El sol se desliza por las calles del Centro Histórico, derramando una luz sueve sobre las ventanas del Centro de Rehabilitación "La Santa Recuperación." Este constituye un refugio para aquellos que han quedado atrapados en la marginación de la sociedad, un sitio donde los relatos de sufrimiento y transformación se entrecruzan en una historia compleja.
Las voces y sonidos que se escuchan al pasar por la calle de Universidad exponen las situaciones que orillaron a 20 hombres a dejar atrás la libertad y enfrentarse a la cruda realidad de la vida en un anexo. Aquellas miradas pintan retratos de arrepentimiento de los que ahora llaman hogar a este lugar.
Entre estas paredes, el tiempo toma una perspectiva renovada, los días transcurren en una secuencia de rutinas. Sin embargo, en medio de esa monotonía surgen pequeños actos de resistencia; los lazos de amistad y solidaridad entre los residentes se transforman en un colchón que aligera la vida cotidiana.
Me ves, aquí estoy
Hace ocho meses Emilio Álvarez llegó a la Santa Recuperación después de haber pasado por otros dos anexos en donde la calidad de vida que le ofrecían era pobre y desagradable. Hoy, Emilio con seguridad y una sonrisa que se asoma apenada, dice sentirse bien consigo mismo. "El trato y la comida que me daban en los otros anexos eran malos, aquí todo es muy diferente, bien agradable. La gente les dice Anexos, pero no, son un Centro de Rehabilitación, nos tratan bien", comentó.
Nacido en San Luis Potosí, Emilio es hijo único en un matrimonio en el que, además, tiene cinco medios hermanos de parte de ambos padres. A los 14 años descubrió su pasión por el Rock and Roll y pudo desenvolverse como guitarrista, vocalista y baterista en concursos escolares.
Pasaron tres años después de que descubriera su habilidad en la música para que contrajera matrimonio, pues apenas teniendo17 años tuvo a sus dos hijos, mientras trabajaba como montacarguista.
En este punto el panorama se cargaba de responsabilidades adultas, y cuando cumplió 25 años la vida le dio un giro de 360 grados después de que sufriera una agresión y recibiera varios impactos de bala: tres en el abdomen, uno en la espalda y otro en la pierna izquierda.
Como muchos otros, Emilio a quien también se le conoce por "El Ruedas" llegó al Centro por la intervención de uno de sus familiares, esto después de que su tío lo viera en situación de calle.
Después de atravesar por esa etapa gris, actualmente lleva su proceso de recuperación mediante consultas de terapia individual y grupales con su psicóloga Leslie Bravo, talleres de manualidad y creatividad; así como sesiones de sanación en compañía de sus amigos.
Señala que, el estar como interno en este Centro de Rehabilitación además de ayudarlo a superar las recaídas en las drogas, también le ha servido para descubrir su pasión por el arte, "podría decir que ya me convertí en artesano", comentó.
Uno de los desafíos que más le cuesta sobrellevar al "Ruedas" es el tema del aislamiento. "A mi mente le cuesta trabajo este encierro, hay días buenos y días malos, quisiera salir a hacer las cosas que me gustaban, pero estoy aquí y ahora solo me queda esperar y trabajar en mi", agregó.
Historias de resiliencia
Amablemente Emilio se ofreció a darnos un recorrido por las instalaciones del recinto en donde también nos presentó con Misael, Luis Alberto, Juan, Esteban, Oscar, José Pablo, Raúl, Faustino, Jonathan, Iván, José Rubén, Oscar, Víctor y Oscar Alejandro, quienes son sus compañeros.
En la primera habitación duermen los nueve más jóvenes en unas de las cinco literas. "Fíjate que está a gusto, los compas se llevan chido, pero ahora que llegue más fuerte el calor los que duermen arriba la van a sufrir gacho", dijo.
En el patio pudimos ver al "Hermano del Psicópata" y a "El Trailero" jugar una partida de ajedrez que, aunque les faltaban peones, unas colillas de cigarro y unos tornillos pudieron complementar el esperado jaque mate. Volteando a la izquierda se ve un espacio adaptado para el gimnasio. Juan y José Pablo acomodan y sacuden el saco de box para pegarle durante un buen rato. "Aquí los cuates se dan sus momentos para tronarse el cuerpo y desestresarse."
El rinconcito de la suite es donde Emilio duerme frente a un altar que, con dibujos, veladoras y ofrendas está dedicado a la Santa Muerte. "somos libres, ¿no?, aquí cada quien decide si creer en ella o en otra cosa, no juzgamos."
Camino hacia la reinserción
El objetivo de "La Santa Recuperación" es brindar programas que además de corregir conductas, ayuden a restauran la autoestima y la confianza que se perdieron. "Me gustaría tener una casa propia con las comodidades que se necesitan, poder enseñar música con la guitarra y sobre todo formar un hogar con una compañera de vida y con hijos", compartió "El Ruedas".
La lucha contra la adicción no es solo una guerra interna, sino también un campo de batalla devastador para aquellos que están cerca. En el corazón de esta lucha particular se encuentra el vínculo entre un padre y sus dos hijos, quienes sueñan con una conexión que debería ser invulnerable pero que, bajo los recuerdos de una vida pasada, se vuelve frágil. "No he estado con mis hijos como debería, eso es otra de mis metas. Poder tener un trabajo y una estabilidad económica que me permita volverlos a buscar."
