Heidi N., asistente de la titular de la Agenda Ambiental Universitaria, denunció haber sido despojada de 80 mil pesos por al menos un par de delincuentes que la sorprendieron y abusaron de su buena fe.
Narra que la semana pasada se encontraban en su lugar de trabajo, en la Zona Universitaria Poniente, cuando recibió la llamada de una persona que dijo ser el maestro José Luis Figueroa Meza y quien preguntó por su jefa, la titular del área.
Le dijo a Heidi que quería confirmar su asistencia a una reunión que supuestamente tenían programada para las 11:30 de la mañana. La asistente le dijo que no se encontraba la doctora, su jefa, y el supuesto maestro le dijo que ya le había contestado en su celular.
El hábil estafador fingió estar atendiendo las dos llamadas al mismo tiempo y ahí fue cuando sorprendió a su víctima. Le dijo que la doctora acababa de sufrir un accidente vial y hasta le aportó detalles.
La comentó que por intentar esquivar a un motociclista su jefa le había pegado de lado a una camioneta en la que viajaba una familia y que necesita asistencia.
Le pidió a Heidi que le hablara a su seguro para que le mandaran un ajustador. Supuestamente la doctora le mandó el teléfono de Qualitas, número en donde la atendió un supuesto empleado de nombre César Osvaldo Trujillo. Todo lo anterior sin cortar la llamada inicial.
El supuesto maestro Figueroa Meza consolaba por la línea a la “directora” y le daba instrucciones a Heidi sobre lo que tenía que hacer. Así le pasó el número de la póliza de su jefa, el cual obviamente era falso.
El supuesto empleado de la aseguradora le dijo entonces que el seguro se encontraba suspendido por falta de pago oportuno y fue entonces cuando “su jefa le solicitó ayuda”, le pidió que depositara lo que le pedían para salir del problema.
El hombre de la aseguradora le dijo que tenía que liquidar en ese momento 49 mil pesos. A Heidi se le hizo raro que “su jefa” no hiciera la transferencia desde su celular, pero ella supuestamente le comentó que no contaba con la aplicación en su aparato móvil.
La víctima de la estafa hizo una transferencia inicial de 20 mil pesos, de su propio dinero, a la supuesta cuenta de la empresa aseguradora ya que el sedicente maestro Figueroa le comentó que él también estaba ayudando a su jefa con otra cantidad.
La situación supuestamente se fue agravando porque había lesionados, en particular un niño con síndrome de Down que viajaba en la camioneta y que había resultado seriamente lastimado.
La jefa de Heidi, se le dijo entonces, sería detenida ya que su seguro no cubría asistencia legal ni respaldo para este tipo de situaciones tan graves.
De manera oportuna y siempre servicial el asegurador le comentó que para brindarle ese servicio necesitaría depositar otra suma. Su jefa le pidió que la ayudara y que más tarde le pagaría.
Heidi entonces le pidió prestado a su esposo. Le dijo para qué era el dinero, pero como se encontraba muy ocupado en su trabajo no puso mucha atención y le mandó la suma solicitada.
Su app bancaria no le permitió hacer la transferencia, pero la situación era urgente ya que su jefa estaba a punto de ser detenida y por ello Heidi corrió a la sucursal de uno de los bancos cercanos al campus universitario para hacer la operación en persona.
Al final terminó depositando 80 mil pesos, sus ahorros y los de su esposo. Su patrimonio familiar.
Pero la estafa no había terminado, ya que los hampones le exigían más dinero porque el niño accidentado se había agravado y le dijeron que hasta había fallecido. Todo esto en minutos.
Completamente en las garras de sus extorsionadores, Heidi ya no sabía qué hacer ni a quién recurrir así que fue a la Universidad y en el área de Finanzas narró la situación. La calmaron, le dijeron que sí la ayudarían, pero necesitaban hablar con su jefa, la cual no aparecía, detalle que le dio mayor credibilidad a la historia de los hampones. Finalmente la funcionaria universitaria apareció, pero sin estar enterada de nada del asunto.
No había sufrido ningún accidente ni le había solicitado ayuda a Heidi.
La víctima fue al banco para cancelar el depósito, pero era demasiado tarde ya que el dinero había sido retirado.
Señala Heidi que ella sabía de este tipo de estafas, pero no había oído hablar de una variante similar a la que le aplicaron. La persona que la contactó inicialmente tenía acento extranjero, pero eso no es raro en una institución como la Universidad.
Además la engancharon y abusaron de su buena voluntad y de su empatía. “Yo sufrí un accidente el año pasado y sí sé que las aseguradoras te desamparan cuando más las necesitas, por eso quería ayudar a mi jefa”, comenta.
Hace su denuncia, dando a conocer los supuestos nombres de las personas que se quedaron con su dinero con la única finalidad de evitar que otra persona sea su nueva víctima.
Acudió al banco para conocer la identidad del propietario de la cuenta donde depositó, pero se la negaron. Sobre la aseguradora, Heidi menciona el nombre para que también tomen medidas preventivas.
Heidi no puede dejar de sentirse vulnerable pues menciona que la información de los empleados y directivos universitarios está disponible en la web y ello les facilita sus delitos a este tipo de delincuentes. No lo duda, procederá legalmente.