Feminicidio, el crimen que une tres historias

Testimonios como los de Esperanza, Graciela y Patricia abundan en los rincones de San Luis Potosí y México, los feminicidas de sus hijas caminan con tranquilidad en las calles

Estar a su lado hace cuestionar cómo tres mujeres, soportan la apatía y la indolencia institucional, porque no sólo aguantan caras largas y constantes expresiones como “¡ah, es usted!”, sino el dormir a deshoras, tener pesadillas, temer perder a sus otros hijos o nietos, recibir amenazas y leer a diario el asesinato de otra mujer.

Aunque las separan cientos de kilómetros de distancia, cargan la misma pena, esa que no puede curarse después de 3, 5 o 9 años. Ni la mejor terapia psicológica o el más adiestrado tanatólogo pueden sanar su tristeza.

La única verdad que recuerdan al despertar, es que su hija ya no está y que los culpables de sus asesinatos gozan 

de libertad.

No es necesario que lloren para saber que el delineador de sus ojos se ha corrido en miles de ocasiones, sobre todo en cada aniversario luctuoso.

Viven con la constante expectativa de recibir una llamada telefónica, un golpe a la puerta o hasta un mensaje de WhatsApp que les anuncie la detención del feminicida de sus hijas, pero afuera se acumulan las carpetas de investigación por feminicidio.

Nos volvemos investigadoras

Debido a que en las indagatorias se trastocaron intereses, Esperanza Lucciotto López, madre de Karla Pontigo Lucciotto, víctima de probable feminicidio en octubre de 2012, y sus dos hijos recibieron amenazas, motivo por el cual se activó el mecanismo de protección de la Secretaría de Gobernación (Segob), disposición desatendida por la Secretaría de Seguridad estatal, ya que, les asignaron custodia policial, pero de solo una persona.

El paso del tiempo no ayuda y con la sucesión del poder en la gubernatura del estado, doña Esperanza tiene reserva sobre cómo será el futuro inmediato de la investigación, que actualmente es atendida por una fiscal especial externa, ello, debido a que la Corte ordenó a la Fiscalía reabrirla bajo el delito de feminicidio e indagar con perspectiva de género.

En mayo de 2020, uno de sus hijos salió ileso de un intento de rapto, incidente que la estresó y la regresó al 28 de octubre de 2012. La situación evidenció que la “protección” no funcionó.

Espera sostener una reunión con el gobernador José Ricardo Gallardo Cardona, no solo para que escuche la marejada de irregularidades institucionales en su investigación, sino también las historias de otras familias ávidas de justicia en el asesinato de sus hijas, madres o hermanas.

“La vida para nosotros dio un giro de 180 grados. Ya no es lo mismo, ya no se vive igual y menos buscando justicia”, reflexiona la entrevistada.

“Mi salud se ha deteriorado mucho, al grado de no poder caminar. El cuerpo lo reciente, porque se lleva un dolor muy grande”.

—Amnistía Internacional comenta que usted sin buscarlo, se ha convertido en una activista y en casi una especialista en cómo exigir una investigación de feminicidio.

-Así es. Desgraciadamente el dolor tan grande que tú llevas, te hace ver y palpar las cosas. Nosotros como madres nos volvemos investigadoras, nos volvemos sabuesos, nos volvemos todo, porque a quién mejor que a nadie nos interesa lo que pasó y por qué, y que se castigue. Voy a seguir luchando hasta el final, hasta donde tope como se dice. Así quede en el camino, pero yo tengo que seguir por Karla y por todas. 

—¿Confía en que llegue el día en que toquen a su puerta y sea el fiscal, informándole de la resolución de la investigación?, se le pregunta.

-Sí tengo mucha fe que va a llegar ese día. Eso es lo que más anhelo, que vengan y me notifiquen que esto llegue…ahorita tengo mucha fe de que el nuevo gobierno venga con esa gran disponibilidad y una mayor apertura. 

—En la actualidad, ¿cómo es su vida social o su convivencia con amigos y demás familiares?

-Buen punto, porque vida social casi no tenemos. A pesar de que los chicos están en una edad, yo siempre pido que todos estemos resguardados. No sabemos de qué manera les pueda pasar algo, el caso se renueva y puede haber mil cosas y no sabes de quién te vas a cuidar.

¿Duele un monumento?, 

¿duele una pared?

Migrante, “colaborador” de Rocío Guadalupe Roque Aguilar, víctima de feminicidio en 2018, administrador de una taquería instalada afuera de su casa, tales eran las actividades en las que se desempeñaba Víctor N., presunto feminicida.

El acceso a la verdad y a la justicia no existe para la madre de la víctima, dado que la frialdad de una cárcel no será la futura residencia del asesino; la corrupción e impunidad campean en las investigaciones a cargo del Ministerio Público, denuncia, Graciela Aguilar, madre de Rocío Guadalupe.

“Sí notaba demasiada agresividad. La gente me decía de las agresiones a mi hija, pero desgraciadamente uno no puede hacer nada hasta que ellas denuncien las cosas”, rememora sobre el continuo martirio que padecía Rocío.

