictadura y vio la ascensión de Francisco I. Madero a la presidencia de México en 1911.
La fotografía en blanco y negro expuesta en el MAC, está fechada en 1912, y se titula Guadalupe Ramos personifica como presidente Francisco I. Madero a su hermana Carmen y, en efecto, en ella podemos ver a una niña de aproximadamente 6 años que se encuentra de pie y porta un vestido claro a la altura de las rodillas y manga hasta el codo; lleva calcetas oscuras con botines y, su angelical rostro, se enmarca con un gorro que parece tejido y adornado con flores de tela a los costados; sonríe mientras sostiene con una mano un bote de metal y con la otra una brocha que aun chorrea pintura.
Sentada en una silla extrañamente inclinada se ubica Carmen, según indica el nombre de la foto de apenas unos 4 años de edad; de pelo muy corto, también lleva un vestido claro similar al de su hermana, entrelaza sus manos sobre un ejemplar que reposa en su regazo de la publicación semanal Multicolor. Con rostro despreocupado, se destacan sus ojos inocentes y su boca está rodeada de una mancha negra que simula bigote y barba de candado, así como unas cejas pronunciadas que acentúan la mirada dirigida hacia la cámara y que observa directamente al espectador de la pieza. La escena transcurre apacible al aire libre, y en el fondo se observa una barda sami cubierta de enredaderas.
La imagen de dos niñas jugando resulta una mirada irónica al transitar de Francisco I. Madero en la presidencia. Durante su mandato presidencial, fue constantemente caricaturizado en diversas publicaciones que evidentemente no comulgaban con los ideales del mandatario. Su menuda fisonomía y baja estatura, aunada a sus inclinaciones espiritistas y el fuerte vínculo con su esposa, fueron objetos de sátira por parte de ingeniosos artistas gráficos. El que Ramos haya incluido en la escena un ejemplar de Multicolor, no hace más que corroborar esta teoría, pues la publicación se destacaba por sus constates ataques al coahuilense. Madero asumió el poder en medio de una tensión política muy fuerte entre los partidarios del antiguo régimen y quienes fueran aliados del gobernante. Manuel Ramos evidenció con sarcasmo su posición política en esta bella imagen.
La intrigante foto fue impresa en plata sobre gelatina del negativo, que en ese entonces era de vidrio, por Voya metrovic, impresor fotográfico ubicado en París, mide 92 x 82.5 cm. Se complementó su exhibición con la proyección continua del documental “México y su gente” realizado por Ramos entre 1924 y 1928, vigente en el recinto dedicado al arte contemporáneo del 19 de julio al 21 de agosto, como parte de la celebración por el décimo aniversario del Museo y compartiendo escena con la exposición 12 artistas, creadores también de origen potosino.
La fotografía de Manuel Ramos donde una de sus hijas caracteriza a la otra del presidente Madero, retrató aquello que no se podía ver como la gestación de un nuevo Estado mexicano y expresó con maestría la desaprobación del rumbo que estaba por tomar la nación. Es una pieza visual única, resultado de su tiempo, de sus ideologías y de las férreas creencias de su autor.