Llegar a la cima del mundo: el Monte Everest

José María de los Santos alcanzó la cima del Everest el 20 de mayo de 2026, después de cuatro años de preparación y de un primer intento que quedó marcado por el rescate de otro alpinista.

En la cumbre del Monte Everest prevalece el color blanco, el aire es escaso y el frío intenso. José María de los Santos describe ese momento como una experiencia difícil de explicar, donde la emoción convive con el agotamiento extremo y la sensación de estar, literalmente, en la cima del mundo.

Pero esa imagen final es solo una parte de una historia mucho más larga. Para llegar ahí, el montañista pasó por años de preparación física, entrenamiento mental y una serie de expediciones en distintos continentes, cada una con condiciones completamente distintas. La montaña, dice, nunca es la misma: cambia el país, la altura, el clima y también la forma en que pone a prueba al cuerpo y la mente. Su proyecto incluía convertirse en el mexicano más joven en conquistar las ‘Seven Summits’, un reto de alpinismo que consiste en escalar la montaña más alta de cada continente: desde África Antártida, América, Europa, Asia y Oceanía.

Su camino comenzó en el Monte Kilimanjaro, en 2023, donde logró su primera gran cima internacional. Después vino una etapa de expediciones en Sudamérica, incluida su experiencia en el Monte Chimborazo, donde no pudo llegar a la cumbre por las condiciones climáticas. Esa fue, según relata, su primera gran lección de frustración: entender que no siempre se puede y que la montaña permanece, pero la vida no.

Más adelante enfrentó el frío extremo del Monte Vinson, donde las temperaturas cercanas a los -40 grados, la falta de oscuridad y el aislamiento total pusieron a prueba su resistencia mental. También escaló el Monte Elbrus, en Rusia, consolidando un proyecto que inicialmente buscaba realizar en un año, pero que terminó extendiéndose por las circunstancias.

El Everest era el objetivo central; pasó semanas en campamentos de altura, viviendo en condiciones extremas, con sueño limitado y frío constante, pero su sueño era persistente. Sin embargo, el trayecto a la cima apenas comenzaría y con ello, circunstancias que podrían representar un riesgo a su vida. 

José María relata que estaba a aproximadamente 400 metros de la cumbre del Everest, en la llamada “zona de la muerte”, a más de 8 mil metros, cuando recibió una alerta: un alpinista estaba en estado crítico en la ruta. Ahí, surgió un dilema: seguir hacia su objetivo de encadenar dos cumbres de más de 8 mil metros en un solo intento o detenerse para ayudar “¿Lo salvamos o seguimos?” La decisión fue rescatarlo, incluso cediendo parte de su propio oxígeno de reserva. El rescate salvó una vida, pero su expedición quedó interrumpida y la montaña fue cerrada días después.

Esta experiencia dejó secuelas emocionales y un periodo de reflexión profundo. Sin embargo, con el tiempo, retomó el proyecto con otra perspectiva: más preparación, más conciencia del riesgo y una visión distinta del éxito. Paralelamente, enfrentó pérdidas personales en el entorno de montaña, incluida la muerte de su compañero y guía la montaña.

Aunque no pudo concluir el trayecto en el primer intento, José María de los Santos decidió regresar 4 años después con mayor preparación y el 20 de mayo del 2026 logró alcanzar la cima del Everest, la montaña más alta del mundo.