En tiempos en que el amor se da por las redes sociales o en que un “me encanta” o un “me gusta” en Facebook es más importante que un buen trato y palabras agradables, las nuevas formas de convivencia social han visto en la infidelidad una salida para sobrellevar una relación, sí prejuiciada, pero que para algunos resulta atractiva y sin inconvenientes.
Esperanza Alonso Castañón, catedrática de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), asume que para tratar este tema es necesario visualizarlo de forma neutral, es decir, lejos de la perspectiva potosina que lo ve como algo malo y “mal visto”.
Enfatiza que no asume no sea algo negativo, pues esta práctica depende de cada relación, dado que para algunas parejas es algo implícito que se acepta, se da con “cierta habilidad” e incluso es “un respiro, extrañamente”.
Explica que con base en las terapias brindadas, muchas personas no tienen problemas y presentan tranquilidad, debido a que cada una asume el que no haya excesos y no se infrinjan ciertas reglas, lo cual deriva en una armonía. En pocas palabras, “se toma de lo que puede dar cada uno y se sienten satisfechos”, evalúa.
Advierte que el conflicto surge cuando no se sabe lo que se desea de una pareja, ya que en muchas de las ocasiones la expectativa social y la percepción de “que está mal”, es lo verdaderamente generador de malestar en las personas.
“En sí, ellos (los pacientes) te dicen en las entrevistas clínicas: “La verdad a mí no me molesta; es más, por mi está bien’ (…) No se sienten mal porque lo vivan así, sino porque para la sociedad está mal, los critican y porque les dicen cornudos”, aduce la especialista.
En contraste, la psicóloga de la UASLP refiere que hay quienes integran una relación y tienen claro la importancia de la fidelidad, inclusive establecen promesas nupciales de “estar uno con el otro”.
Recalca que durante las atenciones en clínica, se trata principalmente el enfoque de qué tanto le duele a la persona afectada la relación extramarital y qué tanto duele porque “la sociedad dice que debería de dolerme y enojarme mucho”.
Indica que en las atenciones de parejas donde hubo infidelidad, el trasfondo evidencia abandono de una de las partes y cambios mortificantes, que no saben cómo resolverlos y “lo más rápido”, es encontrar a alguien de manera momentánea.
“Yo creo que si dejamos ese lado moralista, sobre todo en estos tiempos. Insisto, no estoy diciendo que esté bien, pero para algunos funciona muy bien y no les genera problemas, inclusive se sienten tranquilos”, expone.
Aduce que las parejas se saturan en el trabajo y en ser padres de familia, dejando de lado el ámbito sentimental, lo cual socaba en demasía la relación. “Un paciente me decía: ‘Yo a la otra persona le podía decir tengo ganas de ir a un bar, ¡Pues vamos! –le respondía-. Y a mi esposa le decía, vamos a un bar y decía: ¡Ay no!’”.
La psicóloga externa que las personas llegan a arrepentirse pero no en un grado “telenovelezco”, sino por no haberle dicho a su pareja desde el principio y tratar de resolverlo entre los dos.
Sentencia que como seres humanos es necesario entender que no se es dueño de nadie, y la pareja puede llegar a ser infiel y debería considerarse “pero no para que dé una agonía”, sino para asumir que es libre.
Argumenta que desde una visión moralista se diría que él o la amante se conforma con el segundo lugar, no obstante, las personas que ejercen ese rol social lo perciben como algo cómodo, es decir, en términos fríos significa que no debe atender niños ni asumir otros compromisos.
Sin embargo, puntualiza que bajo un análisis a profundidad, quienes se asumen como él o la amante tienen dificultades en las relaciones con otras personas, precisamente porque como “algunos dicen”, tienen baja autoestima.
“Estar tan dispuesta es estar vacía, se siente tan necesitada de cariño que va a estar disponible. Eso también habla de que eso va a generar lazos con el otro y hay que tener mucho cuidado, inclusive qué tanto el otro te está buscando”, alerta.
Las redes sociales
Juzga que con las redes sociales se ha visibilizado en mayor porcentaje la infidelidad, lo cual no significa que haya más casos. Se da una pseudoinfidelidad, porque no hay contacto físico sino solo vía cibernética, acota.
A la par de lo anterior, comenta que a veces hay acercamiento emocional, por ende, es de vital importancia valorar entre los dos integrantes “¿a qué se le llama infiel?”, porque a lo mejor no fue infiel si fue por medio digital, sugiere.
“A veces la gente se trastorna con las redes sociales en cuestión de pareja, ya que se llega a pensar que si hay publicaciones en Facebook es real, y hay que tener cuidado con ese pensamiento. El me gusta, el me encanta, las caritas (o emojis), es una forma de no comprometerse a ningún tipo de relación”, analiza.
Para la especialista en atención de pareja, tanto hombres como mujeres son igual de infieles, pese a los prejuicios existentes de que los varones son quienes más engañan en una relaciona formal a su pareja.
“La única diferencia que yo he notado en consultorio. No me atrevo a decir que es estadísticamente probado, me refiero a consultorio, es que los hombres son infieles y suelen casi siempre en algún momento dejar ya su infidelidad, a veces sin querer y otras veces queriendo, pero casi son descubiertos por la mujer. Las mujeres son infieles y casi siempre logran que nunca se dé cuenta su pareja”, concluye.