Entre lágrimas, San Juan de Gpe. vive el Viacrucis

Alrededor de 2 mil 500 personas presenciaron la ya tradicional escenificación

En medio de rezos, algunas lágrimas y silencio parcial, este Viernes Santo se llevó a cabo la representación de la Pasión de Cristo a las afueras del templo de San Juan de Guadalupe, con la asistencia de alrededor de 2 mil 500 personas que presenciaron la obra. 

Para esta ocasión, las estructuras por donde pasaron los actores no lucieron cubiertas con mantas u otra tela, arregladas o remozadas de los costados, para evitar que se observarán las bases metálicas.

Pese al clima caluroso y bochornoso que se suscitó en el evento religioso, la edición número 58 de la Pasión Viviente se desarrolló sin contratiempos. Este año, Miguel Ángel Zavala Pérez de 31 años de edad personificó a Jesús. 

Zavala Pérez mantuvo cargada la cruz de madera por casi dos horas, cuyo peso estimado es de 110 kilogramos, mientras era azotado por los soldados romanos con cuerdas y mecates. 

En los pasajes bíblicos expuestos en la representación, Jesús de Nazaret padeció la traición de Judas Iscariote, la aprehensión de las fuerzas romanas, así como las humillaciones del ejército. 

Transcurrida la actuación donde Jesús sufrió las tres caídas cargando la cruz de madera, la Verónica le limpió el rostro, justo cuando fue sentenciado a ser crucificado junto a dos ladrones.

La escenificación a cargo del Taller Cultural de San Juan de Guadalupe, concluyó con la crucifixión y fallecimiento de Jesús de Nazaret, en medio de lágrimas de algunos niños y adultos mayores presentes. 

Al igual que en otras ediciones, por algunos momentos se nubló el cielo, lo que generó sorpresa y significación mística entre ciertos asistentes, y dio una sensación de “realidad” a la Pasión Viviente.

Como en todo evento popular urbano, en las inmediaciones del jardín y del templo, comerciantes ambulantes aprovecharon para vender frituras, raspados, nieve, frituras, frutas con picante, aguas frescas y comida típica mexicana.

Algunos de los desechos de los alimentos y productos consumidos por los asistentes, en lugar de ser depositados en los pocos cestos de basura lucieron dispersos en el piso, las banquetas y arbustos del jardín.