Personas usuarias de la plazoleta de Aranzazú reprobaron que haya quienes utilicen ese espacio público como “pet park” con balneario incluido para sus mascotas y pidieron mayor vigilancia para evitar la contaminación del agua de la fuente con la que juegan algunos menores hijos de las familias visitantes.
La queja vino de un padre de familia que llevaba a sus dos hijos pequeños a jugar a la plazoleta, pero que desistió de su intención al ver que una persona jugaba con su perro de gran tamaño al que, de manera reiterada, metía y sacaba de la fuente central sin pena alguna.
El animal, por supuesto, dejó parte de su pelaje flotando en el agua y el padre tuvo que evitar que sus hijos metieran las manos a la fuente, pues, en su inocencia, pueden incluso ingerir algo de ese líquido contaminado.
En el Centro Histórico no hay “pet park” como es el caso del parque Tangamanga I, pero los domingos, en la vía recreativa de la avenida Venustiano Carranza se permite el paseo de mascotas con las debidas precauciones.
Hasta el momento las autoridades, estatales y municipales, han omitido regular con claridad qué espacios están permitidos y cuáles restringidos para el esparcimiento de mascotas, tampoco hay una campaña informativa sobre cuáles son las recomendaciones que se deben seguir para el uso del espacio público por los animales de compañía.