El hecho de abordar adecuadamente las necesidades emocionales y psicológicas de quienes buscan tratamiento no solo mejora las posibilidades de recuperación a largo plazo, sino que también promueve un bienestar integral. "Aquí me enseñan a no pelear con esos fantasmas de las cosas que ya no me puedo perdonar, las separaciones de mi familia, el estar en silla de ruedas, el no jugar futbol ni bailar son cosas que me molestaban, pero sigo trabajando para ser más fuerte que ellos."
Los anexos, a menudo son vistos como instituciones estigmatizadas que se desenvuelven en problemas y conflictos; sin embargo, hoy juegan un papel crucial en la formación de sus egresados, quienes esperan formar parte de una sociedad relativamente estable. "El estar aquí me ha transformado y me ha vuelto a enseñar quién es Emilio Álvarez. La persona que llegó después de que lo recogieron ya no soy yo, él era una persona perdida"
A medida que el tiempo en esta instancia avanzaba, se le cuestionó a Emilio dos preguntas importantes que lo dejaron interesado por conocer y reconocer su paso por esta vida.
Uno. ¿Qué le dirías al Emilio de hace cinco años?
—Ya no lo quiero volver a ver.
Dos. ¿Qué le dices al Emilio que vendrá en cinco años?
—Lo logramos, lo hicimos, nos pudimos volver a reunir. Misión Cumplida.
Como parte de su testimonio Emilio comparte un mensaje de advertencia. "Las drogas no son un juego. Yo empecé a hacerlo por diversión y no es como nos enseñan en la tele de que sudan o su cabeza viaja, la realidad es que se nos hace una necesidad que el cuerpo pide".
Agrega que su caso sonara muy cobarde, "pero yo lo hice para escapar de los problemas que tenía sin saber que eso se convertiría en un problema más grande."
En la sombra de la sociedad, reside una realidad dolorosa pero poco discutida: las etiquetas despectivas de las personas que luchan con problemas de adicción. "Nos catalogan como lo más basura que puede existir en la sociedad: rateros, violadores, secuestradores. Yo soy una persona que como todos en ese mundo comete errores, pero de esos mismos errores he aprendido y soy lo mismo que todos", concluyó.
El mundo de afuera
¿Qué es lo que sigue? Tras las puertas de madera de este Centro se encuentra una sociedad paralela, que observa a través de las ventanas enrejadas rostros y miradas vacías y a la vez llenas de esperanza, testimonios vivientes de la lucha constante contra los llamados demonios internos.
Aquí, la soledad no es solo el final de la vida, sino el principio de un viaje hacia la reinserción.
Raúl Costanzo y Yahir Rangel, son descritos como héroes sin capa. Ellos son los famosos padrinos de La Santa Recuperación y quienes se erigen como pilares fundamentales en el proceso de recuperación de sus internos. Su presencia, marcada por las experiencias que han visto pasar contra las adicciones, les otorga un sentido de identificación y empatía con quienes atraviesan estos momentos de vulnerabilidad.
Se preguntarán, ¿quién es o qué hace un Padrino? La labor de un padrino va más allá de las simples palabras de aliento. Acompañan a los residentes en cada etapa del proceso de recuperación, desde los difíciles primeros días de abstinencia hasta la consolidación de un proyecto de vida libre de adicciones.
El Padrino Raúl, nos describe cual es la diferencia entre un anexo y un centro de rehabilitación: "Más que nada el trato. En como es la relación que hay entre el paciente y todo el personal que trabajamos aquí. Yo creo que marca la diferencia porque, no son solo las instalaciones, sino el trato y la confianza que damos y recibimos."
Mientras nos adentramos en el relato de aquellos que han traspasado este umbral, explorando los desafíos, las ilusiones y los logros que les esperan en el camino, se señaló que como todo proyecto este Centro tiene como objetivo a mediano plazo egresar al 80 por ciento de sus residentes que hayan cumplido el año. "Esto sería un panorama muy favorable y volátil porque las estadísticas están en contra", mencionó.
Seis meses, ocho meses... el tiempo transcurre dentro de esas paredes, y al final del proceso, la puerta se abre de par en par. Pero ¿a dónde van y con qué armas? "De verdad que aquí tratamos de no dejarlos solos, de siempre acompañarlos y también localizarles puestos de trabajo."
Sin embargo, ante este panorama alentador, la realidad es que la sociedad no siempre está lista para recibir de brazos abiertos a aquellos que alguna vez transgredieron las normas. El rechazo puede convertirse en un pesado obstáculo para quienes buscan una segunda oportunidad.
La respuesta de este tema radica en la urgencia de fomentar una sociedad más comprensiva y solidaria, que brinde oportunidades genuinas de reinserción.
Por ahora, estos rostros próximos a lograr su salida del centro de reinserción se encuentran en una lucha constante por demostrar que están armados no con la violencia de su pasado, sino con las herramientas para construirse un futuro mejor.