A pesar de la contingencia sanitaria, abundan los paseantes en el Centro Histórico, y poco a poco, sus calles se llenan de jóvenes y familias completas que se van desocupando de las actividades laborales o escolares.
Poco a poco, los negocios que permanecerán abiertos se van adaptando a la contingencia y un ejemplo de ello es la colocación de filtros al ingreso para contener probable avance de cualquier enfermedad viral.
Algunos instalaron verdaderos bidones de gel antibacterial, para dar la bienvenida a sus clientes, pero al mismo tiempo los restauranteros ven cómo poco a poco se van quedando sin gente.
Sin embargo, la proximidad entre las personas es casi natural y es posible ver parejas debidamente tomados de las manos, niños que caminan en grupos y cada vez menos personas en los autobuses turísticos de la Plaza de Armas.
En las oficinas públicas también se aprecia muy poco personal y no se ve circular a escolares por las calles. Incluso en las oficinas de trámites burocráticos se aprecian pocas personas en las filas y también en los puestos de la calle esperando un servicio de alimentos.
Las escuelas privadas permanecen semivacías y en las horas pico, el tránsito vehicular es lento pero sostenible, en comparación con los días de gran actividad escolar y de los servicios públicos y privados.