“Yo a esa persona no les deseó ningún mal. Que le impongan un castigo, tampoco, porque eso no me regresará a mi hija. Yo pienso que, si a mí me cambió la vida y vivo así, yo no me quiero imaginar cómo vive esa persona; creo que eso ya no es vivir. Yo creo que la vida, se encargará de su castigo”, dice con voz entrecortada.

—¿Parece que esa es una solución, que las autoridades vean quemado y pintado todo, para que solamente así volteen a hacer justicia, a llevar a los asesinos a 

las cárceles?

—Pues eso a lo mejor ayude en algo, esas manifestaciones ¿verdad?

—Ha visto todas estas manifestaciones de mamás, hermanas, padres y familias de mujeres asesinadas donde realizan pintas y queman cosas, y muchos critican que lo hagan, pero ¿no es más que justo toda esta rabia que tienen las mujeres en San Luis Potosí y en el país?

-Pues claro que sí, porque ¿Duele un monumento?, ¿Duele una pared?, ¿Usted cree que eso duele más que la vida de una hija? Te rayan y sí, tal vez sea desorden, pero ¿de qué otra manera se pueden manifestar las personas?

—¿Usted qué piensa de esta época en la que asesinan a 10 u 11 mujeres diariamente en el país?

-Es como una gran decepción que no se castigue a los culpables. Que a veces, por dinero, salgan en libertad, puede haber más víctimas a raíz de eso y no les importe. Es algo muy triste que no haya justicia, que las carpetas se acumulen y ahí sigan. No sé si sea necesario castigos más severos, porque no hay temor; sigue pasando.

Me mantengo en pie por 

mí fe, sin ella no podría

A cinco años y poco más de cinco meses de aquella madrugada fatídica, la señora Patricia Rojas rememora que en su infancia Samantha Jocelyn Rodríguez Rojas jugaba a ser médica, pero con el paso de los años sobrevino la gran duda: nutrición o medicina y fue durante la preparatoria que la decisión quedó confirmada: medica cardióloga sería el objetivo en 

la UASLP.

Samantha Jocelyn, de entonces 21 años, quien cursaba el tercer año en la Facultad de Medicina de la UASLP, fue asesinada el 6 de marzo de 2016 en una reunión a donde acudieron otros compañeros de la casa de estudios.

Aunque la capacidad intelectual es vital para potenciar las capacidades y aptitudes de cada ser humano, en el caso de Samantha Jocelyn sus antecedentes parecen evidenciar que su vocación era ayudar al prójimo, así lo revelan sus acciones desinteresadas.

Un colegio de religiosas, caracterizado por albergar niñas huérfanas, la vio cursar el preescolar y la primaria, niveles donde conoció a dos gemelas sin padres y a una niña con una discapacidad en 

un brazo.

Mientras a las primeras les llevaba lonche que preparaba en su casa, a su otra amiga la llevaba de un lugar a otro para que no estuviera sola, la ayudaba a sujetarse las agujetas del calzado y a subir 

al columpio.

Ya en la secundaria prosiguió con su compañerismo, pues ahí encontró a Luis, un niño de escasos recursos con quien forjó una amistad que se extendió hasta la preparatoria. Ahí, ambos coincidieron en que deseaban estudiar medicina.

Dado que su capacidad económica no le permitía pagar la cuota de la UASLP, su amigo optó por el Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Él ingresó a la licenciatura un semestre después que ella, por lo cual le iba facilitando los libros que ya no llevaría en las asignaturas posteriores. Más tarde le obsequió su laptop.

Lo anterior cobra relevancia, pues antes de ser privada de la vida, su madre le había comprado un equipo de diagnóstico y fue así que doña Patricia decidió entregárselo a Luis.

“Yo sé que su compañero no iba a tener para uno, y cuando ella fallece, yo se lo regalo a él. Pude haberlo vendido, pero yo sé que ella hubiera querido que se lo regalara. Terminó la carrera y no deja de llamarme cada 6 de marzo, cada Día de las Madres y es un muchacho que dice: “se nos fue, pero yo estoy aquí señora. Es algo con lo que, de alguna manera, sigo el legado de ella”, describe.

—Sobre cómo fueron los hechos, en varias versiones periodísticas se habla de que Gamaliel N. la estrujó, jaloneó y después la aventó ¿usted tuvo conocimiento de estos hechos por parte de la Procuraduría?, se le pregunta. 

—No. Casi, hasta ahora que quedó libre me empecé a enterar que, incluso, hubo vecinos que decían que escucharon como tocaba una chica a la puerta de uno y otro pidiendo ayuda, pero no quisieron abrir. Otros se asomaron y entreabrieron las puertas porque escuchaban que gritaba, que forcejeaba y que él le 

gritaba cosas.

—Ahora que el culpable está libre, ¿qué pide ante toda esta ola de omisiones, que nunca la trataron como familiar de la víctima, que le negaran todo este apoyo y que se enterara por terceros de la libertad 

de Gamaliel?

-Pido justicia. Yo sé que el saberlo preso, no me va devolver a mi hija, pero siempre creí que, si todo esto había pasado, se iba a quedar una persona detenida y no iba poder hacerles daño a otras personas.