ESPECIAL | La infancia en pausa de Zahid

El menor de 13 años quedó con cuadriplejia tras el ataque en un taller de la colonia Satélite.

"Zahid no era el objetivo de nadie, no era un delincuente, no tiene relación con el crimen. Es un niño de casa, un excelente estudiante", reprocha Verónica Lemus, madre del menor  que recién cumplió 13 años que el pasado 29 de abril recibió dos disparos que lo dejaron con secuelas irreversibles y una discapacidad de por vida.

A más de cuatro meses del ataque, los hombres señalados por la familia como responsables continúan libres, mientras Zahid permanece bajo cuidados médicos y su familia enfrenta los gastos de su tratamiento.

El pasado 29 de abril, Zahid recibió dos disparos cuando se encontraba con su abuela en el taller mecánico de su abuelo, padre de Verónica, ubicado en la colonia Satélite de la capital potosina. Una de las balas atravesó la zona cervical y dañó la médula espinal, provocándole una cuadriplejia, que se refiere a la pérdida de sensibilidad del cuello hacia abajo, explicó su madre.

Durante 17 días permaneció en terapia intensiva, sobrevivió, pero su vida y la de su familia cambiaron por completo, relata Verónica.


Con dolor, recuerda que Zahid es un estudiante de primer grado de secundaria y deportista, un hijo de casa que siempre quería estar con sus papás y hermana, además de su mejor amigo, un pastor alemán, con el que salía a correr todos los días. Cuenta con un pequeño huerto, pues uno de sus sueños era ser agricultor o tener un vivero; sin embargo, ahora el pequeño depende completamente de su madre.

Con voz quebrada, refiere: "Mucha gente me dice malagradecida. Desde el día que ocurrió esto me he cansado de entregarle a mi hijo a Dios, porque está atrapado en un cuerpo que lamentablemente ni por dentro ni por fuera funciona".

La evolución médica de Zahid se mantiene reservada. De acuerdo con lo que la familia ha recibido de los médicos, requiere atención de un equipo multidisciplinario debido a las afectaciones que sufrió en distintos sistemas de su organismo.

"Su cerebro está cortado, ya no hay a dónde mandar señales. Respira a través de una traqueostomía, se alimenta a través de una gastro, de una sonda vesical, porque también dejaron de funcionar sus aparatos sexuales", explica su madre.

El menor requiere medicamentos diariamente, entre ellos analgésicos, antibióticos y tratamientos preventivos para evitar infecciones. Estas complicaciones han provocado parte de los constantes ingresos a los hospitales. 

Injusticia

Verónica señala que el alta médica no significa que Zahid se encuentre en condiciones para permanecer en casa, sino que en las clínicas tampoco existen los insumos y el equipo necesario para atender todas sus necesidades.

Su vivienda se convirtió prácticamente en un hospital. La familia tuvo que conseguir recursos para adquirir una cama especializada que permitiera evitar la aparición de lesiones en la piel del menor.

El seguro social, afirma, ha resultado insuficiente para cubrir todas las necesidades de su hijo. La familia ha tenido que pagar equipos de rehabilitación, ambulancias particulares para trasladarlo a los hospitales y consultas médicas.

Después del ataque, Zahid ingresó al ISSSTE de Carlos Díez Gutiérrez, donde durante 17 días estuvo en terapia intensiva. Posteriormente fue trasladado al IMSS de Nicolás Zapata, donde permaneció alrededor de dos meses y 10 días, aislado.

Para cubrir los gastos médicos y traslados, familiares, amigos y conocidos han organizado rifas, eventos y venta de comida. Al principio, estas actividades también sirvieron para difundir el caso y solicitar apoyo de la ciudadanía para localizar a los responsables.

Verónica señala que incluso recibió llamados de la Fiscalía General del Estado de San Luis Potosí (FGESLP) para evitar publicar detalles del ataque, bajo el argumento de que esto podría afectar las investigaciones. Cinco días después de la agresión se realizó una rodada para exigir justicia, pero al mismo tiempo poder recaudar fondos; posteriormente, asegura, su perfil en redes sociales fue eliminado. 

Los agresores, libres

La atención que ha requerido el menor también le ha impedido dar seguimiento constante a la investigación. Mientras ella permanece pendiente de la salud de su hijo, familiares cercanos han continuado difundiendo el caso y exigiendo que se esclarezcan los hechos.

Pese a las pruebas que se han presentado y a que los presuntos responsables están identificados, la Fiscalía no ha actuado conforme a lo que la familia esperaba.

De acuerdo con su versión, uno de los implicados era conocido de la familia y el ataque habría ocurrido después de una diferencia con el abuelo de Zahid, propietario del  taller mecánico donde ocurrió el ataque.

El conflicto se habría originado por la reparación de un vehículo que su padre se negó a realizar al informar que no contaba con los instrumentos necesarios para reparar un vehículo de esa compañía. Aunque en un inicio pareció que los hombres quedaron conformes.

Después, los sujetos acudieron al taller y realizaron disparos justo cuando la mamá de Verónica llegaba con su hijo. Mientras ella intentaba estacionar el vehículo, los hombres dispararon. La mujer resultó herida en una mano, mientras que Zaid recibió dos impactos que le provocaron lesiones de mayor gravedad.

A más de cuatro meses de la agresión, hace unos días la familia volvió a las calles para exigir justicia. Familiares y allegados marcharon para pedir que el caso avance.

En redes sociales también fue creada la página "Juntos por Zahid", mediante la cual solicitan apoyo económico para cubrir parte de los gastos médicos y de rehabilitación del menor.

Cuando tiene un espacio entre hospitales, medicamentos y cuidados, Verónica utiliza las redes sociales para mostrar la situación que enfrenta su hijo. Dice que su hijo sobrevivió, pero que su vida quedó pausada mientras observa cómo avanza la de otras personas, incluso la de quienes señala como sus agresores.

Según relata, uno de los implicados enfrenta el proceso en libertad y el otro permanece sin una orden de aprehensión. Recuerda que durante la primera audiencia a la que asistió uno de los señalados, el cual expuso que se entregó, no fue capturado y llegó acompañado de varios abogados, mientras que a ella, afirma, ni siquiera se le proporcionó un abogado de la comisión de víctimas que se le había asignado.


"Zahid no es una estadística", sostiene Verónica, quien considera que el caso forma parte de los expedientes que permanecen sin justicia por parte de las autoridades en la entidad.

A esta situación se suma la revictimización que, asegura, ha enfrentado desde el ataque. En las primeras publicaciones que realizó para solicitar apoyo, incluso recibió comentarios en los que algunas personas la responsabilizaban por no encontrarse con su hijo en el momento de la agresión.

Verónica explica que ese día estaba fuera de la ciudad, acompañando a su otra hija a una consulta, ya que tiene una discapacidad y de forma periódica debía dejar a su hijo al cuidado de sus padres.

Desde entonces, su vida se ha dividido entre hospitales, cuidados médicos, gastos que no puede cubrir por sí sola y la exigencia de justicia para su hijo.