Regularmente escuchamos hablar de innovación, de su importancia en el desarrollo social o en su valor como herramienta de creación de riqueza. Incluso, durante esta contingencia, ha sido un tópico ampliamente discutido, en particular relacionado con la investigación y desarrollo de la vacuna para la COVID-19.
Pero cuando queremos definirla no sabemos diferenciarla específicamente de la Investigación y desarrollo (I+D) o de cuestiones muy novedosas, normalmente relacionadas con robótica, inteligencia artificial, entre otros temas. Entonces, para poder entender el valor de la innovación y como afecta nuestra vida diaria, primero debemos estar de acuerdo en que entendemos por innovación.
Más allá de las definiciones, el uso coloquial y general de la innovación se refiere a nuevos inventos y su implementación económica. Se dice que las ideas solo pueden resultar innovaciones si gracias a ellas se implementan nuevos productos, servicios o procedimientos, que realmente encuentran una aplicación exitosa, imponiéndose en el mercado a través de la difusión. Lo que comúnmente se nos viene a la mente cuando hablamos de innovación son personajes como Steve Jobs o Elon Musk.
Si bien esta idea no es incorrecta, si es muy restringida. De esta forma, subestimamos el valor de la innovación y la diferencia que puede hacer en nuestra calidad de vida. Es decir, si la única forma de innovar es tener una idea genial y transformarla en una empresa exitosa, como Apple, estamos dejando de considerar muchas otras acciones que podemos implementar en beneficio de la sociedad.
Es más, considerando este concepto restringido de la innovación, en sentido estricto, Steve Jobs no fue un innovador. La primera computadora fue desarrollada por Olivetti (famosa por sus máquinas de escribir) entre 1962 y 1964, el mouse fue patentado en 1970 por el estadounidense descendiente de noruegos Doug Engelbart y, en 1973, Xerox diseñó la interfaz gráfica de usuario. La PC Macintosh 128K que, en 1984, revolucionó el mercado y lanzó a Apple al estrellato, se basaba en tecnología ya existente y no estaba inventando nada, más que un diseño atractivo.
La innovación es un concepto más amplio. El Manual de Oslo, referencia a nivel internacional elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), entiende por innovación la concepción e implantación de cambios significativos en el producto, el proceso, el marketing o la organización de la empresa con el propósito de mejorar los resultados. A nivel nacional, el CONACYT, ente responsable de la política pública en materia de ciencia, tecnología e innovación, define a esta última como la “introducción de un nuevo, o significativamente mejorado, producto (bien o servicio), de un proceso, de un método de comercialización o de un nuevo método organizativo, en las prácticas internas de la empresa, la organización del lugar de trabajo o las relaciones exteriores”.
Con este concepto “ampliado”, podemos ver que la gran innovación de Apple no fue inventar algo, ni siquiera unir en un solo producto las tecnologías existentes, sino la visión de poner al alcance de todo mundo una computadora, sin que requieran conocimientos avanzados de programación, que sea de muy fácil uso y, además, bonita. En todo caso, si Apple inventó algo fue la “usabilidad” (del inglés usability que implica la facilidad de uso para el usuario).
Por como impactan en nuestras vidas, obviamente las innovaciones disruptivas son las que más nos llaman la atención: la rueda, la máquina a vapor, el coche, la computadora, la nanotecnología, entre otras. Sin embargo, estos son casos aislados, las excepciones, mientras que las sociedades avanzan gracias a las pequeñas innovaciones que ocurren todos los días.
Una de las razones principales por las que el hombre innova, es para buscar soluciones a problemas existentes. Con la innovación, vienen mejoras y con mejoras podemos impulsar nuestro futuro. Todas las ideas comienzan siendo bastante pequeñas, buscando aportar algo extra a la comodidad y facilidad de hacer las cosas. Pensemos en el clip, el zipper, el tornillo o la bicicleta. Donde haya un problema o una necesidad por más pequeña que sea, hay una oportunidad para la creatividad.
IPICYT en la solución de problemas
a través de la innovación
El Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (IPICYT), como centro público de investigación, tiene como parte de su objeto transferir conocimiento y tecnología a los sectores sociales, públicos y privados, promoviendo la innovación.
Organizado en cinco divisiones (Geociencias, Matemáticas, Ciencias Ambientales, Materiales Avanzados y Biología Molecular), sus líneas de investigación pueden aplicarse a problemas nacionales, regionales, industriales o sociales que impacten en la calidad de vida de las personas o en la productividad de las empresas.
Por dar algunos ejemplos. En la División de Matemáticas Aplicadas se trabaja con sistemas dinámicos, como las líneas de producción, permitiendo incorporar cambios en procesos, mecanismos de control y automatización o prototipos que incrementen notablemente la productividad de una planta.
En la División de Biología Molecular se desarrollan vacunas orales, fertilizantes orgánicos y bioinsecticidas, entre otros, que repercuten en un mejor estado de la salud de la población. De igual forma, la División de Ciencias Ambientales ha patentado diversos compuestos y procesos para tratamiento de agua contaminada.
En Materiales Avanzados se realiza investigación de vanguardia sobre materiales magnetocalóricos como una opción para sistemas de enfriamiento, industriales o doméstico, de manera segura, silenciosa, compacta, con una mayor eficiencia y más respetuosa con el medio ambiente. Finalmente, la División de Geociencias Aplicadas, mediante técnicas analíticas, puede determinar con un grado de certeza del 100% donde se ubican las fuentes de agua subterránea, su profundidad y caudal, lo cual es de alta utilidad para el campo potosino que es zona semidesértica.
Estos ejemplos demuestran que la innovación está al alcance de cualquier persona, empresa, asociación o comunidad que desee resolver un problema o aprovechar una oportunidad, en cualquier sector productivo o región.
Muchas veces tenemos la idea que la innovación solo está permitida para las grandes empresas multinacionales o para mentes brillantes que surgen ocasionalmente. Claramente, las grandes empresas invierten millones de dólares anuales en Investigación y Desarrollo, mientras que cada tanto surgen personajes fuera de todo molde que cambian nuestra visión del mundo, sin embargo, esto es solo la punta del iceberg.
Todos los días en nuestro trabajo, en nuestras empresas, en nuestra colonia, incluso en nuestras vidas personales tenemos oportunidad de innovar para ser más productivos, para reducir gastos, para ahorrar tiempo, para simplificarnos la vida o solo por el gusto de romper la rutina.
IPICYT, como centro de investigación es un aliado ideal, ya que en este proceso de innovación, la ciencia y la tecnología son esenciales, al ahorrarnos, por un lado, años de prueba y error y por otro lado, enormes recursos financieros, materiales y humanos. La innovación puede generar grandes beneficios, pero también enormes costos si no se hace bien, por eso siempre es mejor contar con el apoyo y la experiencia de equipos expertos y multidisciplinarios para hacer realidad sus ideas o resolver sus problemas.
*El maestro Emanuel Gustavo Inserra
es Director de Vinculación del IPICYT
emanuel.inserra@ipicyt.edu.mx.
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