Frente de guerra

Pedro y Ana, son dos ejemplos de miles de profesionistas de salud que a diario salen a combatir al principal enemigo de la humanidad: al COVID-19

Calzado color blanco, pulcritud en el uniforme, semblante duro porque lo amerita la contingencia y basto amor al prójimo, identifican a Pedro y Ana, profesionales de salud que diariamente forman parte del ejército que enfrenta al COVID-19 en San Luis Potosí.

Ana es enfermera en el Hospital General No. 2 del IMSS y Pedro técnico rescatista en Cruz Roja Mexicana –ambos nombres ficticios-, quienes desde el inicio de la contingencia sanitaria debieron modificar sus estilos de vida, es decir, su itinerario alimenticio, convivencia familiar y extrema aplicación de protocolos de sanidad. 

Si bien todavía no inicia en el estado y la ciudad una situación caótica y de colapso del sistema de salud, para ellos cada segundo, minuto y hora que transcurre significa un arma de doble filo, pues algunas personas que acuden a solicitar atención se muestran indiferentes a las medidas sanitarias, por lo cual, un estornudo sin cubrirse, omitir la sana distancia y suponer que el COVID-19 es un invento, es ver pasar al virus frente a sus ojos. 

AMAR EN TIEMPOS DE COVID-19

La semana pasada, Ana “celebró” su cumpleaños distanciada de sus padres y hermanos; ni siquiera un pastel, un platillo especial y mucho menos obsequios estuvieron presentes, todo, como parte de las medidas extremas para evitar el mínimo contacto con quien más ama.

Vivir en la misma casa se ha convertido en una auténtica paradoja, ya que mientras algunas familias en aislamiento se saludan, juegan y comen juntos, Ana se comunica por redes sociales y come sola en su habitación. En caso de salir a áreas comunes, es disciplinada con el lavado de manos y la limpieza de superficies.

Ya no basta con llegar a su casa, quitarse el uniforme para ponerlo en solución clorada o jabonosa para posteriormente lavarlo, cambiarse los zapatos antes de ingresar y bañarse, sino también acudir como civil al nosocomio y ahí cambiarse, esto, ante la “inteligencia superior”, “coeficiente intelectual elevado” y un “raciocinio basto” de algunas personas que han lanzado cloro, café caliente y otros líquidos al personal de enfermería que transita por la calle o se traslada en transporte público. 

“El contacto que ahorita tengo con mi familia es el mínimo, porque tengo miedo de estar contagiada y ser asintomática. A pesar de seguir viviendo en la misma casa, yo no convivo con ellos”, expresa.

En tanto eso sucede a diario en su hogar, en el hospital vive momentos de adaptación e improvisación, pues “poco a poco” los servicios se movieron a otras áreas físicas, cuya modificación “no es una ubicación segura”, pero ante las limitaciones así se labora, recalca.

Enfatiza que al inicio de la contingencia en el estado, ella y sus colegas carecían de cubrebocas, pero derivado de las manifestaciones del personal y a las donaciones externas, el contexto ha mejorado. “También el hospital comenzó a proveer equipo, pero es insuficiente”.

Aduce que quienes laboran en instituciones de salud, están conscientes de que México enfrenta “muchas dificultades”, entre ellas, la falta de recursos materiales para llevar a cabo los procedimientos necesarios, es decir, garantizar la seguridad del paciente, así como del personal.

Admite que tiene miedo, porque la actitud “poco comprometida” de un sector de la ciudadanía no ayuda, por ejemplo, cuando arriba un paciente al área de shock respiratorio, no siguen las recomendaciones, no guardan una distancia segura, no llevan a cabo la higiene de manos y siguen saliendo a las calles.

Persiste el temor fundado de sus padres ante la gravedad de la expansión de la enfermedad en San Luis Potosí, inclusive antes del recrudecimiento de la misma, le pidieron que renunciara a su empleo.

¿Por qué lo haces? ¿Por qué sigues trabajando en esta contingencia?

Cuando las cosas se ponen difíciles, pienso en ellos y sus familias. Los veo como si fuera parte de ellos, como si ese paciente fuera mi papá, mi abuela, mi hermana. Eso me motiva a hacer todo lo que esté en mis manos. Saber que pasan una situación difícil y que con el solo hecho de escucharlos o acompañarlos esto puede mejorar. 

Te hace dar el 100. No me considero heroína, porque el decirlo me quita la capacidad de ser humana como cualquiera. Experimento cansancio, frustración, tristeza, alegría y esperanza como cualquier otra persona; trato de hacer lo mejor que puedo. 

POR HUMANIDAD Y VOCACIÓN   

A kilómetros de ahí, Pedro trabaja como técnico en urgencias básico en la delegación de Cruz Roja Mexicana, quien argumenta que los paramédicos de las diferentes corporaciones trabajan de forma “no muy equilibrada”, es decir, en algunas instituciones carecen de material adecuado, incluso los propios profesionales deben costearlo para realizar el trabajo.

Dilucida que el panorama para él y sus colegas es incierto, dado que si, por ejemplo, acuden a un accidente vial y no cuestionan –si es posible- al afectado si ha presentado síntomas del coronavirus y éste resulta infectado, implicaría la probabilidad de contagiarse. 

“Cuando llegamos a los domicilios tomamos las precauciones de preguntar qué enfermedades tiene la gente que nos están reportando como enferma, y pues en el entorno personal, sí es algo muy difícil. Llegas a un lugar y te dicen que la persona tuvo contacto con una persona que viajó y tuvo síntomas, y si bien no pasó nada grave, a uno sí le queda el miedo de poder enfermarse”, relata.

Frente a ese tipo de escenarios, comenta con tristeza, que llegar a casa donde los esperan sus padres y sobrinos con deseos de saludarlo y abrazarlo, pero verse obligado a extenderles la mano y mover la cabeza para decir “¡No!”, duele en su mente y espíritu, que a diario confronta situaciones de shock.

Admite que por momentos es inevitable sentir miedo en su actividad, pero para moderar ese sentimiento se encierra en su habitación a escuchar su playlist; algunas de ellas tenían años de no reproducirlas, pero con el confinamiento ha sido posible. 

¿Por qué lo haces? ¿Por qué sigues trabajando en esta contingencia?

Sigo aquí porque uno sigue desarrollando y adquiriendo destrezas en lo profesional. El ver cómo se arma una cápsula, el saber ponerte tu equipo de protección, es una buena experiencia para contingencias a futuro, que ojalá no vuelva a suceder. No he pensado en dejar la profesión.

No me considero héroe, los héroes usan capa. Yo creo que los doctores, enfermeras y nosotros los paramédicos nuestra mejor defensa es eso: el conocimiento que ya traemos. Los héroes usan capas, nosotros usamos conocimiento.

En síntesis, Pedro y Ana son dos ejemplos de miles de profesionistas de salud dedicados desde hace varias semanas, a confrontar al enemigo principal de la humanidad: el COVID-19. Aunque salvan y sanan a miles como cualquier personaje de superhéroes de DC, Marvel u otra compañía creadora de seres fantásticos, se despojan de ese mote, porque solo son profesionistas comprometidos con el humanismo y la responsabilidad social.