No se han ido, siguen ahí, por momentos se mitifican, mutan y asesinan, son el patriarcado, el machismo y la misoginia, que hoy quedaron sometidos a las pugnas y gritos de más de 6 mil mujeres, que se unieron en una sola voz. Pedazos de ellos todavía quedan por destruir, pero el “músculo femenino” de este domingo les demostró que no habrá más silencio.
A media hora de que dieran las 14:00 horas, las calles del Centro Histórico comenzaron a resonar, oler a aerosol y teñirse la atmósfera de color verde, morado y rosa…un paso tras otro comenzó a coparse la plaza de Armas; eran bebas, niñas, adolescentes, jóvenes, adultas mayores y mujeres con discapacidad.
Una tras otra arribaron a uno de los principales distintivos de la capital potosina, algunas con semblantes serenos y pensantes, otras alegres de estar en su primera movilización y la mayoría expresando la coloquial frase “¡No mames!”, esto, ante la inmensidad de mujeres presentes que no paraban de llegar al punto de reunión.
Como si fuera el silbatazo de un encuentro deportivo, el contingente encabezado por familiares de víctimas de feminicidio y violencia de género, partió hacia la calle de Francisco I. Madero con gritos que retumbaron en el primer cuadro de la ciudad.
Al frente estaba Esperanza Lucciotto, madre de Karla Pontigo Lucciotto, joven asesinada el 28 de octubre de 2012 en el bay “Play”, cuyo delito a más de siete años de ocurrido, todavía sigue sin resolverse por parte de las autoridades de procuración de justicia.
Mientras la señora Esperanza portaba un manta, sonreía y al mismo tiempo denotaba un semblante de seriedad, volteaba al cielo y miraba a las demás manifestantes, las consignas lapidaban los muros no solo físicos, sino también mentales de hombres y potosinas que veían con asombro la movilización de una marejada de ciudadanas.
Al inicio se contabilizaban 3 mil 500 personas, según estimaciones de la Policía Municipal, cifra que durante poco más de tres horas se convirtió en más de 6 mil almas que caminaron para exigir justicia, erradicación de la violencia y un alto a la violencia contra las mujeres.
Entre gritos, lágrimas, dolor, sororidad, hermandad, solidaridad y una fractura a esos cometarios de “‘¡Así no!’”, se hicieron escuchar sendos alaridos de “¡Con todo menos con miedo!”, “¡Vivas nos queremos!”, “¡Pendejo te dije que no!”, además de otros mensajes catárticos de cada una de las mujeres.
Piñatas representativas de la UASLP, los partidos políticos, la Fiscalía General del Estado (FGE) y el Congreso del Estado fueron quemadas frente al inmueble legislativo, ese donde algunos de los 27 congresistas presumen de “sumarse” al paro nacional de este día, pero que siguen oponiéndose a despenalizar el aborto en el estado.
Pero no solo se incineró el cartón y el engrudo, sino también por un momento los lastres de la sociedad potosina, desde el machismo hasta el feminicidio, porque como ellas dijeron: el miedo cambió.
Sí hubo discrepancias entre las manifestantes, sobre todo cuando pintarrajearon, apedrearon y rompieron cristales del Edificio Central de la Universidad Autónoma de San Luis Potos (UASLP) y un poco menos en la iglesia de La Compañía.
En tanto un cúmulo de jóvenes se abalanzó contra la denominada, por algunos capitalinos, como “la máxima casa de estudios”, un porcentaje de las manifestantes gritaron “¡Fuera!”, “¡No, así no!”, “¡Con violencia no!”, sin embargo, las primeras no cedieron y terminaron por reclamar justicia por el acoso sistemático de algunos profesores en las distintas facultades.
No solo el poder institucional de la UASLP o del Congreso del Estado se vio sometido con las expresiones feministas, sino también el clero, a través de pintas en la también llamada parroquia del Sagrario Metropolitano.
Justo al momento en que la cantera se vio cubierta de pintura color morado y rosa, una mujer se opuso a la medida, pero al igual que en el Edificio Central, no fue escuchada y tuvo que conformarse con leer la leyenda: “Aquí hay pedófilos y violadores”, en referencia al todavía pendiente caso de pederastia clerical y encubrimiento obispal.
A miles de kilómetros de territorio potosino, María Ovalle Borbolla, potosina que en la actualidad estudia una licenciatura en Róterdam, Holanda, publicó en sus redes sociales un video que realizó como muestra de apoyo a las mexicanas frente a la violencia de género, recrudecida en los últimos años.
Argumenta que apoya al feminismo porque si no fuera así no tendría la oportunidad de estudiar, y si bien las protestas feministas se han llevado a límites “que en otras circunstancias no estaría yo de acuerdo”, pero dada la situación actual del país “creo que ya el fin justifica un poco los medios”.
“El tema de las mujeres, es un reto social que siempre me ha interesado mucho. Me duele mucho ver cómo está la situación ahorita en México y el video salió a partir de que, pues muchas de mis amigas están en otras partes del mundo”, relata en entrevista telefónica vía WhatsApp.
El enemigo en común, ese que ha dejado miles niños en la orfandad, de mujeres desfiguradas, corrompidas del alma y espíritu y demás atrocidades en sus cuerpos y mentes, esta vez provocó la erupción de hartazgo, uno que dejó claro que si un día hubo silencio absolutorio hoy se convirtió en un grito sonoro imparable.