No hay que centrar el foco de la madre por la no intervención para defender a sus hijos, sino en comprender lo que pudo estar atravesando y no dejar de hacer responsable al agresor, cuyo caso da cuenta de una problemática estructural que se expresó en violencia homicida a los hijastros, valoró Urenda Queletzú Navarro Sánchez, profesora-investigadora en temas de género de la Facultad de Derecho de la UASLP.
Así analizó el doble asesinato de dos niños de 5 y 9 años en el fraccionamiento La Campiña, presuntamente cometido por el padrastro, quien los habría golpeado hasta matarlos y cuyos cadáveres los mantuvo en el propio domicilio.
“Lo que llama la atención, es justamente eso: ¿qué tanto fue el nivel de violencia al grado que la madre no tuviera la capacidad de poder reaccionar frente a esa violencia? Creo que es importante no perder de vista, sin menguar la responsabilidad que como adultos y como madre tenía ante sus hijos”, enfatizó.
La también doctorante en Ciencias Penales y Política Criminal por el Instituto Nacional de Ciencias Penales, expuso que si bien no se puede eximir la responsabilidad del cuidado de los niños, debe comprenderse lo que significa el rol social de madre, la representación quizá de estar soltera y la validación afectiva masculina,
“Y que soslaya la violencia que ejerce la pareja con tal de mantener o de cumplir con esa necesidad afectiva de tener un hombre a su lado, y eso es algo importante, de entrada, que decir, porque da cuenta de una estructura de socialización colectiva que considera que las mujeres o madres solteras, son menos mujeres y requieren del acompañamiento de un hombre, aunque éste ejerza violencia”, adujo.
En entrevista, la especialista universitaria analizó que ello deja ver que el presunto provenga de un contexto y espacios donde la violencia y la forma de socialización con los otros, sea a partir
de eso.
Citó que se han documentado casos similares, donde existe desprecio hacia los hijos de la pareja que no son del agresor por la posible competencia afectiva que pueda haber, y las mujeres no entran a la defensa de los hijos por lo que la psicología ha definido como síndrome de indefen-
sión adquirida.
Es decir, es tanta la violencia ejercida que no hay posibilidad, aunque se esté consciente de lo sucedido, no tiene la capacidad ni las herramientas para poder resistir a la violencia, agregó la catedrática.
“Además de lamentable, permite percibir o al menos tratar de analizar cuáles podrían ser los tipos de violencia que haya vivido y que generó, y no exime desde luego la responsabilidad el deber y cuidado con los niños, pero sí es importante desde una mirada y perspectiva de género, entender lo que significa el rol social de madre”, argumentó.