Una mujer camina sin percatarse de lo que ocurre a su alrededor. La manta amarilla que lleva sobre sus hombros la destaca del fondo sombrío donde se encuentra. Su rostro no muestra emoción alguna, y aun así, nos cuenta la historia trágica de una protagonista que ya no es capaz de experimentar
ningún sentimiento.
Darío Ortiz pintó “La impasible” en 2015, y como es habitual en el arte pictórico, la obra captura un momento dentro de la acción que se plasma en el cuadro, corresponde al espectador imaginar lo que sucedió y sucederá a partir de ese instante, en este caso, la insensible joven no se encuentra estática, su postura nos indica que avanza con paso lento entre los cuerpos semidesnudos de otras cinco mujeres tiradas en el piso.
La presencia masculina en la escena, no hace más que desconcertar al que la observa. Cuatro hombres intervienen, tres de ellos se quedan atrás de aquella dama que sigue su trayecto “indiferente” ante lo acontecido. Sobresale el que lleva una sábana blanca a manera de túnica y que sostiene a otra figura masculina que yace en sus brazos con el torso desnudo. Otro personaje lamenta lo que pasó y se rehúsa a ver lo que tiene enfrente tapándose la cara con las manos. Un último individuo, se sitúa frente a la “impávida”, la mira de reojo al tiempo que toma las piernas y la mano de uno de los cuerpos femeninos intentando cargarlo. Mientras, el público se pregunta si las mujeres tendidas en el suelo se encuentran sin vida o solamente inconscientes.
El cuadro es prueba del firme compromiso que tiene el autor con la realidad. Con una trayectoria de más de 30 años, Darío Ortiz cuenta con el reconocimiento y la ovación de la crítica internacional. Sus creaciones plantean un diálogo con el pasado, pues sus composiciones reproducen escenas barrocas y renacentistas con personajes y elementos contemporáneos, de ahí la familiaridad que nos provoca al verlas. El artista colombiano ha hecho de la pintura una terapia personal y a través de la figuración pictórica desahoga en el lienzo sus obse-
siones personales.
Contrario al abstracto, el arte figurativo toma prestadas las formas y colores del mundo circundante tal cual lo percibimos, de tal manera, que reconocemos las figuras que forman la composición de la obra, lo cual no necesariamente implica la comprensión el mensaje que encierra la pieza.
“La Impasible” es un cuadro metafórico: “Lo puedo explicar 100 veces y la gente no va a ver lo que yo sentí ahí”, afirmó el maestro Ortiz en una visita guiada por la exposición colectiva denominada “Entre la resistencia y la resiliencia. Figuración colombiana”, que tiene lugar en el Centro Cultural Universitario Caja Real, donde se exhiben cuatro magnificas piezas del reconocido pintor.
Darío Ortiz narró la experiencia ocurrida en el 2011, cuando se encontraba en Estados Unidos en el aeropuerto de Miami el fatídico 11 de septiembre, día que pasó a la historia por el atentado terrorista que hundió hasta los cimientos las emblemáticas Torres Gemelas de Nueva York. Cuenta, cómo en cuestión de minutos se encontró envuelto en la histeria colectiva que pronosticaba una tercera guerra mundial. El artista presenció el impacto de la gente que pensaba había llegado el final de “la cultura del confort norteamericana”, y que anunciaba que todo iba a ser diferente a partir de ese momento.
Las imágenes de aquel día detonaron el óleo de 2.35 metros de largo por 1.75 de alto. La sociedad actual, la que no se perturba por la violencia en la que se encuentra sumida, ni se conmociona ante los cientos de muertos al día, se encuentra representada en el cuadro por aquella mujer que no se inmuta a pesar del drama por el que transita.
Una es la intencionalidad suscrita por el autor al momento de realizar la obra, pero, una vez que el cuadro se termina y se expone, el significado puede ser tan variado como heterogéneo es el público que lo observa. Es innegable como la violencia se respira en México y América Latina, abarca conflictos armados derivados de actividades relacionadas al narcotráfico hasta la violencia ejercida contra la mujer en su seno familiar.
Una interpretación más literal de lo que vemos en la pintura, es la manifiesta violencia de género, misma que en los últimos meses, en nuestro país, dejo ver el hartazgo de las mujeres que son violentadas sistemáticamente al punto de gestarse un movimiento que demanda “Ni una menos”. “La impasible” se expuso por primera vez en México hace cinco años, y en palabras del artista: “Hoy parece que tiene más validez frente a ese ¡basta ya!, que necesitamos ante la tragedia que vivimos”, que exige la causa feminista.
La violencia ha sido un tema recurrente en el arte, a través de diferentes épocas se han reproducido imágenes bélicas y las consecuencias sociales de los conflictos armados. En las últimas décadas los medios de comunicación llevan cuenta de los casos en los que, particularmente las mujeres, han sido víctimas de la violencia en sus diferentes modalidades. El trabajo de Darío se suma a exponer la vulnerabilidad de una sociedad que aun se niega a aceptar el abuso en las relaciones de poder, donde el hombre es sujeto y la mujer como un objeto se muestra inerte, imperturbable.
El arte ayuda a romper la distancia que uno se auto impone frente a estas realidades. Cuando las alarmantes cifras de problemáticas como el feminicidio ya no impactan, cuando los testimonios resultan tan impersonales porque no le suceden a alguien cercano, tal vez la pintura, especialmente la figurativa que tiene la cualidad de crear un vínculo con el espectador, invite a reflexionar a quien la contempla y vea en ella reflejada su propia figura.
“La impasible” confronta a quien se atreva a ver la estructura social violenta en la que vive en la actualidad. Visibiliza lo que injustamente se ha normalizado y abre la puerta que nos conduce a la acción. El también colombiano y destacado artista, Fernando Botero explica que las obras que dejan en manifiesto cómo se ejerce la violencia, quedan como un “testimonio sobre un momento irracional de nuestra historia”.