Participar en un encuentro nacional juvenil no es todo ni lo suficiente para cambiar las cosas, porque ahora viene la verdadera batalla en el exterior y tienen que ser buscados los grupos juveniles para que los chavos recuperen su identidad y se apoyen a ser mejores, dijo Héctor Mario Pérez Villarreal, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano y arzobispo de Tulancingo.
Mencionó el arzobispo que la renovación generacional ya está presente y viva, y es la que va a empujar lo venidero. Agregó que la juventud es un sector social llenísimo de esperanza, alegre y con inventiva, pero también con muchos retos.
Dijo estar seguro de que en el corazón de todos los jóvenes está el anhelo permanente de ser felices y la responsabilidad social es canalizarlos para que así ocurra. Explicó que el camino de felicidad no debe ser que los jóvenes se vean a sí mismos, sino que se encuentren con la satisfacción de ver a los demás.
Por lo que se refiere a las escenas que envuelven a la juventud, entre las que se encuentran los conflictos internacionales, otras situaciones con ideas que no son precisamente de paz y cuestiones que afectan a los jóvenes en su futuro o en sus posibilidades de desarrollo humano, el arzobispo de Tulancingo dijo que precisamente las reuniones de los jóvenes en comunión para crecer como personas, representan oportunidades para encontrarse a sí mismos, pero también a que caigan en la cuenta de que no están solos.
Dijo que tan solo para el caso de San Luis Potosí, en el congreso que se desarrolló la semana anterior, lo demostraron más de 6 mil 500 jóvenes. Añadió que luego de encontrarse a sí mismos y caer en la cuenta de que no están abandonados, lo que sigue es la batalla diaria para buscar grupos juveniles que vayan creciendo juntos, de manera que sigan caminando y vayan haciendo cosas cada vez mejores, propiciando las condiciones para aprovechar la renovación generacional que está viva y vibrante.