Sanjuana y Ángela son dos mujeres que desde hace ocho años laboran como operadoras del transporte público, trabajan sin parar durante más de siete horas, en medio del tráfico, el calor e incluso entre insultos de automovilistas y usuarios del transporte público.
A las dos se le puede encontrar en la ruta 10 perimetral, la que, a diferencia de las otras rutas del transporte público, no cuenta con una terminal y mientras conducen tienen que comer y al mismo tiempo subir pasaje.
Además, se enfrentan al riesgo de ser víctimas de algún asalto, verse involucradas en algún accidente de tránsito, o padecer de alguna infección urinaria, por estar sentadas demasiado tiempo.
Ellas consideran que todavía hay muy poca cultura vial entre los automovilistas, que no utilizan luces direccionales, intermitentes, en tanto que los peatones se cruzan mientras el semáforo está en verde.
Ángela Beatriz Pérez Navarro platicó que su ingreso a este trabajo fue fortuito, pues prácticamente no sabía conducir, pero gracias al impulso que le dio su padre logró entrar a ese trabajo, además de que fue una forma de escapar de la Zona Industrial, donde anteriormente laboraba.
Reconoció que al inicio chocó en diferentes ocasiones, porque tenía un trauma al manejar, pero el mismo trabajo le ayudo a superar su miedo y le permitió concluir la carrera en psicología educativa.
“Actualmente tenemos más oportunidades de decidir y hacer con nuestra vida lo que antes no podían hacer las mujeres, porque es una lucha que se ha hecho y que va seguir, con mujeres incorporándose en oficios que eran considerados especialmente para varones, desde una mujer en albañilería, en un tráiler, un camión, porque lo más importante no es si eres mujer o hombre sino la habilidad y capacidad para aprender”, dijo finalmente la operadora.