El sueño, la liturgia futbolera y la explosión en redes

De manera religiosa y fervorosa, ajenos al resultado final y a la despedida de los estadios mexicanos del “Mundial del T-MEC” que corre por su cuenta, los de la mercadotecnia y los consumidores se trenzaron en una batalla por ganar la clientela de cara al partido que disputarían Inglaterra y México a las 6 de la tarde de este domingo, arropados por el sueño de un triunfo. 

Ya había pasado el encabronamiento de Javier Aguirre por el acto de la FIFA de adelantar el partido al mediodía. Con la plana enmendada, lo de más era echar a andar la maquinaria, y hasta los empresarios potosinos la llevaron.

Unos cuantos días bastaron desde el partido con Ecuador, y restauranteros potosinos, propietarios de negocios, franquicias, diseñadores de playeras originales y piratas y hasta una empresa de transporte urbano, crearon su propio panorama para calentar el ambiente previo al encuentro de futbol entre México y la selección de Inglaterra. Las franquicias estadounidenses eliminarle el inglés hasta de sus marcas y diseños, los restauranteros locales bromearon que no venderían salsa inglesa ni nada que se le parezca. “¿Y si sí?”, fue la frase que se metió en los huevos hasta la cocina.

DEL AYUNO AL DESAYUNO 

De repente, en ayunas y de compras, las señoras que preparaban el huevo entraron en shock al encontrar la leyenda en los huevos puestos por las gallinas hace poco menos de una semana, sellados con la leyenda “¿Y si sí?”, la frase que primero apareció como un meme a la artífice de haber traído el mundial al país, Enrique Peña Nieto, con una traducción palabra por palabra y la leyenda “And if yes?” para referirse a la esperanza de triunfo en el partido mundialista más esperado de la historia futbolera mexicana del torneo 2026. Los huevos estrellados y el omelette deseaban suerte a la Selección Mexicana. 

LA RUTA A LA ESPERANZA 

Antes de siquiera conocer el verdadero peso de los equipos, los programadores de Transportes Tangamanga colocaron en sus letreros de ruta, por autorización de Ricardo Medina Macías, esa especie de mantra o poema urbano: Avenida Salk —¿y si sí?—, Salvador Nava —¿y si sí?—, Zona Universitaria —¿y si sí?... como una forma de calentar el ánimo y entretener a la gente.

Obvio. No se sabía qué pasaría. Es más, nadie reclamaba en redes que el T-MEC, el que ha movilizado la economía en los últimos 32 años, tiene fecha de caducidad, por culpa de los negociadores.

Eso sí, la leyenda de esperanza estaba en la ruta.

A COMER Y COMPRAR 

Los restauranteros le entraron duro y mandaron mensajes en sus redes sociales para el anecdotario: Juan Carlos Banda Calderón, expresidente de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y Alimentos Condimentados (Canirac) puso la nota divertida al prohibir de manera absoluta el uso de la salsa inglesa, como boicot gastronómico en la nariz de los comensales. 

Fue así como se arriesgó, tal y como lo decidieron allá por los rumbos del sur de la ciudad, aquellos que provocaron el choque de trenes entre la cultura inglesa y la lengua, al cambiar el nombre de la plaza comercial “The Park por “El Parque”, como una forma de caer a los pies del idioma español.

LOS JÓVENES PAMBOLEROS 

Ya no bastó con vestir la playera blanca, la playera verde o la playera negra. Amigos, familias de adolescentes y parejas de novios, contemplaban entre risas y sorpresa en sus redes sociales, la propaganda de las grandes franquicias extranjeras, que por obra y gracia del espíritu de sus CEOs, de pronto pasaron de las barras y las estrellas y el Tío Sam, a un lenguaje más mexicanizado para acercarse a la afición, esa misma que contempló con tremendos nervios el partido en desarrollo. 

Los chamacos decidieron que no calzarían los sneakers de la mayor empresa leonesa de fabricación de zapatos, sino solamente los tenis. Aquellos que buscan el outfit perfecto, lo cambiaron por vestimenta que por un día no se llamó denim, sino la vistosa mezclilla al gusto y vieron los ejemplos en “Águila Americana”.

Ya con su atuendo, irían por una pizza, para hallarse con “El Pequeño César”, o tal vez caer en las burger y encontrarse con “Carlitos” en espera de la hamburguesa de su gusto.

El postre de los enamorados, aparecía en las redes como “La Reina de los Lácteos” (RL). En el tráfico se hallarían a los que en redes sociales buscaban las hojas de impresión de las promociones de juicio de amparo de última hora, en la “Oficina Máxima”. Otros pidieron pollo de “Peregrinos” y la mayor automotriz japonesa pasó sus palabras inglesas a la lengua de Cervantes.

MERCADOTECNIA HASTA EL DELIRIO

Hasta una compañía de tiendas de autoservicio de origen estadounidense, sometida a los designios de su presidente extremo derecha, cambió la pronunciación de su tienda para dar chance a que se quede como “Ei chi bi”, para celebrar a la afición y el equipo de Javier Aguirre, en el 40 aniversario de su hazaña de México ‘86

De la misma forma en que las redes sociales registraron ventas de playeras originales de la marca autorizada, en los mercados también las compras se repetían una y otra vez, con motivos diversos y banderitas.

LA BATALLA DEL 

Es un México que ganó su propia batalla, la que por tercera vez como anfitrión es la fe de aquel “¿Y si sí?” de 2026 y de la identidad nacional, aunque sea por un partido de futbol y del reto viral de los mexicanos y las compañías transnacionales, que será para siempre, para el anecdotario y para contar de boca en boca a los nietos, mientras se les entretiene si un día se cayera de manera global el internet.

Es este el México de las playeras, de las cervezas para abonar a la diversión y de la carnita asada que sea cual sea el resultado, tenía que arder a las brasas.

Es un país futbolero distinto de aquel México ‘86 donde la que “Chica Chiquitiboom” no era personaje central de sanción a los promotores, por la cosificación de la apariencia, o la violencia de género que en el análisis actual reviste el personaje. Tampoco es el México ‘86 del mismo Aguirre que jugaba como seleccionado, el equipo tricolor tenía mucho corazón para ganarse el trofeo de la amistad y demostrar en aquella cancha, que sabía cantar muy bien en un disco de microsurco de 33 revoluciones.

Fue un San Luis Potosí más bravo, más seguidor de esos jugadores y más exigente. Fue el San Luis Potosí que en 1970, en 1986 y en 2026, espero algo de su selección nacional.