En el Centro Histórico de esta capital hay calles en las que el estacionamiento está prohibido para todos los automovilistas, pero no para los vendedores de fruta que ya se acostumbraron a invadir las esquinas de cruceros importantes, dificultando el tráfico de automotores y generando cuellos de botella.
Un ejemplo de esta situación se puede ver en la esquina noreste del cruce de Álvaro Obregón y Damián Carmona, donde no solamente uno, sino dos puestos de venta de fruta invaden gran parte de la acerca y también ocupan espacio del arroyo vehicular. Estos carretones estorban por igual el tránsito de peatones y el de conductores que, viniendo sobre Álvaro Obregón, dan vuelta a la derecha, hacia Damián Carmona.
Otro caso es el de un frutero que opera justo en la esquina de Independencia y Venustiano Carranza, contra esquina del Palacio Ipiña, que también obstaculiza el flujo de peatones y la vuelta a la derecha de automovilistas que transitan sobre V. Carranza.
En ese corredor de Independencia que va de Carranza a Francisco I. Madero, se prohíbe a todo conductor estacionarse, pero el frutero sí permanece ahí todo el día.
Otros carretones de fruta que funcionan sobre plazas y jardines como el de San Francisco, no generan tanto problema de tránsito, aunque lo rústico y descuidado de sus puestos no genera la mejor imagen urbana para una zona que se considera Patrimonio Cultural de la Humanidad.